Gracias a la paleogenómica, que emplea ADN antiguo para reconstruir información del pasado, el estudio de especies extintas ha avanzado de forma notable. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones a la hora de explicar el funcionamiento de los tejidos y la actividad celular de los organismos desaparecidos.
En este marco, una investigación realizada en Suecia ha supuesto un avance decisivo al lograr, por primera vez, analizar material genético vinculado a procesos celulares de un animal extinto, lo que permite comprender su biología desde una perspectiva funcional y no solo genética.

El estudio, publicado en la revista Genome Research y dirigido por Marc R. Friedländer de la Universidad de Estocolmo con la colaboración de otros centros científicos del país, analizó al tigre de Tasmania, un marsupial depredador extinguido en el siglo XX tras la caza intensiva y la pérdida de su hábitat.
El último ejemplar registrado murió en 1936 y parte de sus restos se conserva en el Museo Sueco de Historia Natural, en condiciones secas y a temperatura ambiente.
A diferencia del ADN, que revela la existencia de los genes, los investigadores se centraron en el ARN, una molécula más inestable que permite identificar qué genes estaban activos en los tejidos. Este enfoque resulta fundamental para comprender el funcionamiento celular de especies desaparecidas.
Aunque se creía que el ARN no podía perdurar fuera de un organismo vivo durante tanto tiempo, los resultados indican que la conservación en seco puede ralentizar su degradación química.
El análisis se realizó sobre muestras de músculo y piel. En el tejido muscular se identificaron principalmente genes vinculados a la contracción y al metabolismo energético, especialmente aquellos asociados a fibras musculares lentas. Este patrón coincide con la zona anatómica de donde procedía la muestra, cercana a la escápula, y ofrece información directa sobre la función biológica del animal cuando estaba vivo.
En la piel, el ARN recuperado mostró una fuerte presencia de genes relacionados con la queratina, proteína clave para la protección externa, junto con rastros de ARN de hemoglobina que apuntan a la presencia de sangre durante la preparación del ejemplar. Aunque este tejido es más vulnerable a la contaminación, predominaban las secuencias propias del animal.

Al comparar los resultados con especies actuales, los perfiles coincidieron con los de tejidos equivalentes, lo que confirma el valor del ARN antiguo para reconstruir con mayor precisión la biología de especies extintas.
