Un hallazgo acústico rescatado del pasado podría transformar la comprensión científica sobre la vida marina. Investigadores han identificado una grabación de canto de ballena realizada hace más de 70 años, considerada ahora la más antigua de su tipo, y que ofrece pistas sobre cómo sonaba el océano en una época mucho más silenciosa.
Un registro olvidado que reaparece con valor científico
La grabación corresponde a una ballena jorobada y fue captada en marzo de 1949 en las Bermudas por científicos de la Institución Oceanográfica Woods Hole, con sede en Falmouth, Massachusetts. Este tipo de cetáceo es ampliamente reconocido por su comportamiento dócil y sus impresionantes saltos fuera del agua, además de sus complejas vocalizaciones.
Aunque en su momento los investigadores no lograron identificar el origen del sonido, decidieron conservar el registro. Según explicó Ashley Jester, directora de datos de investigación y servicios de biblioteca en Woods Hole, la curiosidad científica fue clave para preservar este material.

“Y tenían curiosidad. Así que mantuvieron la grabadora encendida, e incluso se tomaron el tiempo de hacer grabaciones en las que no hacían ningún ruido con sus barcos a propósito, solo para escuchar todo lo que pudieran”, dijo Jester. “Y guardaron esas grabaciones”.
Un océano más silencioso que el actual
Más allá del canto en sí, los científicos destacan el valor del entorno acústico que acompaña la grabación. Peter Tyack, bioacústico marino e investigador emérito de Woods Hole, subrayó que el océano de finales de la década de 1940 era considerablemente más silencioso que el actual.
Las grabaciones recuperadas “no solo nos permiten seguir los sonidos de las ballenas, sino que también nos dicen cómo era el paisaje sonoro del océano a finales de la década de 1940”, dijo Tyack. “Eso es muy difícil de reconstruir de otra manera”.
Este contexto resulta clave para analizar cómo ha cambiado el ambiente marino con el paso del tiempo, especialmente por el incremento del ruido generado por actividades humanas.

Claves para entender el impacto del ruido humano
El hallazgo también abre nuevas posibilidades para estudiar cómo las ballenas han adaptado su comunicación frente a la creciente contaminación acústica. De acuerdo con investigaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), estos animales pueden modificar su comportamiento vocal dependiendo del nivel de ruido en su entorno.
En ese sentido, contar con una referencia sonora de mediados del siglo XX permite establecer comparaciones más precisas sobre la evolución de estos patrones de comunicación.

Un descubrimiento anterior a los estudios modernos
La relevancia del registro también radica en su antigüedad. La grabación es anterior en casi dos décadas a los estudios del científico Roger Payne, quien popularizó el conocimiento sobre el canto de las ballenas.
El audio fue captado mientras investigadores de Woods Hole realizaban pruebas de sonar en colaboración con la Oficina de Investigación Naval de Estados Unidos. El sonido quedó almacenado en un disco elaborado con un Gray Audograph, un dispositivo de dictado utilizado en esa época.
Décadas después, el material fue redescubierto durante un proceso de digitalización de archivos históricos. Su buen estado de conservación resulta especialmente significativo, ya que muchas grabaciones de ese periodo se hicieron en cintas que se han deteriorado con el tiempo.
La importancia del sonido en la vida de las ballenas
Los cantos y sonidos de las ballenas cumplen funciones esenciales para su supervivencia. Según expertos de la NOAA, estas vocalizaciones —que incluyen chasquidos, silbidos y llamadas— les permiten orientarse, encontrar alimento, comunicarse y ubicarse entre sí en la inmensidad del océano.
En particular, las ballenas jorobadas destacan por sus complejas “canciones”, que pueden sonar etéreas o incluso melancólicas y que forman parte de su comportamiento social.
Para Hansen Johnson, científico del Centro Anderson Cabot para la Vida Oceánica en el Acuario de Nueva Inglaterra, este tipo de hallazgos no solo aporta información científica, sino que también despierta el interés público por la conservación marina.
“Y, la verdad, es precioso escucharlo y ha inspirado a mucha gente a sentir curiosidad por el océano y a preocuparse por la vida marina en general”, dijo Johnson, que no participó en la investigación. “Es algo muy especial”.
*Con información de AP.
