SEMANA: ¿De qué se trata la nueva temporada de su pódcast In A Relationship?
Raúl Ocampo: Este es un proyecto personal en el que la idea es poder ahondar más en los hábitos y cómo una persona está en un punto A y cómo puede llegar al punto B, entendiendo ese punto B como una mejor versión de sí misma. Todos hablamos de “seamos una mejor versión de nosotros mismos”, pero quitándole ese romanticismo, yo decía: “¿Cómo se hace eso?”.
Mi búsqueda, que ahí anclo el propósito, es poderle compartir a la gente mi viaje artístico, mi viaje de crecimiento y de exploración personal.Para esta segunda temporada con Juan Pablo Casas nos llenamos de mucha teoría y muchos tips prácticos, pero después decíamos: “No lo dejemos solo en las palabras, porque hablar, cualquiera; mejor vamos a llevarlo a la práctica”. Queremos derribar mitos y crear conciencia.
SEMANA: Dentro de esos hábitos está el del deporte, ¿cómo cultivó esa pasión?
R.O.: El deporte siempre ha existido en mi vida. Lo he tomado de muchas formas: a veces para prepararme para un personaje, a veces porque es salud, te da relajación, libera estrés, como terapia. El deporte siempre ha sido constante y lo que va variando es mi vida. Pero siempre en esa constancia de: voy al psicólogo, pero también hago deporte, respiro, me hidrato. No me quiero vender como el que tiene superhábitos, el perfecto, porque yo soy humano. Tengo un vicio y es el cigarrillo, y soy consciente de que lo tengo que dejar. Por alguna razón vuelvo a él, pero siempre está la conciencia de que esto no me hace bien.
SEMANA: Hablando del cigarrillo, ¿qué otros vicios tiene?
R.O.: A veces me siento como una persona que puede sobrepensar mucho. Siento que eso se puede convertir en un vicio porque el sobrepensar viene con llevarlo hacia el futuro. En el futuro hay un montón de ansiedad, en el pasado hay nostalgia, pero solo en el presente somos infinitos, eternos, invencibles.
SEMANA: ¿Cuál es el rasgo que más le gusta de su personalidad?
R.O.: La vulnerabilidad me llevó a ser artista, a entender que muchas veces te dicen: “Guárdese algo, esconda ciertas partes”. Pero la vulnerabilidad dice: ante esa exposición y posible amenaza, hay expansión. Lo que no te mata te hace más fuerte, literalmente. No solo más fuerte, sino más consciente; te expande y te hace experimentar la vida más intensa.
Amo la vulnerabilidad, amo decirle a Jorge Enrique Abello: “Gracias por el momento en que apareciste en mi vida”. Amo decirle a mi mamá: “Eres una guerrera, veo en ti a tantas mujeres latinoamericanas que han sacado adelante de manera fuerte y te lo agradezco”. Hasta vulnerabilidad con uno mismo: “Nos hemos roto y reconstruido 100 veces y lo vamos a hacer 100 más”. La idea no es no herirse más, es qué haces con esa herida: ¿te paraliza, te estanca, te trauma o te mueve, te impulsa, te expone o te saca adelante?
SEMANA: Usted menciona a Jorge Enrique Abello, ¿cómo lo ha marcado en su vida?
R.O.: Uno tiene que entender que en la vida uno puede vivir miles de vidas. En cada una uno tiene amores: mi mamá, mi hermana, parejas. Entender que la vida es cíclica, que tiene inicio y final de ciclo, lo que te llevas para pasar a otro, evolucionar. Al final, estamos hablando de muchos Raúles.
He conocido miles de Raúl hacia atrás. Hoy habla el Raúl del presente, que se siente agradecido, consciente, fuerte, vulnerable, con ganas de compartir lo aprendido y vivido, y con ganas de conocer a los Raúl que vienen, Dios quiera, con más etapas y fases, y fue Jorge Enrique quien me ayudó a entender eso. Nosotros nos conocimos grabando Ana de nadie en RCN y él me decía respecto al personaje: “Es una de tus vidas, vívelo de principio a fin”.
Hablar con Jorge Enrique es maravilloso, es increíble. Se siente como hermano mayor, como una figura paterna. Es un gran personaje, es como un role model. Yo veo cómo trata a sus hijos, a su mujer, cómo es con sus pensamientos y es una persona excepcional.
SEMANA: ¿Qué les diría a las personas que solo lo relacionan como el actor que perdió a su esposa?
R.O.: Mientras yo no me identifique con lo que el otro me quiere identificar, puedo seguir liviano en mi vida, tranquilo, porque yo logro resignificar y reidentificarme. De hecho, esas son las dos palabras más claves y la premisa bajo la que yo trabajé en el libro La despedida.
Cada quien atraviesa el duelo como puede, con las herramientas que tiene o con las que crea. Pero si uno logra resignificar las cosas y, por ejemplo, en mi caso, no darle un tinte únicamente de soledad y de melancolía, sino decir: “Gracias por existir en mi vida, por pasar por mi camino, por hacerme una mejor persona, por nutrirme, por ayudarme a evolucionar, solo gratitud ante eso”.
Luego, esa resignificación me ayuda a reidentificarme. Hoy soy una persona más consciente, que no está resintiendo el amor, que incluso quiere que la vida le dé una nueva oportunidad de conocer a alguien. Porque somos amor, terminamos en amor y hacia la luz vamos.
SEMANA: Recientemente se ha hablado mucho de una posible nueva relación, ¿es verdad?
R.O.: Yo estoy muy abierto, te lo juro. Quiero que el Raúl del futuro pueda ver hacia este Raúl y pueda decir: “Me siento orgulloso de ti, gracias por no resentir, gracias por no meterte en una cueva, gracias por no identificarte con palabras como soltero o ‘ya no está para querer’”. Respetando el proceso de cada persona, pero yo me quiero identificar como una persona que floreció, que se da nuevas oportunidades.
Así como este Raúl del presente le da gracias al del pasado por haber hecho un libro, por haber amado como amó, por haber sido actor, por haber sido valiente. Por todo lo que he hecho, también quiero seguir sintiendo mi orgullo en versiones mías futuras que dicen: “Oiga, se volvió a tragar, lo volvió a intentar”. En mí solo está el entregar el ciento por ciento. Ya veremos qué pasa, ya veremos si es una gran relación.
SEMANA: ¿Qué enseñanzas le dejó MasterChef?
R.O.: MasterChef para mí fue una masterclass. Ahí viví una nueva vida en donde no estaba para nada cercano a la cocina. No me identificaba como cocinero y tuve que aprender en muy poco tiempo para ponerme a la altura de personas tan buenas cocineras con las que me enfrenté en el grupo.
Tal vez no me gané MasterChef, pero me gané a mí mismo en MasterChef. Porque fui yo mismo, empecé a morirme de la risa. A través de las ‘Vales’, que aún son mis amigas y las amo con todo mi corazón, logré mostrarle al público una faceta más real y más yo. MasterChef es un reality que te cambia la vida; supertransformador, porque te expone a ti mismo.
SEMANA: ¿Volvería a estar en otro reality?
R.O.: Hoy puedo decir que no creo que vaya a estar en más realities. Siempre soñé con MasterChef porque, aunque es un reality, la excusa era cocinar. No me pondría en un reality de pruebas físicas y de pasar hambre, ahora que conozco más de la dieta, del cuerpo, y no me quiero poner en esos niveles de estrés. Tampoco en esos donde la convivencia es protagonista. Pero ya saben que uno no puede escupir para el cielo porque le cae en la cara (risas).
SEMANA: ¿Cómo maneja las críticas en su contra?
R.O.: Ante las críticas, hay unas a las que simplemente no hay que ponerles atención. Hay otras donde usar la compasión, ponerse en los zapatos de otra persona y entender que puede venir con filtro de rabia; puede que en el fondo haya dolor. Al final, entender que eso puede venir desde muchos lados y uno tiene que tener claro quién es uno, qué ha hecho, desde dónde y por qué. Cuando uno es figura pública, está expuesto a ataques, y un ataque solo te hace daño cuando tú lo permites.
SEMANA: ¿Quién es su red de apoyo hoy?
R.O.: Mis amigos, mis proyectos como In A Relationship, donde puedo hacer catarsis gigante, mi gato Patacón, el ejercicio y mi espiritualidad. Ahí es donde vuelvo siempre.