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La actividad física para conservar la vitalidad en la edad adulta.
La actividad física es fundamente para regular los niveles de glucosa en la sangre. - Foto: Getty Images

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Actividad física y estilo de vida: así afectan el nivel de azúcar en la sangre

Los niveles altos de azúcar en la sangre pueden desencadenar problemas de salud.

De acuerdo con información de la enciclopedia médica MedlinePlus, el azúcar en la sangre -también llamado glucosa- proviene de los alimentos que la persona consume durante el día. Así mismo, se configura como la principal fuente de energía para ser usada por el cuerpo.

Sin embargo, los elevados niveles de azúcar en la sangre pueden conllevar a problemas de salud como, por ejemplo, la diabetes. En tal virtud, resulta fundamental tener cuidado con la alimentación y adoptar hábitos de vida saludable, con el fin de prevenir este tipo de enfermedades.

El portal especializado en salud, Mayo Clinic, reseña que la alimentación saludable es “la piedra angular” de una vida sana. Sin importar si la persona padece o no de diabetes, es recomendable que lleve una dieta balanceada y tenga hábitos como la actividad física regular.

Dentro de sus pautas generales para una alimentación saludable, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales tales como el maíz, el mijo, la avena, el trigo y el arroz moreno no procesados. Además, sugiere limitar la ingesta de grasas saturadas, grasas trans y sodio (sal).

Con respecto al azúcar en la alimentación, la OMS señala que su consumo en exceso aumenta el riesgo -entre otras cosas- de caries dental, sobrepeso y obesidad. A su vez, indica que “pruebas científicas recientes revelan que los azúcares libres influyen en la tensión arterial y los lípidos séricos, y sugieren que una disminución de su ingesta reduce los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares“.

Alimentación y glucosa en la sangre

Mantener una dieta balanceada no significa dejar de comer. Por el contrario, hace referencia a incluir otro tipo de alimentos dentro del plan de nutrición, evitando comidas procesadas, altas en azúcar y con elevado contenido de grasas saturadas, mientras que se priorizan otras fuentes de alimento como los vegetales, las frutas y comida con menor aporte calórico.

Según describe Mayo Clinic, uno de los recursos más comunes en los planes de control de la diabetes es contar carbohidratos, ya que son los que más influyen en los niveles de glucosa en la sangre. “En la medida de lo posible, planifica que cada comida incluya una buena mezcla de almidones, frutas y verduras, proteínas y grasas. Presta atención a los tipos de carbohidratos que eliges”, sugiere el citado portal.

De manera general, la recomendación básica de la OMS apunta a limitar el consumo de alimentos con alto nivel de azúcar, como gaseosas, golosinas, refrescos, zumos, concentrados líquidos y en polvo, agua aromatizada, bebidas energéticas, entre otras.

Actividad física para gastar la energía

La glucosa en la sangre es energía. Si no se utiliza, se va acumular y derivará en potenciales problemas para la salud. Por esta razón, es conveniente realizar ejercicio frecuente para que el cuerpo use la insulina de manera eficiente.

Es clave que las personas eviten caer en una vida sedentaria para prevenir riesgos de salud. Mayo Clinic menciona que cualquier trabajo físico, por más pequeño que sea, puede ayudar a reducir el nivel de glucosa en la sangre.

Por su parte, la OMS manifiesta que los adultos deberían realizar actividades físicas aeróbicas moderadas durante al menos 150 a 300 minutos a la semana. En caso de que sean ejercicios más intensos, el tiempo puede variar a 75 y 150 minutos semanales.

Lo ideal para optimizar el gasto energético es mantener un equilibrio entre alimentación saludable y actividad física regular, incluyendo ejercicio de fuerza y resistencia para mayor beneficio.

En caso de presentar antecedentes de diabetos o síntomas relacionados con un desequilibrio de glucosa en la sangre, es recomendable acudir a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico preciso y definir el tratamiento adecuado.