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| 5/2/2007 12:00:00 AM

Historia de Mileyni, una víctima silenciosa de las minas antipersona

El país celebró el Día del Niño. Entre dulces y juegos los más pequeños tuvieron un jornada para festejar. Pero la realidad demuestra que ellos son los más vulnerables ante las injusticias de la guerra. El 30 por ciento de las víctimas de las minas antipersona en Colombia son menores de edad.

Historia de Mileyni, una víctima silenciosa de las minas antipersona Mileyni perdió su pierna derecha hace dos años. Araíz del accidente tuvo que salir de La Gabarra, ahora vive en Cúcuta con su familia. FOTOS: Cortesía Documental los Huéspedes de la Guerra, Vicepresidencia de la República.
Mileyni tiene 16 años, nació y creció en La Gabarra, Norte de Santander, pero desde hace dos años vive en Cúcuta. Su vida se partió en antes y después el 9 de mayo de 2005. Aquel mediodía su nombre su sumó al de los 107 menores que fueron víctimas de las minas antipersona durante ese año. Desde 1990, 594 menores han caído en estas trampas mortales sembradas en los campos colombianos.

Su vida transcurría como la de todos en La Gabarra, vivía a 60 kilómetros del casco urbano y a pesar de estar en medio del fuego cruzado de guerrilla y Ejército que por años ha hecho de esta región del país una de las más peligrosas, iba al colegio, ayudaba a su mamá en la casa y recorría la zona con la seguridad de los locales. El día del accidente, salió de su casa al medio día rumbo al pueblo, iba a hacer una tarea de sociales y a vender unos huevos por orden de su mamá.

La labor de Mileyni era simple, tenía que responder quiénes eran el presidente y el vicepresidente de Colombia, el gobernador de Norte de Santander, el alcalde de Cúcuta y el de Tibú. Esos personajes eran tan lejanos para ella como el drama que empezó a vivir ese día por culpa de estas armas no convencionales que, a pesar de todos los esfuerzos internacionales y estatales, siguen robándose las vidas y las extremidades de soldados y civiles.

Los recuerdos de aquel día aún están frescos en su memoria. Cuenta cómo una serie de casualidades la llevaron a perder el pie derecho. En el camino hacia La Gabarra decidieron dejar los huevos para vender en la casa de una vecina, Mileyni se devolvió por ellos y cuando iba de regreso al pueblo ocurrió el accidente. “me dieron ganas de ir al baño, me metí por una trocha como dos o tres metros, había un hueco tapado con unas hojas frescas”, ella decidió alejarse del hoyo no porque pensara que eso podría ser una mina sino porque si pisaba y se caía podía romper los huevos.

Pero el destino le tenía establecido caer ese día. Cuando se estaba subiendo los pantalones, Mileyni perdió el equilibrio y apoyó el pie derecho en el hueco. “Yo me acordé de una persona que había caído en una mina hacía poquito, me miré los pies y me hacían falta los dedos del pie, me fui caminando a la carretera y me puse a rezar para que pasara alguien a ayudarme”.

La ayuda llegó y recibió las primeras atenciones en La Gabarra, allí no pudieron hacer mucho por ella, ni siquiera llevarla en ambulancia hasta Cúcuta porque ésta no tenía gasolina. Sólo hasta que un vecino puso la plata para el combustible llevaron al hospital Erasmo Meos. Su llegada a Cúcuta tuvo algunos tropiezos más pues “como no tenía papeles ni Sisbén, no me querían atender. Al final se dieron cuenta de que me había explotado una mina y me atendieron muy bien”.

Y es que como la mayoría de las víctimas suelen ser de las zonas más alejadas y pobres del país, no tienen acceso a los servicios mínimos de salud y mucho menos a la información sobre la existencia de estas bombas, que para los más pequeños pasan muchas veces por juguetes. Por eso, el estado se ha puesto al frente de la rehabilitación y tratamiento de estas personas. Prótesis, auxilios económicos y capacitaciones son algunos de los proyectos que tiene la vicepresidencia para recuperar las esperanzas de los menores afectados.

Lo que le ocurrió a Mileyni es bastante similar a la de muchos otros de los niños que han caído en los campos minados, algunos de ellos han perdido sus extremidades jugando con los artefactos, o mientras exploraban algún monte cercano a su casa. para evitar esto se han adelantado agresivas campañas, no solo para colaborar con el desminado, encontrar ayuda internacional, sino para que las personas conozcan como son las minas y se alejen de ellas.

Entre 2005 y 2006 el número de niños afectados por las minas ha disminuido notablemente. El año pasado, 67 menores fueron víctimas y en lo que va de 2007 van 15.
Luz Piedad Herrera, directora del observatorio de minas de la Vicepresidencia de la República, asegura que el problema no es sólo a corto plazo “Una mina que se siembra hoy puede durar 50 años sembrada y dentro de ese tiempo puede explotar. Una mina que se siembra hoy está comprometiendo por lo menos tres generaciones. Es decir, es un problema latente no sólo para los niños de hoy sino para los niños del futuro”.

Todo esto convierte a los pequeños en los campos colombianos en víctimas potenciales de las minas antipersona, según Herrera, “víctimas son todos los niños de los 647 municipios afectados por minas pues a estos niños les quitan, además de la seguridad y la confianza, la posibilidad de explorar. Son niños que viven con miedo”.

Ese miedo hizo que Mileyni no volviera a La Gabarra. “Yo quiero volver pero mi mamá no quiere, me dice que como allá me pasó todo eso de pronto se me vienen los malos recuerdos”. Y es que a pesar de todo ella ha recobrado su vida normal en la ciudad, está validando el bachillerato y a pesar de lo que le pasó no deja de soñar con pertenecer al Ejército.

Ella no siente miedo de caer de nuevo en algún campo, tal vez por aquel refrán que dice que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar. Lo cierto es que Mileyni se esfuerza a diario por estudiar, aprender mucho inglés y apenas acabe el colegio entrará al Ejército, lejos de algún sentimiento de venganza, sólo porque “ese es mi sueño, yo de chiquita miraba Hombres de Honor y desde entonces he querido ingresar al Ejército”. Sabe muy bien que por su accidente no podrá hacer las labores de los demás soldados, pero según le han dicho podría trabajar en otras cosas. A ella no le importa, lo único que quiere es cumplir sus sueños, los mismos que siguen teniendo los miles de niños víctimas de la guerra y la violencia en el país.

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