Con casi 30 años de historia, el Grupo Trinity es un conglomerado heterogéneo, con 15 compañías en sectores industriales de la hospitalidad y el retail. Pero esa diversificación también obedece a los mercados y se ha convertido en el más fuerte inversionista nacional en España.
En Colombia cuenta en su portafolio con marcas icónicas, como Acerías Paz del Río y la firma productora de carbón metalúrgico Coquecol. Participa como inversionista en los centros de convenciones de Cartagena de Indias, Cali y Costa Rica. También es inversionista del grupo de restaurantes Smile en Bogotá, con marcas como Ideal, La Pinta, Verano y Tercer Piso. Y en España cuenta con la cadena Clarel, que maneja cerca de 1.000 tiendas en el sector de belleza, cuidado personal y hogar. Adicionalmente, lidera la expansión de Juan Valdez en territorio español y tiene la primera opción para Europa, al tiempo que es soporte de la llegada de la cadena Home Burger a España.
Sus ingresos consolidados el año pasado sumaron 4,1 billones de pesos y reúne a cerca de 14.500 colaboradores en las compañías que conforman el conglomerado.
Su portafolio tiene una composición plural, cuyas empresas enfrentan en algunos segmentos desafíos significativos. Por ejemplo, sectores como vivienda y construcción, en los que el acero es insumo clave, han sufrido contracciones, así como el minero-energético en Colombia. Otros han alcanzado mejores dinámicas, como restaurantes y las operaciones en España.
“Son negocios cíclicos. En nuestra vertical industrial, los dos años anteriores fueron muy retadores y complejos, sobre todo para el negocio del acero y el del carbón, no solo en Colombia, sino en buena parte de Latinoamérica”, señala Iván Trujillo, presidente de Grupo Trinity.
Sin embargo, a pesar de las contracciones a nivel nacional en el segmento de construcción, cercanas al 6 por ciento en el primer trimestre, Trujillo sostiene que, tanto en acero como en carbón, en los cinco meses iniciales del año están viendo mejores cifras. “Crecimientos por encima del presupuesto, de doble dígito, no solo en ventas, sino de ebitda y utilidad neta en ambos negocios”, dice. “Aun en un mercado deprimido, Acerías Paz del Río ha logrado consolidar su posición de liderazgo con un 26 por ciento de participación de mercado. Si todo sale bien, venderá unas 435.000 toneladas de acero y registrará ingresos por alrededor de 1,6 billones de pesos”. La empresa está presente en las principales obras de infraestructura de Colombia, como el metro de Bogotá.
En el frente del carbón, también ha vivido complejidades; por ejemplo, en temas logísticos y de fletes, con bloqueos e incremento de costos. Sin embargo, Coquecol –una empresa exportadora con negocios en más de 20 países– viene recuperándose. Según Trujillo, tiene una “buena proyección” de cierre de año, con cerca de un millón de toneladas. Y en materia de precios, su volatilidad es marcada: de 400 dólares por tonelada, ha estado en mínimos de 160 dólares, y hoy se ubica en cerca de 230.
Pero el dólar no está ayudando. En el caso de Acerías Paz del Río, una divisa barata impulsa las importaciones y provoca un exceso de oferta en el país que afecta el precio; y en el de Coquecol, como su operación es exportadora, se golpea.
“Esas son las coyunturas con las cuales tenemos que navegar los empresarios, gestionar la incertidumbre y los retos, pero siempre con visión de largo plazo”, señala Trujillo.
En el negocio de los restaurantes del Grupo Smile, tienen previsto abrir tres establecimientos nuevos. Un Verano en Cartagena, otro en el norte de Bogotá y lanzarán un nuevo formato italoamericano.
En España, las apuestas están aumentando. Trujillo anuncia un plan de negocios en Clarel para pasar de ventas por 360 millones de euros de hoy a 500 millones en 2030 y multiplicar el ebitda por casi 7 veces.
Para conseguir este crecimiento, parte de dos ejes: el primero, remodelar buena parte del parque de las 1.000 tiendas que posee la cadena; y el segundo, profundizar una estrategia de omnicanalidad, lo que significa, dice Trujillo, mejorar precio, promoción, tráfico y surtido. “Estamos, en este momento, haciendo un trabajo muy bonito de transformación tecnológica”, explica. El reto no solo es crecer en España. “Esta es la puerta de entrada al mercado europeo: 600 millones de consumidores”.
Además, avanza en la expansión de Juan Valdez en España. “Cerramos el año pasado con 11 tiendas. Esperamos terminar este año con 22. Hemos abierto ya operaciones en aeropuertos, como Palma de Mallorca, y estamos negociando la apertura en el de Málaga. Ahora la tarea, desde mercadeo, es enamorar al público joven de la marca Juan Valdez”, señala Trujillo. Destaca también la tarea con la operación de la cadena Home Burger, que ya tiene cuatro locales abiertos en ese país.
Trujillo afirma que incluyen en el pipeline proyectos de inversión tanto en España como en Colombia. “El ADN de Grupo Trinity es seguir creciendo con determinación. Como filosofía, todo el tiempo estamos viendo oportunidades de inversión”, dice, pero también tiene claro que deben consolidar su portafolio actual.
Asegura que, con un portafolio tan diverso y niveles de participación diferentes, siempre están sobre la mesa las oportunidades de desinversión. “Pero la tesis de valor es mantenernos en el tiempo y generar valor por generaciones. No nos obsesiona ver qué vamos a salir a vender, sino más bien qué vamos a adquirir o qué vamos a desarrollar”.
Trujillo efectúa un balance sobre la situación nacional y la llegada del nuevo Gobierno. El país registra el mayor y más costoso nivel de endeudamiento de su historia. “Hoy Colombia arrastra una deuda neta del 60 por ciento del PIB. Y las proyecciones de cierre de este año son cercanas al 7 por ciento en términos de déficit fiscal. Renglones y sectores tan importantes para la economía colombiana, como infraestructura, vivienda, minero-energético y agro, en los últimos cuatro años vienen de capa caída, contraídos y rezagados”.
Advierte que el caso de destrucción de valor de Ecopetrol es objetivo: de beneficios netos en 2022 por cerca de 30 billones de pesos, se pasó el año pasado a 9 billones. Añade que el país registra bajo crecimiento, elevadas tasas de interés, alta inflación y una inseguridad desbordada, con pérdida de control territorial en algunas zonas del país.
“Estamos acercándonos a lo que técnicamente llaman una estanflación: un periodo de bajo crecimiento, altas tasas de interés e inflación y bajos niveles de inversión”, diagnostica Trujillo.
Con este panorama, él define los cuatro grandes retos que tiene el nuevo Gobierno. “Lo resumo en las 4 R”: el primero, y a su juicio más importante, reconstruir la confianza. El segundo, recuperar la seguridad, tanto física como jurídica. El tercero, reordenar las finanzas de la nación. Y el cuarto, un plan de choque para reactivar la economía.
Destaca que hay palancas y oportunidades en dinamizadores económicos, como el sector de infraestructura. Según sus cálculos, por cada peso que se invierte en esa actividad, se irrigan tres pesos a la economía colombiana.
Y se hizo varias preguntas: ¿por qué no recuperamos nuestro grado de inversión? ¿Por qué no retomar y fortalecer los proyectos de interés nacional estratégico? ¿Por qué no hacer una política, que ya ha anunciado el nuevo Gobierno, de atracción de inversión?
“Colombia tiene que volver a ser competitiva, volver a ser atractiva para los grandes flujos y capitales globales, que hoy no ven al país para ubicar su capital. No hay mejor política social que una agenda de crecimiento económico. Estoy convencido de que la dupla de Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo y este nuevo gabinete van a ser los arquitectos de un nuevo ciclo de prosperidad para Colombia”.
Y concluye: “Los empresarios necesitamos estabilidad en las reglas de juego, porque incertidumbre siempre vamos a tener en el camino”.