En Colombia, el fraude digital se ha convertido en una preocupación tanto para ciudadanos como para empresas y autoridades, debido a que esto abre la apertura a ataques fraudulentos de cuentas y también el robo de líneas móviles.
La décima edición del Global Online Safety Survey de Microsoft señaló que el 71 % de los colombianos reportó haber sufrido algún ataque en internet durante el último año, una cifra superior al promedio mundial; asimismo, entre 2024 y 2025, el 17 % de los usuarios manifestó haber sido víctima de robo de identidad digital.
Deepfakes y voces sintéticas: para del nuevo desafío
Actualmente, existen herramientas con IA con la capacidad de crear deepfakes o identidades mediante la reproducción de voz, imagen y video, lo que facilita la creación de perfiles falsos con un alto grado de realismo.
Con esto, los delincuentes pueden imitar rasgos faciales, replicar voces o simular comportamientos humanos utilizando programas cada vez más accesibles.

“La consolidación de un marco legal para la exigencia de mecanismos fuertes de validación de identidad en Colombia no es opcional, es una necesidad técnica. Actualmente, los modelos de IA permiten replicar identidades, automatizar suplantaciones y escalar ataques en segundos. Si el país no establece reglas claras que protejan a los ciudadanos frente a estas situaciones, el costo lo asumirán ciudadanos y empresas”, afirmó Simbad Ceballos, CEO de OlimpIA.

Regulación e innovación, claves para la seguridad digital
Entre las herramientas que han mostrado mayor eficacia para reducir los riesgos de suplantación se encuentran los sistemas biométricos, como:
- Verificación facial
- Verificación dactilar acompañada de pruebas de vida
Estas permiten confirmar que la persona es real y no una reproducción digital; asimismo, estas tecnologías suelen contrastarse con bases de datos oficiales para aumentar la confiabilidad de los procesos.

Sin embargo, su efectividad depende en gran medida de que existan reglas claras sobre su uso. La definición de estándares mínimos de seguridad y lineamientos regulatorios podría impulsar su adopción en sectores donde el fraude tiene mayor impacto, como la banca, el comercio electrónico, la salud o los trámites digitales del Estado.
En ese contexto, OlimpIA, compañía enfocada en identidad digital y confianza electrónica, sostiene que la regulación debería centrarse en tres elementos clave: transparencia en el funcionamiento de los modelos automatizados, trazabilidad en el manejo de datos personales y mecanismos de control sobre decisiones algorítmicas que puedan afectar derechos fundamentales.
