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| 9/21/2019 3:38:00 AM

El candidato que vive en el filo de la navaja

Leonardo Siágama tiene la mayor opción para ganar la alcaldía de Pueblo Rico, en Risaralda. Cómo hace campaña uno de los candidatos más amenazados del país.

Leonardo Siágama, candidato a la alcaldía de Pueblo Rico está amenazado y no le creen Leonardo Siágama tiene 40 años y toda su vida ha trabajado como líder de su comunidad. Foto: Archivo particular
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*El audio de este artículo está hecho con inteligencia artificial.

Leonardo Fabio Siágama Gutiérrez, un indígena embera-chamí, ha dedicado la mayor parte de sus 40 años de vida a servir a su comunidad. Primero lo hizo como líder promotor de actividades deportivas, luego fue gobernador del cabildo y consejero de la corporación ambiental de Risaralda. Posteriormente, docente de bachillerato, y ahora quiere ser alcalde de su municipio, Pueblo Rico.

Desde que comenzó oficialmente su campaña por la alcaldía, en noviembre pasado, empezaron a lloverle amenazas. Las primeras le llegaron indirectamente con mensajes de doble sentido, pero a partir de febrero las intimidaciones se volvieron más directas y subidas de tono. Paradójicamente, a pesar de que pocos candidatos han recibido más amenazas, y de que cuenta con evidencias en audio, panfletos y mensajes de texto, las autoridades aún no le creen.

De nada ha valido que Siágama acuda reiteradamente a la Unidad Nacional de Protección (UNP). El grupo de trámites de emergencia de la entidad le ha respondido: “No se encuentran hechos de amenaza que permitan vislumbrar inicialmente la existencia de un riesgo inminente”. El candidato se vio forzado a interponer una acción de tutela, basada en la preservación del derecho fundamental a la vida, para que la UNP desde el 27 de julio accediera a proporcionarle un celular y un chaleco antibalas. Luego de muchas insistencias, el lunes le asignaron un escolta, pero sin vehículo. “Eso empeoró mi situación, porque yo no tengo carro y cuando debo desplazarme me toca asumir los gastos de transporte del escolta. Me asignaron una nueva obligación”, dice.

El candidato Siágama ha descartado de plano ir a hacer campaña a ciertas veredas, porque allí corre un peligro extremo.

Para empeorar el ambiente, SEMANA quiso averiguar en Pueblo Rico por qué al candidato indígena ni siquiera le han asignado un policía que haga rondas. Y en la Alcaldía explicaron: “No hemos tomado medidas porque estamos esperando los resultados de las respectivas investigaciones de las autoridades”, dijo el mandatario local Rubén Darío Ruiz.

El candidato se vio forzado a interponer una acción de tutela para que la UNP desde el 27 de julio accediera a proporcionarle un celular y un chaleco antibalas. Luego de muchas insistencias, el lunes le asignaron un escolta, pero sin vehículo. 

En cualquier caso, resulta alarmante que las autoridades, en medio del difícil panorama de inseguridad electoral, ignoren el llamado de un candidato que además aportó pruebas. Por ejemplo, la víctima tiene el audio de la llamada a su celular que un desconocido le hizo el 26 de febrero. Allí le dicen sin rodeos: “¿Hablo con Leonardo? Vea hermano, mire lo que le vamos a decir, hermano. Es la orden, hermano: necesito que usted se me retire de ese hijueputa candidato, hermano”. Al día siguiente, el 27 de febrero, le repitieron la amenaza, pero esta vez con un mensaje vía WhatsApp. En esta ocasión le advierten que por no acatar la orden de retirarse de la campaña, harán efectiva su ejecución, y “no se van a salvar de nosotros”.

Hace apenas una semana repitieron las intimidaciones; en ese momento contra un guardia indígena que lo acompaña y le brinda protección. Al celular de él llegó un mensaje en el que le notifican que, si no se retira de escolta del candidato, lo “barrerán” a él también.

Estas son dos de las amenazas escritas que ha recibido el aspirante a alcalde de Pueblo Rico, en Risaralda. El candidato también tiene audios en los que lo intimidan para que renuncie.

Esta no es la primera vez que Leonardo Siágama, licenciado en Filosofía y profesor de bachillerato durante tres años, debe lidiar con amenazas de muerte. Ya había pasado por esa experiencia en 2009 cuando era gobernador indígena de su cabildo. En esa oportunidad, grupos armados ilegales lo declararon objetivo militar porque él como autoridad nativa permitió que la fuerza pública ingresara al territorio a realizar controles. “En ese momento me tocó salir de Pueblo Rico e instalarme en Pereira con mi familia durante tres meses”, recordó el candidato. Detalla que su esposa –una indígena chamí– y sus cuatro hijos han padecido esas amenazas y lidian con la angustia que se agudiza con las noticias de atentados y crímenes de candidatos, el pan nacional diario.

Paradójicamente, a pesar de que pocos candidatos han recibido más amenazas, y de que cuenta con evidencias en audio, panfletos y mensajes de texto, las autoridades aún no le creen.

El aspirante a alcalde cree que la situación ha cambiado y no descarta que detrás de sus amenazas haya miembros de grupos armados ilegales. Pero le apunta más a que hoy quienes lo intimidan tienen intereses electorales. No le faltan razones para pensarlo, ya que su candidatura, avalada por Mais y apoyada por otras vertientes políticas, también ha sido víctima de falsas noticias en redes sociales que buscan relacionarlo con el partido Farc. “Pretenden así generar temor entre la comunidad, dicen que si yo gano, llegará la guerrilla a Pueblo Rico”. A todo eso se suma que, en varias oportunidades, su comunidad ha reportado la presencia de hombres encapuchados en el territorio indígena.

Políticamente hablando, ese municipio ha tenido una conducta atípica en materia electoral. En la pasada contienda presidencial, Pueblo Rico fue el único municipio del Eje Cafetero (Risaralda, Quindío y Caldas) donde ganó la izquierda con el candidato Gustavo Petro. Y la fuerza indígena es tan fuerte que cuatro de las once curules al concejo le pertenecen a los nativos. También hay que tener en cuenta otro aspecto social: en este municipio viven cerca de 14.000 personas, pero hay dos resguardos indígenas que suman cerca de 5.000 habitantes y un consejo comunitario con otros 3.000 afrodescendientes. Es decir, se trata de una población étnica cohesionada que fácilmente pone alcalde. Pueblo Rico tiene un potencial electoral de casi 10.000 votantes, y el actual alcalde liberal ganó con menos de una cuarta parte.

También atentan contra la candidatura del líder indígena con fake news. Han hecho viral la idea falsa según la cual si gana llegará la guerrilla al municipio.

Por cuenta de las amenazas de muerte, Siágama ha adelantado una campaña discreta y prudente, pero no inactiva. Siempre se mueve acompañado por un grupo de personas afines a su proyecto y de total confianza. Tomó medidas propias de seguridad como no moverse en las noches por la zona rural, dormir en dos lugares distintos, reducir las reuniones políticas diarias (tres rurales, ocho urbanas) y por ahora abstenerse de hacer manifestaciones públicas en espacios abiertos.

Siágama reconoce que su campaña no ha sido vetada en ninguna de las 84 veredas, no obstante, tiene claro que por seguridad no visitará varias de ellas porque quedan muy lejos, como Alto Humacas, Bajo Embordó y Alto Guadual, entre otras. Al margen de las distancias, el candidato sabe, como cualquier habitante del municipio, que hay zonas que simplemente son un polvorín porque funcionan como corredor estratégico para los grupos armados ilegales. En especial aquellas veredas que limitan con Chocó. De hecho, versiones de inteligencia militar advierten que, en la actualidad, por la zona montañosa de Pueblo Rico se mueve un grupo numeroso de guerrilleros del ELN y disidentes de las Farc, que buscan establecer nuevas rutas y control territorial.

En medio de ese campo minado, el aspirante Leonardo Fabio Siágama hace campaña para la alcaldía de Pueblo Rico. Hasta ahora, luego de siete meses desde la primera intimidación, las autoridades parecen no considerar que su vida esté en riesgo. No le creen pese a ser el único intimidado de los cinco candidatos de ese municipio, y a que ha puesto sobre la mesa las evidencias. A todo ello se agrega un dato no menor: la gente del municipio y hasta algunos de sus contradictores políticos creen que él ganará las elecciones. Claro, si llega vivo.

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