El Papa Francisco celebra una misa durante las primeras Vísperas y Te Deum en la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 31 de diciembre de 2021. (Foto de Alberto PIZZOLI / AFP)
Desde este 2 de marzo y hasta el próximo 10 de abril los feligreses estarán en un periodo de Cuaresma, que según la iglesia contempla varios escenarios: ayuno, oración, lectura, reflexión, sacrificios y predicación. - Foto: AFP

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Miércoles de Ceniza 2022: que día es y por qué se celebra en Colombia

La Iglesia señala que durante este período las personas aprovechan para realizar acciones de caridad.

Desde este 2 de marzo y hasta el próximo 10 de abril los feligreses estarán en un período de Cuaresma, que según la Iglesia contempla varios escenarios: ayuno, oración, lectura, reflexión, sacrificios y predicación o visita al Santísimo. Además, se considera como una temporada de oración y penitencia en la Iglesia cristiana y un período de preparación para la temporada de Pascua.

De acuerdo con el Vaticano, las personas asocian a menudo la Cuaresma con “prácticas cuaresmales”, tales como la oración, el ayuno y la limosna. La oración como intensificación del “recordar” a Dios en la vida; el ayuno, como el abandonar el egoísmo para dar paso a la atención al prójimo; la limosna, como el crecer en solidaridad para atender las necesidades de los demás, en concreto de los más pobres y necesitados. Pero aseguran que la Cuaresma va mucho más allá, pues se trata de un tiempo para la conversión de los corazones y preparación para el encuentro con Cristo Resucitado. Un camino de 40 días en el que, además de que los feligreses se preparan para la celebración del Misterio Pascual, se experimenta todo un aprendizaje personal.

También hay acciones de caridad como escuchar un problema, acompañar a un familiar, ofrecer tus conocimientos, donar a causas benéficas, perdonar a un amigo, guiar a quien no tiene empleo, compartir la Palabra de Dios, entre otras.

Los feligreses indican que la Cuaresma es un tiempo para reflexionar acerca de la tentación, pues está presente constantemente en la vida de las personas y de las comunidades; por lo tanto, en este período es importante que las personas puedan liberarse de tal esclavitud y dependencia. “Cristo estuvo 40 días en el desierto siendo tentado por el Diablo, pero no cayó. Un ejemplo que debemos seguir para vencer la tentación y para dejar que Él nos ayude”, señala el Vaticano.

Vale mencionar que en la iglesia occidental, la Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza, seis semanas y media antes de Pascua, y termina el Sábado Santo. Mientras que, en la iglesia oriental, la Cuaresma comienza el lunes de la séptima semana antes de Pascua y termina el viernes antes del Domingo de Ramos.

En un artículo en National Catholic Register, la escritora Jennifer Fitz dio algunos consejos para que los feligreses puedan llevar a cabo su Cuaresma como que cada fiel debe buscar una penitencia que sea retadora, pero que sea posible de cumplir, en un balanceado punto medio.

“Eso significa que, si tienes mucho tiempo libre, dinero, energía y fuerza de voluntad, tal vez tu punto medio feliz implique una oración seria, ayuno y limosna. En el otro extremo del espectro, si estás absolutamente aplastado por la vida en este momento, tal vez tu penitencia esté en ofrecer una parte de tu sufrimiento por el bien de las almas”, indicó la escritora.

Fitz recordó que una “penitencia realista es aquella que puede lograrse la mayor parte del tiempo, no solo en sus mejores días, cuando todo encaja perfectamente”.

Asimismo, este tiempo de Cuaresma inicia con el Miércoles de Ceniza en el que los feligreses reciben las cenizas con el objetivo de que se recuerde el origen del ser humano: ”Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”. Con un sentido simbólico de muerte, caducidad, humildad y penitencia, las cenizas ayudan a que los feligreses miren en su interior.

Esta mirada interna de cada uno, de reconocer los propios errores y querer rectificarlos, entra en la dinámica de las dos palabras clave de la cuaresma. Al reconocer nuestros pecados, nos arrepentimos y al querer cambiarlos, nos convertimos, según señala la Iglesia.