El universo está lleno de misterios. Gracias a los avances científicos, algunos han logrado resolverse, mientras que muchos otros siguen generando interrogantes. En los últimos años, el desarrollo tecnológico ha permitido ampliar el conocimiento sobre el espacio y ha hecho posibles descubrimientos que hoy captan la atención de la comunidad científica y del público en general.
Uno de los enigmas más recientes gira en torno a un evento excepcional: un estallido de rayos gamma que se prolongó durante siete horas y fue catalogado como GRB 250702B. La comunidad científica buscaba comprender los procesos físicos capaces de explicar un fenómeno de tal magnitud y duración.
Para profundizar en lo ocurrido y entender qué lo hace diferente, la revista Sky at Night Magazine entrevistó a Eliza Neights, investigadora del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA y especialista en estallidos de rayos gamma y en fenómenos extremos.

¿Qué son los rayos gamma?
De acuerdo con la Clínica Universidad de Navarra, los rayos gamma son una forma de radiación electromagnética de muy alta frecuencia y energía, ubicada en el extremo del espectro, más allá de los rayos X. Tienen longitudes de onda extremadamente cortas (menores a 0,01 nanómetros), lo que les permite atravesar casi cualquier material, incluidos los tejidos humanos.

No poseen masa ni carga eléctrica y se originan en reacciones nucleares, procesos de desintegración radiactiva y fenómenos astronómicos. Fueron detectados por primera vez en la década de 1960 por satélites militares estadounidenses que buscaban explosiones nucleares y, de manera inesperada, registraron intensas ráfagas provenientes del espacio.
Un estallido sin precedentes
El reciente GRB 250702B llamó la atención de los astrónomos porque inicialmente se manifestó como tres pulsos procedentes de la misma región del cielo. En un principio parecían eventos independientes, pero un análisis posterior confirmó que se trataba de un único estallido extraordinariamente prolongado.
Con una duración aproximada de siete horas (unos 25.000 segundos), este fenómeno se convirtió en el estallido de rayos gamma más largo jamás registrado, superando ampliamente el récord anterior. Su duración extrema desafía los modelos tradicionales que explican estos eventos y ha obligado a los científicos a plantear nuevas hipótesis sobre su origen.
Todo apunta a un proceso poco común conocido como “fusión de helio”. En este escenario, un agujero negro orbita una estrella de helio —es decir, una estrella que ha perdido sus capas externas y conserva un núcleo muy denso—. Cuando la estrella se expande, el agujero negro puede quedar atrapado en su interior y comenzar a consumirla.
Durante ese proceso, se libera una enorme cantidad de energía y momento angular, lo que permitiría sostener un chorro energético durante mucho más tiempo de lo habitual. De esta manera se originaría un estallido de rayos gamma de duración extrema como el observado.

Hasta el momento, los casos documentados de estallidos de rayos gamma de duración extrema son contados. Una de las razones es que estos fenómenos liberan su energía de manera más sostenida y menos intensa, lo que reduce su alcance y hace que solo puedan detectarse cuando ocurren relativamente cerca.
Además, los sistemas de observación actuales suelen estar calibrados para identificar explosiones breves y muy brillantes. Por ello, cuando se presentan eventos más prolongados y de menor intensidad, pueden no ser reconocidos con facilidad. Esta combinación de baja frecuencia y dificultades técnicas explica por qué siguen siendo tan poco registrados, a pesar de los avances en la investigación.
