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Pensamientos negativos
Existen cuatro pensamientos negativos comunes que pueden incrementar la negatividad en una persona. - Foto: Getty Images/iStockphoto

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¿Cuáles son los pensamientos negativos más comunes en el ser humano?

El pensamiento dicotómico, la anticipación al fracaso o el pensamiento catastrófico son algunos de los sesgos que frecuentemente agobian a las personas.

Los pensamientos negativos son inherentes al ser humano. Dichos sesgos no son algo patológico y es equivocado pensar que quienes los sufren a lo largo del día son personas pesimistas por naturaleza. Simplemente hacen parte de la mente humana.

Así las cosas, existen formas de controlar estos pensamientos que de alguna manera perturban las emociones y que, según el doctor estadounidense Aaron Temkin Beck, son una fuente directa de malestar.

Beck determinó que los pensamientos negativos automáticos perjudican lo mejor del hombre y, de no contenerse, tienden a generar alta inseguridad, ansiedad e ira.

De hecho, los pensamientos negativos pueden transformarse en lo que se conoce como la ‘profecía autocumplida’, un sesgo en la percepción por medio del cual se anticipa a los hechos y sus consecuencias antes de que ocurran, es decir, una interpretación previa a la realidad, que por el mismo sesgo de pensamiento, se termina cumpliendo.

En este sentido, existen cuatro pensamientos negativos comunes que pueden incrementar la negatividad en una persona.

Pensamiento dicotómico

Este pensamiento sin matices es totalizante y maniqueísta. El pensamiento dicotómico, también conocido como pensamiento polarizado, es una forma de pensar en la que solo se contemplan dos alternativas que son opuestas y excluyentes entre sí. Todo o nada, blanco o negro. Suele estar relacionado con frases como: “ahora o nunca”, “estás conmigo o en mi contra”, “lo hago bien o no lo hago”.

Anticipación al fracaso

Este pensamiento tiene por característica principal que todo lo que se hace está destinado a salir mal. Y, si se cumple un objetivo, hay algún “pero” o fracaso en la meta alcanzada. Algunos ejemplos son: “no tiene sentido intentarlo si el resultado será malo” o “lo logré, pero en realidad no era tan difícil”.

No tengo tiempo

En esta dinámica de hiperproductividad (síndrome de la vida ocupada), en la que se mide el éxito de un individuo por la cantidad de tiempo que trabaja o lo ocupado que está, el pensamiento negativo de “no tengo tiempo” suele ser una carga difícil de evitar. “Se autoimpone la idea de que el tiempo solo tiene que dedicarse al deber, pero no al querer. Y no se hacen esfuerzos por conciliar lo uno con lo otro”, detalló el sitio web especializado Mejor con salud.

Pensamiento catastrófico

Dicho pensamiento tiende a exagerar los peligros y a minimizar los recursos propios para enfrentarlos. Este sesgo suele ubicar a alguien frente a los peores escenarios. Sin embargo, en algunos casos este pensamiento puede estar asociado a trastornos de ansiedad o depresión.

Cabe destacar que los pensamientos negativos no se traducen en hechos puntuales y, por lo tanto, su interpretación no tiene por qué ser la real. Por lo tanto, para desactivarlos de la mente se recomienda detectarlos oportunamente y disparar el sentido crítico.