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| 9/21/2019 3:33:00 AM

¿Triunfará el diálogo entre Colombia y Venezuela?

La relación entre los dos países se encuentra en su peor momento. Y aunque durante más de 200 años ningún conflicto ha terminado en guerra y siempre el diálogo ha imperado, algunos dicen que esta vez hay varios factores que podrían empeorar la situación.

Relaciones al rojo entre Colombia y Venezuela Las fotos de Guaidó con Los Rastrojos y las de Márquez y las disidencias en Venezuela han avivado las tensiones en los dos países.
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Lo que comenzó como una mala casualidad se ha ido convirtiendo en una creciente tormenta que ha exacerbado los odios y temores entre Colombia y Venezuela. Hace dos semanas empezaron a circular en el vecino país un par de fotos en las que aparece el presidente interino Juan Guaidó en compañía de un par de líderes de la banda Los Rastrojos.

La publicación de las fotos en los medios colombianos desató varias polémicas en el país. Pero del lado venezolano han servido de combustible para incendiar aún más las tensas relaciones. El primero que las dio a conocer fue Diosdado Cabello, la mano derecha de Nicolás Maduro, en un programa de televisión que él presenta. Diez días después, Wilfredo Cañizares, un investigador en temas de derechos humanos en Norte de Santander, las publicó en su cuenta de Twitter. Y entonces, cuando se viralizaron, comenzó la tormenta para Guaidó.

Al lado de Guaidó salen alias Menor y alias Brother. El primero habría llegado a ser el jefe máximo de Los Rastrojos, y el segundo, jefe de finanzas. A ambos los capturaron las autoridades colombianas en junio pasado. Según Cañizares, ellos y su banda ayudaron a entrar a Guaidó por una de las trochas ilegales para que asistiera al concierto Venezuela Live Aid, el 23 de febrero. Guaidó no cuestionó la autenticidad de las fotos y se limitó a decir que cuando se las tomaron no sabía quiénes eran los hombres que, como muchos otros, ese día le pidieron una fotografía.

Para el excanciller Julio Londoño Paredes la situación actual es, tal vez, la más complicada en la historia de las dos naciones.

Esta semana, Cabello mostró una nueva foto que siembra más dudas sobre la versión. En esta, Guaidó aparece montado en una camioneta conducida por un supuesto ‘rastrojo’. Sin embargo, las autoridades no han verificado la identidad del presunto delincuente. Pero el Gobierno colombiano ha sido cuestionado en este episodio, tanto por su falta de control en la frontera, como por el hecho de que soldados de la Guardia Presidencial recibieron con honores a Guaidó ese mismo día, poco después de haberse tomado las fotos con los ‘rastrojos’.  Nicolás Maduro y su círculo tomaron estas y otras acciones como una confirmación de la vieja teoría que desde Colombia se está gestando una invasión a Venezuela.

De lado y lado, voces guerreristas llaman a una confrontación. Si bien la actual crisis tiene ciertos elementos que preocupan, las relaciones entre Venezuela y Colombia nunca han estado exentas de problemas causados por la política interna de los dos, de rupturas y de llamados a la guerra.

Durante más de dos siglos de vida independiente, además de los asuntos fronterizos, la política interna de los dos países ha causado importantes conflictos. Esas desavenencias comenzaron unos años antes de que la Gran Colombia se disolviera en 1830. Durante la década de 1820, los granadinos empezaron a sentir un resentimiento contra los venezolanos debido a que 9 de las 12 intendencias (especie de gobernaciones en las que se dividió el Estado surgido de la Constitución de Cúcuta) estaban en manos de próceres del vecino país. Como explica el historiador Armando Martínez, salvo Antioquia y Santa Fe, militares de Venezuela gobernaban el antiguo territorio de la Nueva Granada. A esa molestia se sumó la enemistad entre Francisco de Paula Santander y José Antonio Páez, y entre Santander y Simón Bolívar.

Al disolverse la Gran Colombia, la confrontación entre granadinos y venezolanos aumentó debido al establecimiento de las fronteras y a la deuda externa contraída por Bolívar para financiar sus expediciones militares para independizar el resto del continente. Pero la gota que rebosó el vaso cayó con el golpe militar que el general venezolano Rafael Urdaneta, apoyado por el Batallón Callao, le dio al presidente de la Nueva Granada Joaquín Mosquera. Las tropas del occidente del país se levantaron y marcharon contra el usurpador y lo derrotaron. La paz se selló en la Convención de Juntas de Apulo en 1831, con el acuerdo de que los militares venezolanos regresaran a su país.

Durante las guerras civiles del siglo XIX, ocurridas a lado y lado de la frontera, las tensiones entre ambos países aumentaron, particularmente entre 1885 y 1903. En la confrontación de 1885, que acabó con el federalismo en Colombia, el nuevo gobierno conservador siempre se quejó del apoyo que los liberales del estado Táchira le prestaron al radicalismo liberal colombiano. Esas tensiones escalaron en 1895, cuando en la guerra civil de ese año el gobierno regenerador de Colombia acusó a los liberales de organizar el levantamiento en Venezuela y de aprovisionarse en ese territorio de armas y pertrechos.

El año de 1899 fue particularmente complejo. Cipriano Castro inició desde Cúcuta el levantamiento en Venezuela contra el gobierno de Ignacio Andrade, que se conocería como la Revolución Liberal Restauradora. Una vez en el poder, Castro apoyó secretamente al Partido Liberal colombiano durante la guerra de los Mil Días. Por su parte, el gobierno conservador colombiano le dio asilo al general Carlos Rangel Garbiras, principal opositor al dictador venezolano, y apoyó su intento de invasión que partió de Colombia en busca de derrocar a Castro. En San Cristóbal, las fuerzas del gobierno venezolano en las que participó el colombiano Rafael Uribe Uribe derrotaron a Rangel. El incidente causó la ruptura de relaciones entre las dos naciones e incluso se llegó a hablar de una guerra entre ellas.

Bolívar y Santander encarnaron las diferencias entre venezolanos y neogranadinos, cuyas tensiones pusieron fin a la Gran Colombia en 1830.

Luego de este ciclo de tensiones, las relaciones entre Colombia y Venezuela mejoraron. En el siguiente medio siglo se resolvieron la mayoría de los conflictos limítrofes y el comercio bilateral comenzó a crecer lentamente. Pero quedó pendiente la delimitación en las aguas en el golfo de Coquivacoa, que el 9 de agosto 1987 causó la crisis de la corbeta Caldas. Debido a la incursión de ese buque colombiano cargado de misiles en aguas no delimitadas, Venezuela movilizó sus fuerzas navales. Durante 10 días la tensión entre los países llegó al límite de una confrontación armada.

Este incidente tuvo algo positivo: luego de las negociaciones, la integración comercial y política aumentó como nunca antes, y las relaciones fueron bastante buenas hasta la llegada de Álvaro Uribe y de Hugo Chávez. Debido a las posiciones ideológicas antagónicas y al supuesto apoyo de Chávez o, por lo menos, su tolerancia ante la presencia de grupos guerrilleros en Venezuela, las relaciones políticas entre ambas naciones se resquebrajaron rápidamente. Hubo un corto intervalo, durante el gobierno de Santos, cuando el país vecino fue garante de los acuerdos de paz con las Farc. Pero las relaciones volvieron a desestabilizarse hasta llegar al punto en el que ahora se encuentran, cuando no hay ningún canal diplomático activo.

Para el excanciller Julio Londoño Paredes la situación actual es, tal vez, la más complicada en la historia de las dos naciones. Primero, por la inédita oleada migratoria de venezolanos a Colombia, cuya presencia y demandas sociales, económicas, de salud, educación, vivienda o trabajo se sienten ya no solo en la frontera, sino en gran parte del país.

Segundo, por la compleja situación de seguridad, ilegalidad y conflictividad social de la frontera, en especial en el Catatumbo, donde los gigantescos cultivos de coca, cuyo producto final sale por Venezuela, se han convertido en una fuente de conflicto entre grupos armados y carteles. A esto se suma el contrabando, la minería y las rentas ilegales.

Un tercer punto expone aún más a Colombia: que ahora aparezca como el gran aliado de Donald Trump contra el gobierno de Nicolás Maduro. Eso le da municiones a Maduro para denunciar “imperialismo”, lo que exacerba aún más el ambiente bélico. Una confrontación militar sería desastrosa para el país, pues pese a la crisis económica y a las dificultades de Venezuela, esta tiene un mayor poderío militar. Y nada garantiza que la actual Casa Blanca, conocida por su volubilidad, cumpla sus anuncios de defender a su aliado.

Debido a las posiciones ideológicas antagónicas y al supuesto apoyo de Chávez a grupos guerrilleros en Venezuela, las relaciones políticas entre ambas naciones se resquebrajaron rápidamente. Hubo un corto intervalo, durante el gobierno de Santos, cuando el país vecino fue garante de los acuerdos de paz con las Farc.

Y un último factor es la presencia del ELN, de las Farc y de otros grupos armados en territorio venezolano, que ha servido para aumentar el miedo y elevar los ánimos bélicos de algunos sectores en Colombia. Algunos incluso han planteado desarrollar acciones militares al otro lado de la frontera para capturar o dar de baja a Iván Márquez o a Santrich.

Varios de los expertos consultados por SEMANA consideran que quienes piensan en confrontaciones y batallas militares contra Venezuela no solo son irresponsables, sino que desconocen la historia entre las dos naciones. Así lo plantea el historiador Álvaro Tirado Mejía, quien advierte que la solución es hablar y abrir canales, diplomáticos o secretos, para negociar.

Uno de los más activos ha sido el propio Londoño, hoy decano de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. En una columna publicada en semana.com recordó el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial firmado por los dos países el 12 de diciembre de 1939, que está plenamente vigente así acumule polvo en los anaqueles de las cancillerías.

Este instrumento establece solemnemente que los dos países “se comprometen a no recurrir en ningún caso a la guerra ni a ejercer ningún acto de agresión de la una contra la otra”. Igualmente, que las controversias “de cualquier naturaleza o que por cualquier causa surjan entre ellas y que no hayan sido posible resolver amigablemente por los medios diplomáticos ordinarios” deben someterse a los procedimientos establecidos en el Tratado, que reflejaba “los últimos votos del Padre de la Patria”.

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