OPINIÓN

Marco Tulio Gutiérrez Morad

El problema del TransMilenio de hoy es que no recordamos cómo era el transporte de ayer

Hoy más que nunca, es vital entender que sin un sistema de transporte sostenible, incluyente y eficiente estaremos condenando a la clase trabajadora bogotana, de ahí la importancia de mantener, ayudar y socorrer al servicio público que le cambió la cara a Bogotá para siempre.
3 de agosto de 2021 a las 11:16 a. m.

Los bogotanos debemos apelar a la sensatez y a la cordura, y debemos tener una acepción consecuente con los elementos que traducen bienestar y progreso con nuestra ciudad, en ese entender insistimos categóricamente en el reiterado llamado de proteger uno de los patrimonios más importantes en cabeza de los capitalinos y es el TransMilenio, que sí, que tiene multitud de problemas, que es incómodo, que está lleno, que los paraderos no son los más cómodos, sí de acuerdo, sin embargo, desafortunadamente es nuestro sistema masivo de transporte, gústenos o no es el que hay, no tenemos otra opción sino la de ser pragmáticos pero sobre todo ser ciudadanos en el amplio significado de la palabra, es decir, en cabeza de los habitantes de una ciudad existe la correlativa obligación para con la urbe de cuidar y mantener las cosas en su mejor estado, de ahí que la crítica no solo está en cabeza de aquellos que vandalizan y destruyen la infraestructura del servicio y que tanto daño físico le hacen al sistema, sino también en cabeza de las instancias de representación política de la ciudad como son el concejo distrital, los representantes a la Cámara por Bogotá y los senadores de origen capitalino, es momento de que TransMilenio ingrese en la agenda política de la nación no como instancia de cabildeo sino para la verdadera protección de las garantías y derechos que directa e indirectamente yacen vinculados a este sistema masivo de transporte, que como lo hemos señalado ampliamente en este espacio de opinión, son millones de ciudadanos que dependen cotidianamente de este servicio, que pese a las dificultades todos los días apuesta por ser mejor, por ser más eficiente, pero sobre todo por seguir constituyéndose como la marca distintiva de la ciudad.

Cada vez TransMilenio nos sorprende con más y mejores apuestas de movilidad para una ciudad que todos los días es más grande y avanza rápido, sin embargo, la respuesta ciudadana es la de seguir atacando y lacerando el sistema, la ridícula acción de bloquearlo ante cualquier posible descontento o desacuerdo, la realidad en el Portal Américas se hace insostenible día tras día, cada vez que hay un conato de protesta, la reacción inmediata por parte de TransMilenio a fin de salvaguardar la integridad del sistema y de los pasajeros es cerrar el portal, hecho que por sí solo pone en jaque a miles de personas que deben desplazarse por cientos de cuadras a sus lugares de trabajo o en el peor de los casos, regresar a sus hogares después de un largo día de trabajo, es fundamental que la ciudadanía entienda que el sistema es un activo de la ciudad y no un negocio de algunos pocos como equivocadamente lo han intentado señalar en las redes sociales, de donde sale una especie de orden inmediata, tendiente a convocar a la destrucción.

La inversión de la ciudad y de los operadores es inconmensurable, por ejemplo, el día de hoy se entregaron en la localidad de Suba, en el noroccidente de Bogotá 450 nuevos buses, amigables con el ambiente, de muy baja emisión, que en contraste con la otrora vetusta y tóxica flota de provisionales que llevaban años contaminando el medio ambiente, dignificarán las condiciones mínimas de transporte para los millones de usuarios que dependen del sistema de transporte público para su cotidiana movilidad, sin embargo, nadie celebra ni ve el importantísimo avance, hace unas décadas Bogotá contaba con un sistema de transporte vergonzoso, no solo por lo ineficiente desde el punto de vista financiero, sino por lo absolutamente lesivo con los derechos ciudadanos y colectivos, unas flotas que nadaban en gases contaminantes, vehículos Chevrolet de principios de la década de los setenta modificados artesanalmente, con huecos en los pisos, sin ventanas, con techos llenos de goteras, pero además todos de diferentes colores, como si estuviéramos en un pintoresco retrato macondiano, hoy en día tenemos una flota de 2.200 vehículos de nueva generación y se aspira a reponer por esta administración 3.000 vehículos más, cifra muy difícil de superar en cualquier lugar del mundo. Situación que diáfanamente le permiten al ciudadano acceder a un sistema moderno, decente y sobre todo incluyente, en el pasado quedó el manejo de efectivo para el pago del pasaje, situación que llevaba a que el conductor, quien para aquel entonces carecía de sueldo, se ganara la vida con lo que podía obtener después de cubrir con el monto del producido que debía entregarle al dueño del bus, una carrera siniestra en búsqueda de la manutención diaria, sin seguridad social, sin pensión, sin riesgos profesionales, en fin un sistema que parecía propio de un Estado fallido, eso sin mencionar los vejámenes que tenía que padecer el usuario, cuando por ejemplo, el pasajero activaba el timbre para descender del vehículo, pero como el conductor estaba en una carrera mortal por recoger más pasajeros, este tenía que esperar por cuadras hasta cuando el improvisado circuito de velocidad se terminara, conductores que manejaban en estado de embriaguez, pues sobre ellos no existía ningún tipo de control, pero sobre todo, ningún tipo de vinculo jurídico para exigir una verdadera subordinación de carácter laboral, buses absolutamente sucios sin aseo, donde la gente sin contemplación y pese a las lógicas prohibiciones fumaba, es más los conductores también lo hacían muchas veces en contra de los infructuosos reclamos de los pasajeros, quienes además debían convivir bajo la estridente música que el conductor sintonizaba.

En Bogotá se requiere construir sobre la base de la proposición y el consenso, nuestra ciudad no admite más retrocesos y destrucción, ya suficiente hemos sufrido con una perenne idea cuasi platónica de metro que desde los años 40 del siglo veinte no ha podido materializarse, y hasta cuando eso no ocurra la única aproximación a un sistema equiparable a uno masivo de la trascendencia y calado de un metro es el de TransMilenio, que guardada infinita proporción es lo único que está en nuestra manos para lograr movilizar millones de ciudadanos de un extremo de la ciudad al otro, así pues, el llamado es para que aprendamos a querer lo nuestro, aprendamos a defenderlo, apreciemos que este titánico esfuerzo en cabeza de los operadores y administración distrital va encaminado a lograr materializar una ciudad menos contaminada, con vehículos más silenciosos y menos contaminantes, es fundamental que la ciudadanía entienda que la sostenibilidad ambiental va de la mano de la sostenibilidad económica del sistema, de ahí que resulte imperativo reconocer y resaltar la vital gestión de los concejales de Bogotá comprometidos con el sistema, así como a la gerencia de TransMilenio, que lograron garantizar los recursos para la sostenibilidad sistema de transporte, sin demagogia, ni con discursos falaces sino luciendo el uniforme de los ciudadanos de la urbe, ¡bien jugado!