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Alejandra Carvajal, columnista
Alejandra Carvajal, columnista - Foto: Foto suministrada por la columnista a SEMANA

Austeridad en la era Petro: entre plumones de ganso y televisores de 87 pulgadas

La definición de la palabra austeridad pareciera tener un significado distinto para el nuevo gobierno. La palabra meritocracia también.

Por: Alejandra Carvajal

Hay mucho ruido en medio de la agenda del Gobierno “del cambio”. Los electores del presidente Petro han visto en menos de dos meses cómo se rompen una a una las promesas que les hicieron en campaña. Como bien diría Clara López Obregón en uno de los petrovideos, “uno puede decir no y luego cambiar de opinión”, o de Guanumen con su “la línea ética se va a correr un poco”.

Pues ambas cosas han ocurrido, no solo en campaña sino en el actual mandato presidencial. El despilfarro en el manejo de recursos en Presidencia de la República es nefasto, más aún teniendo en cuenta que una de las banderas del Pacto Histórico, y en general de toda la bancada que tiene como una de sus figuras más emblemáticas a Alexander López, el senador que contrata prostitutas, insulta borracho a la policía y se orina en los pantalones, era la “austeridad”.

Austeridad que no ha tenido el Gobierno hasta ahora, pues se ha caracterizado por el evidente despilfarro, más que visible en el “turismo funerario” protagonizado por la primera dama, así como en los gastos exorbitantes en el menaje de la Casa de Nariño y de la casa de la Vicepresidenta, que ascienden a 173 millones, en un país en el que 166 niños menores de cinco años se han muerto de hambre en lo corrido del año.

Los senadores Andrea Padilla e Inti Asprilla, que apoyan al actual gobierno, han sido de los primeros en realizar críticas a la exorbitante compra. La primera porque los plumones de ganso implican el maltrato y asesinato de estos bellos animales. El segundo, el senador Asprilla, ha manifestado públicamente que estos gastos son indefendibles. Otros senadores como Gustavo Bolívar han atribuido directamente la responsabilidad a “algún funcionario que se quiso lucir”. Sería sumamente extraño que siendo artículos de la casa privada del presidente, la primera dama no hubiera tenido conocimiento de esas adquisiciones, cuando en todos los casos se trata de implementos y electrodomésticos que utilizarán personalmente en su vida cotidiana.

Pareciera que esta exorbitante compra fue hecha con los mismos criterios que la contratación del bailarín y amigo personal de Verónica Alcocer, conocido como Nerú, ahora entrenador de Presidencia, cargo que fue creado para él porque antes no tenía antecedentes. Algo similar sucedería con Consuelo Baracaldo, actual directora del ICBF, cuya mayor experiencia en infancia y adolescencia es haber visto crecer a los hijos de Verónica Alcocer, pues es su vecina y amiga íntima desde hace varios años.

Eva Ferrer, mano derecha de Verónica Alcocer, a quien llevó de paseo durante su “gira funeraria” y quien se ha desempeñado como su asesora de imagen, fue nombrada como consejera presidencial de la niñez. La señora no solo no tiene ni idea del tema, pues es experta en marketing, sino que para que pudiera tomar posesión del cargo le dieron la ciudadanía “exprés”, cuando este es un trámite que para la mayoría de extranjeros puede tardar meses o años.

Para conocer un poco los criterios de selección que se han establecido en Casa de Nariño, quiero poner bajo conocimiento público un hecho bastante poco divulgado, pero no por ello menos importante.

Al iniciar su mandato, el presidente Petro anunció con bombos y platillos que todo colombiano que portara un título de doctorado podría inscribirse en una convocatoria abierta exclusivamente para doctores en la Presidencia de la República, para que personas con tan altos honores académicos formaran parte del “gobierno del cambio”.

A la convocatoria se presentaron 20,439 personas, siendo seleccionadas 1,979. Jamás se especificó cómo sería el proceso de selección, el cual -adicionalmente- se efectuó en tiempo récord.

Uno de los profesionales que se presentó fue Óscar Franco, renombrado médico colombiano, quien ha recibido entre muchos reconocimientos el ser el mejor epidemiólogo de Europa en 2020. Este galardón, otorgado por la revista Global Health and Pharma, tiene un gran valor, pues le fue concedido en un momento crucial para la humanidad, en el cual los epidemiólogos cobraban una mayor relevancia en el mundo científico: la pandemia generada por la covid-19.

Franco es actualmente profesor y director de salud pública de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos. Asimismo, es asesor científico de France 24, canal oficial del gobierno francés, y profesor adjunto en la escuela de salud pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard. También es profesor honorario de la Universidad Javeriana, su alma mater.

También se ha desempeñado como profesor de epidemiología y salud pública en el Instituto de Medicina Social y Preventiva (ISPM) de la Universidad de Berna, uno de los más reconocidos a nivel mundial. Ha trabajado como profesor en la Universidad de Cambridge y en la Erasmus MC de Rotterdam. Se ha desempeñado cómo subdirector del Instituto de Ciencias de la Salud de los Países Bajos, CEO y fundador en el Erasmus Epidemiology Resources, así como fundador y director en Nutrition & Lifestyle Epi.

Esta es solo una breve descripción de la hoja de vida del doctor Franco, pues sus aportes al mundo científico son bastante más notables, en especial por sus publicaciones en revistas indexadas.

Me he tomado la libertad de escribir con tanto detalle la hoja nivel de vida de Óscar Franco, porque a pesar de ser uno de los colombianos con doctorado más reconocidos fuera y al interior del país, no calificó para ser elegido en la convocatoria de Petro.

Franco se inscribió no porque estuviera buscando puesto, sino porque quería aportar al país y ayudar a construir una Colombia mejor, que era la premisa de la convocatoria propuesta por el presidente. Al ser un científico de tan altas calidades, claramente no estaba en la búsqueda de una opción laboral, pues de hecho es a él al que buscan desde distintos lugares del mundo.

A pesar de que aún no ha terminado la pandemia, y que tenemos nuevas epidemias, como la viruela símica o del mono, y que hasta donde entiendo el Gobierno nacional no ha podido traer las vacunas para esta nueva enfermedad, en Presidencia han decidido no escoger al doctor Franco, pues según ellos no lo necesitan.

A través de un escueto comunicado, enviado a su correo electrónico, le manifestaron que agradecían su interés por participar, pero que le informaban que no había sido seleccionado. Al igual que al doctor Franco, miles de colombianos no fueron elegidos posiblemente porque no tenían la palanca de Nerú, la señora Baracaldo, directora del ICBF o de la señora Ferrer, nueva consejera presidencial de la niñez.

Este es, sin lugar a dudas, el verdadero gobierno del cambio, con contratos estrambóticos y nombramientos en los que prima el amiguismo a la meritocracia. Es verdad que se debe gobernar con los amigos, pero que al menos estos tengan idoneidad.

Nota final: quiero encender las alarmas sobre la adjudicación para el desarrollo de las obras del corredor verde de la carrera séptima en Bogotá. El corredor tendría 21 kilómetros de vía, distribuidos en tres tramos que van desde la calle 26 hasta la 200. En materia de tráfico, la ciudad está colapsada, a pesar de que la alcaldesa siga pensando que estamos en Disney, como textualmente diría hace un par de días en Twitter. El inicio de esta obra pondría a la ciudad en una situación aún más difícil de la que ya se encuentra en materia de movilidad. ¡Auxilio!