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| 5/23/2020 12:19:00 AM

“No sabemos si vamos a poder levantarnos”: Teófila Betancurth

Teófila Betancurth es una lideresa comunitaria de Guapi, Cauca. Hace tres años creó el restaurante Raíces de Tierra y Mar con el que busca preservar los saberes ancestrales. Ahora que la pandemia afectó al turismo, su fuente principal de ingresos, teme perderlo.

La crisis por coronavirus afecta turismo y gastronomía ancestral en Guapi, Cauca El restaurante es un emprendimiento de Chiyangua, la fundación que Teófila creó hace 26 años con el fin de que las mujeres de su región pudieran convertirse en lideresas de la comunidad. Foto: cortesía Teófila Betancourt.

SEMANA: Su restaurante es reconocido en Guapi y sus alrededores. Muchos de sus clientes eran foráneos que viajaban para conocer lugares turísticos como la isla Gorgona ¿Cómo han sido estos últimos meses?

Teófila Betancurth: Difíciles. Hoy no sabemos si vamos a poder levantarnos. Cuando se comenzó a hablar del covid-19 sentimos pánico y terror. Decidimos cerrar. La mayoría de nuestros clientes son turistas y por eso mismo desaparecieron y, para completar, las personas están guardadas en sus casas. No estamos haciendo domicilios, no estamos haciendo nada. Entre semana le hacemos aseo general al local. 

SEMANA: ¿Desde hace cuánto decidió cerrar las puertas de su restaurante?

T.B.: Desde finales de febrero e inicios de marzo. Lo hice porque no quería poner en riesgo a las mujeres que trabajan conmigo. En este momento estamos preocupadas. Debemos tres meses de arriendo. No sabemos si cuando se reactiven todas las actividades podamos generar los recursos para pagar la deuda. En Guapi la energía es muy costosa. Pagamos unos 400.000 mil pesos al mes y eso que solo tenemos una nevera y refrigeradores. La situación también me preocupa porque en Raíces generamos trabajo a tres o cuatro mujeres que en su mayoría están en condición de desplazamiento, en el marco del conflicto. 

Desde el año 1994 Teófila ofrecía, junto a varias mujeres, servicios de alimentación por envío. Hace 3 años, luego de diferentes intentos, pudo montar la infraestructura del restaurante con el que soñaba. Foto: cortesía Teófila Betancourt. 

SEMANA: Usted creó una fundación hace 26 años con el fin de que las mujeres de su región puedan convertirse en lideresas de su comunidad. ¿Las mujeres con las que trabaja en el restaurante son parte de la fundación?

T.B.: Sí. En la Fundación Chiyangua, de la que hacen parte más de 90 mujeres, trabajamos en el empoderamiento femenino y hacemos un énfasis especial en los derechos de las mujeres. Con ellas, venimos trabajando desde hace mucho en la preservación de los saberes ancestrales, en el cultivo y comercialización de plantas aromáticas, medicinales y condimentarias. Con base en este trabajo surge el restaurante. 

SEMANA: ¿Cómo es esa historia?

T.B.: Desde el año 94 veníamos trabajando desde la fundación en la identificación de formas de recuperar la tradición. Como parte de ese proyecto, también hacíamos almuerzos con las plantas que nosotras mismas cultivamos. Sin embargo, era solo por encargo. Al no tener la infraestructura para trabajar nos salía muy costoso. Queríamos tener nuestro emprendimiento. Hace tres años por fin lo logramos, luego de varios intentos y nos lanzamos a la aventura que es este restaurante. Eso fue un 13 de la marzo, recuerdo que era día de la madre. 

SEMANA: Usted mencionó que cultivan los elementos con los que fabrican la comida. ¿Esto hace parte de la esencia del restaurante?

T.B.: Completamente, es el corazón. Nosotras cocinamos desde la cultura, desde los saberes tradicionales. Cultivamos las plantas para poder condimentar. Tenemos siete variedades. Una de ellas es la albahaca negra, como le dicen en la ciudad. Esa es muy buena para los sancochos de pescado, de pollo. Sembramos el cilantro, pero no el pequeño, sino el grande. También trabajamos con la cebolla criolla, la chiyangua y así. Las cultivamos y las vamos mezclando en la cocina de acuerdo a lo que vayamos a cocinar. Estas le dan un toque celestial. Pero no solo sembramos estas plantas, también cultivamos el plátano, por ejemplo, y recolectamos los productos de mar. A los clientes les gustaba mucho esto y por eso nos visitaban. 

Parte de la esencia del restaurante es reivindicar los derechos de las mujeres. “Siempre decimos que los derechos de la mujer son derechos humanos y que se deben cumplir y se deben tener en cuenta en toda acción que se ejecute. Nuestros servilleteros e  individuales contienen estos mensajes” Foto:cortesía Teófila Betancourt. 

SEMANA: ¿Ese era el factor que más atraía a los turistas?

T.B.: En parte. El voz a voz para nosotras fue desde los inicios una bendición. Muchos conocían del restaurante precisamente porque les comentaban que fabricamos los ingredientes. Otro de los aspectos que les llamaba la atención es que el restaurante se enmarca en una estrategia de comunicación, que es la exigibilidad del cumplimiento de los derechos de la mujer y la reivindicación de los derechos étnicos. Cuando llegaban se topaban con objetos que contienen mensajes relacionados con estas temáticas. Uno de los más importantes que se puede leer en el local es que “los derechos de las mujeres son derechos humanos”.

SEMANA: Con la pandemia, ¿la preservación de los saberes, que es el corazón del restaurante, también se afectó?

T.B.: No del todo, ya no trabajamos en el local, pero seguimos en la búsqueda de formas para recuperar las prácticas tradicionales. En este momento tenemos varios aliados como la Fundación Acua. Pero nos preocupa que desde que cerramos las puertas del restaurante ya no contamos con los recursos que nos servían para trabajar en nuestras actividades sociales y para planificar acciones de incidencia. Con estos ingresos también nos formábamos en talleres relacionados con derechos de la mujer, liderazgo, políticas públicas, administración y muchos temas en los que consideramos que debemos fortalecernos. Mi abuela decía que el que pone la plata, pone las condiciones. Conforme a lo que ella pensaba, nosotras creemos que tener nuestros propios recursos nos da autonomía y nos permite tomar decisiones claras y precisas que nos beneficien. 

SEMANA: ¿Entonces qué han pensado hacer para enfrentar la crisis?

T.B.: El futuro está ligado a que nos funcione una estrategia de comercialización que estamos diseñando. Se trata de los domicilios puerta a puerta, con una mayor variedad de platos. La idea es brindarle a las personas un boletín con la información de nuestro menú, desde las redes sociales de la fundación. También pensamos entregar esta información personalmente, recorriendo casa por casa. Queremos que sepan que pueden encargarnos la comida. Esperamos hacer esto dentro de dos semanas máximo. Una vez se normalice el servicio de viajes en avión, pensamos que podemos proyectarnos hacia afuera con recetas preelaboradas. Sin embargo, eso está ligado a la disponibilidad de los viajes y todo lo que pase con la pandemia. 

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