Reducir el apetito quiere decir que se minimicen las ganas de comer, pero dejarlo de hacer puede afectar la salud y, por ello, hay que consumir porciones más pequeñas, pero que incluyan todas las propiedades que el cuerpo necesita como, grasas, proteínas, carbohidratos, frutas y verduras.
Así las cosas, el diario El Español reveló que las infusiones pueden reducir el apetito de manera natural son:
- Té verde.
- Abedul.
- Diente de león.
- Cola de caballo.
- Alcachofera.
- Té rojo.
Asimismo, el diario señaló que algunos alimentos que generan mayor saciedad y con ello se reduce el deseo de comer son:
Huevos: La Fundación Española de la Nutrición (FEN) indicó que el huevo tiene proteínas, ácidos grasos monoinsaturados, yodo, fósforo, selenio, vitamina B12, riboflavina, niacina, vitamina A, vitamina D y folatos. Además, el huevo es un alimento de elevado valor nutritivo, y con un aporte de energía no muy elevado (84 Kcal/unidad de tamaño medio).
Cereales: Todos los tipos de granos aportan carbohidratos complejos y algunas vitaminas y minerales clave, pero los granos integrales, el tipo de granos más saludable, son en especial una parte importante de una dieta saludable.
Pescado: El pescado es una proteína magra y saludable que contiene un tipo de grasa llamada omega-3 y ácidos grasos que protegen el corazón, según Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
- Los adultos deben comer por lo menos 8 onzas (226,80 g) o dos porciones de pescado rico en omega 3 a la semana. El tamaño de la porción es de 4 onzas (113,40 g) o aproximadamente el tamaño de una baraja de cartas.
- Las mujeres embarazadas, que planean quedar embarazadas o que están amamantando, deben comer hasta 12 onzas (340,20 g) de mariscos por semana de una variedad de opciones que son más bajas en contaminación por mercurio.
- Los niños también deben comer pescado de opciones con menos mercurio una o dos veces por semana. El tamaño de la porción para niños menores de 2 años es de 1 onza (28,34 g) y aumenta con la edad.
Frutos secos: contienen ácidos grasos insaturados y otros nutrientes. Además de estar repletos de proteínas, la mayoría de los frutos secos contienen al menos algunas de estas sustancias:
- Grasas insaturadas. No está del todo claro por qué, pero se cree que las grasas “buenas” de los frutos secos (tanto las monoinsaturadas como las poliinsaturadas) reducen los niveles de colesterol malo.
- Ácidos grasos omega 3. Los omega 3 son ácidos grasos saludables que parecen ayudar al corazón, entre otras cosas, al evitar ritmos cardíacos irregulares que pueden provocar ataques cardíacos.
- Fibra. Todos los frutos secos contienen fibra, que ayuda a reducir el colesterol. La fibra también hace sentir llenura y así se come menos. Además, se cree que la fibra influye en la prevención de la diabetes tipo 2.
- Vitamina E. La vitamina E puede ayudar a detener la aparición de placas en las arterias, que pueden estrecharlas.
- Esteroles vegetales. Algunos frutos secos contienen esteroles vegetales, una sustancia que puede ayudar a reducir el colesterol. Los esteroles vegetales con frecuencia se añaden a productos tales como la margarina y el jugo de naranja para obtener beneficios de salud adicionales, pero los esteroles se encuentran en los frutos secos de forma natural.
- L-arginina. Los frutos secos también son una fuente de L-arginina, que es una sustancia que puede ayudar a mejorar el estado de las paredes arteriales al hacerlas más flexibles y menos propensas a los coágulos que pueden bloquear el flujo sanguíneo.

No obstante, antes de consumir algún alimento, lo primero que hay que hacer es consultar al médico tratante o a un nutricionista para que sea este quien guíe el proceso e indique qué es lo más adecuado para cada persona, pues las anteriores recomendaciones no son las indicadas para todas las personas, ya que la información antes dada de ninguna manera sustituye la asesoría médica.
Adicional, si se presenta un incremento en el deseo de comer, esto puede ser por diferentes causas como, por ejemplo:
- Ansiedad.
- Ciertos fármacos (como corticosteroides, ciproheptadina y antidepresivos tricíclicos).
- Bulimia (más común en mujeres entre los 18 y 30 años).
- Diabetes mellitus (incluso diabetes gestacional).
- Enfermedad de Graves.
- Hipertiroidismo.
- Hipoglucemia.
- Síndrome premenstrual.
