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Opinión

  • | 2018/12/07 21:35

    Ocho millones menos uno

    No le creo a Petro sus verbosos y contradictorios y confusos alegatos. Pero ¿Quién le dio el video a la senadora Paloma Valencia? ¿Y quién va a investigar todo eso?

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El video de Gustavo Petro que sacó intempestivamente Paloma Valencia en el debate contra el fiscal Néstor Humberto Martínez no venía a cuento. Le sirvió al uribismo para distraer momentáneamente la atención, pero habrá que volver sobre las turbias trapisondas del fiscal más adelante. Cuando Petro se explique bien, si puede hacerlo. Pues hasta ahora –escribo el jueves por la mañana– lo ha hecho mal.

Porque es un video muy feo. Muy oscuro, muy de película de gánsteres en blanco y negro. Huele muy mal. Petro, el candidato presidencial de la anticorrupción (bueno: todos reclaman ese título), el candidato presidencial de la izquierda más o menos unida, aparece acariciando entre risas los fajos de billetes que le pasa en las sombras un compinche de parte de un tercero. ¿De parte del célebre arquitecto Simón Vélez? Vélez dice que no. Y lo que he visto de su breve declaración ante la Fiscalía (la Fiscalía de Martínez: un nudo de serpientes que se muerden la cola) me parece más veraz que las largas explicaciones dadas por Petro en su nuevo video casero y en su entrevista con Vicky Dávila en La W. Petro se enreda, se contradice, narra su vida, sus noviazgos, sus travesías electorales en automóvil, sus compraventas de apartamentos, asegura que nunca se ha ido del país, saltándose el episodio de Bruselas del que habla en otra parte para contar que sus niños aprendieron francés. Pide disculpas por su “papayazo” a los ocho millones de electores que votaron por él en las presidenciales. Yo fui uno de ellos, como lo expliqué entonces en esta columna. No lo hubiera hecho si hubiera conocido entonces la existencia de este video, que tiene, nos dicen, catorce años. No le creo a Petro. De los ocho millones, ya le queda uno menos.

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Le creo más, repito, al arquitecto Vélez, aunque no me parece que sea un modelo de ética. Le creo cuando dice, citado por El Tiempo, que Juan Carlos Montes, el amigo común que grabó el video y a quien Petro echó de su puesto en la alcaldía alegando corrupción, “se le parqueó en el despacho por varios días, con su señora y las hijas, hasta que Petro lo recibió. Y le mostró el video mientras le preguntaba: ‘¿corrupto yo o corrupto usted?’”. Y en cambio no le creo a Petro sus verbosos y contradictorios y confusos alegatos: a él, que tanto en sus diatribas como en sus propuestas suele ser tan elocuente, tan claro y tan persuasivo. En este caso, no. Mientras más habla, menos le creo a Petro.

No le creo a Petro sus verbosos y contradictorios y confusos alegatos. Pero ¿Quién le dio el video a la senadora Paloma Valencia? ¿Y quién va a investigar todo eso?

Y en el tenebroso asunto quedan otros puntos todavía más oscuros. ¿Quién le dio el video a la senadora Paloma Valencia, que se limita a decir que este “llegó a sus manos”, como traído por las hadas? Petro afirmó por un lado que fue un resentido que quiso chantajearlo; y por otro lado que no, que alguien se lo hackeó a Montes de su computador sin su consentimiento; y por otro lado más que de todos modos era un video que desde hacía varios días estaba en manos de los periodistas y de todos los miembros de la bancada del Centro Democrático. ¿Y quién amenaza, y por qué, a la hija de Montes, que explica que por temor tuvo que salir del país? ¿Y por qué le hacen entrevistas a la hija de Montes, y no a su padre, que hasta cuando esto escribo no ha dicho una palabra pese a que es el más directamente implicado en el asunto? ¿Y qué hay de cierto o de calumnioso o de simplemente distractor en la acusación del abogado “del Diablo”, como lo llama Petro, el locuaz Abelardo de la Espriella, según la cual la plata en danza era del narcotraficante extraditado llamado el Loco Barrera, y no del arquitecto Vélez? Con perdón: ¿veinte milloncitos de pesos de parte de uno de los más poderosos narcotraficantes del posescobarismo para comprar al más promisorio candidato de la izquierda colombiana? ¿Y quién va a investigar todo eso? ¿La Fiscalía del fiscal Néstor Humberto Martínez?

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Porque dentro de todos los filamentos de esta nueva madeja, adobados además con la farsa del fiscal ad hoc que contribuye a espesar la maraña, no se nos puede olvidar el problema de las incompatibilidades del fiscal Martínez, por donde todo esto empezó. El fiscal que en la tribuna de invitados del Senado se defendió de las acusaciones de los senadores Jorge Robledo y –sí– Gustavo Petro para “reivindicar su honor” lanzando veneno a la redonda, desde lejos, como una culebra cuatronarices; y a gritos rufianescos, como el matón de esquina Pedro Navajas de Rubén Blades, con las dos manos (lo vieron ustedes) metidas ambas en los bolsillos de su gabán:

“Pa que no sepan/ en cuál de ellas / lleva el puñal…”.

Concluye la canción:

“¡La vida te da sorpresas, ay Dios! / ¡Sorpresas te da la vida…!”.

I like to live in Colombia, oh yeah! 

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