SEMANA: Embajador, las protestas se están extendiendo en Europa y las imágenes que se vieron de Francia fueron muy impactantes. ¿Qué está pasando?

François Roudié: No podría pretender explicar lo que está pasando en cada uno de los países en este momento. Pero sí quisiera explicar el caso de Francia, que es mi país. Lo primero es recordar que manifestarse es un derecho democrático. Tenemos una amplia historia de manifestaciones en Europa, la gran mayoría absolutamente pacíficas. Eso es normal. Lo que no es normal es que se mezclen manifestantes con personas que vienen a agredir, romper, robar, llenarse los bolsillos. Eso es un tema de criminalidad. Pero las cifras de lo que pasó en Francia son las siguientes: a las calles salieron 500.000 manifestantes y hubo 2.000 detenciones. Entonces, eso significa que más del 99 por ciento de las personas salieron a protestar sin problema. Lo que sí hay que tener es un poco de cuidado con el efecto de las redes sociales, con declaraciones de políticos que no conocen mucho a Europa y que te dicen que Europa está en llamas.

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SEMANA: Lo que dijo Donald Trump.

F.R.: No, Europa no está en llamas. Yo me voy a Europa la semana que viene, a París. El sábado próximo habrá manifestaciones y no iré a París con un casco y chaleco antibalas. Me voy con mi hijo, tranquilos. Mi llamado es a no confundir manifestantes con delincuentes, que son una ínfima minoría. Los motivos de protesta, cuando se escuchan, son muy diversos. Empezó con recursos para la educación. Francia tiene situaciones particulares y hay un choque sobre a dónde deben destinarse los recursos; por ejemplo, seguridad o educación. Y resulta que tenemos en Rusia un vecino que ahora claramente se está portando como un enemigo y eso requiere recursos. Al mismo tiempo, como papá, quiero inversión en educación. Entonces, tenemos en Europa una crisis que está en el mundo entero.

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SEMANA: ¿Crisis en qué sentido?

F.R.: Hoy en casi todas partes, Colombia no es la excepción, se analiza el volumen del gasto público en relación con lo que se puede recaudar debido a los cambios demográficos. Además, esas manifestaciones se cruzan con un momento de campaña electoral. Yo tengo ya mis años y no creo que las protestas sean preocupantes. Pero sí me parece muy preocupante la delincuencia. Como le dije, pienso que hoy es una minoría muy pequeña. Y lo que creo es que algunos políticos tienen intereses en vender la historia del llamado “declive de Europa”.

Durante la entrevista, Roudié enfatizó la necesidad de separar a los manifestantes de los grupos reducidos que incurren en actos delictivos y vandálicos durante las jornadas de marcha. Foto: GUILLERMO TORRES REINA / SEMANA

SEMANA: ¿Y Europa está en declive de alguna manera?

F.R.: El declive de Europa ya se menciona desde los años veinte y aún hay millones que quieren vivir o migrar allí. Europa tiene muchos desafíos, por supuesto. Pero todavía es un lugar del mundo donde hay educación y salud gratuitas, infraestructura pública fenomenal. La Unión Europea es ante todo un espacio de libertad. Puedes llegar a París, viajar, ver amigos en Bélgica sin trámites. Vas a Polonia y te tratan como a un polaco. Eso hay que valorarlo y darse cuenta de lo que representa. El declive de Europa no es cierto; es todo lo contrario, va bien. Y una de las cosas que a mí me enorgullece mucho es que la Unión Europea es uno de los únicos bloques en el mundo que realmente está llamando la atención sobre los grandes desafíos mundiales que tenemos.

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SEMANA: Deme un ejemplo.

F.R.: Si no tratamos los temas conectados con el cambio climático, no habrá mucha humanidad en poco tiempo. Hay que hacerlo. Lo sabemos desde hace 50 años. No somos los únicos ahora, pero fuimos los pioneros. Somos el primer donante mundial de ayuda humanitaria. Eso no es declive y lo digo sin arrogancia. Claro que cada vez hay más amenazas, más guerras, más desafíos como las pandemias, la inteligencia artificial, el clima. A mí me parece que la historia que cuentan los europeos de frenar 2.000 años de guerras y lograr en 50 años la paz es muy importante. Ahora, por ejemplo, una guerra entre Francia y Alemania se ve imposible. Lo que yo veo es una Europa que, después de muchos años de guerra civil, de colonización, de las enormes tragedias de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, es un continente que está saliendo bien. No estoy diciendo que Europa sea un estandarte, pero sí que es una inspiración.

SEMANA: Actualmente, en el mundo hay posiciones muy radicales. ¿A Europa le cuesta no estar en esos bandos?

F.R.: Claro, el mundo está muy polarizado, es un mundo donde todo está teatralizado. Los europeos somos un poco aburridos; nosotros no somos actores de telenovelas, no buscamos que cada día se haga una noticia que nos dé centralidad, no es nuestra manera de trabajar. Trabajamos en la construcción del futuro, de la política, de las instituciones. Es cierto que se genera menos entretenimiento que lo que pueden hacer otros, pero pienso que eso es más serio. Buscamos más multilateralismo, más humanismo, más respeto, más diálogo; ese es el camino.

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SEMANA: En este “nuevo mundo” ha existido una guerra comercial y arancelaria. ¿Eso le ha dado espacio a Europa?

F.R.: En términos de comercio, consideramos que generar noticias cada día no es una buena noticia. Lo que debe hacer un Gobierno para los emprendedores y empresas es darles previsibilidad y estabilidad; esa es nuestra lectura. La Unión Europea no usa los aranceles como arma de presión. Creemos que eso produce pérdida de confianza y termina dañando a todos. La Unión Europea busca generar seguridad. Entonces, la estabilidad nuestra, en medio de esa gran inestabilidad del mundo, parece aún más estable. Y creo que por eso en América Latina, en materia de negocios, se mira tanto a Europa.

En materia económica, el embajador aseguró que “uno de cada tres dólares que llegaron a Colombia como inversión extranjera directa vino de empresas europeas”. Foto: Guillermo Torres Reina - SEMANA

SEMANA: ¿Cómo es la relación con Colombia?

F.R.: Justamente acabamos de publicar un estudio al respecto. Las inversiones de las empresas europeas representan entre un cuarto y un tercio según cómo se calcule en el país. Uno de cada tres dólares que llegaron a Colombia como inversión extranjera en 2025 vino de empresas europeas. En los últimos cinco años, las empresas de la Unión Europea han invertido más de 20.000 millones de dólares en Colombia. Lo que es muy interesante es que estas inversiones están en sectores de futuro: economía digital, transporte, servicios. Obviamente, también hay un rubro importante en el sector extractivo. Muchas de esas inversiones se traducen en calidad en lo que se produce, en términos de empleos formales, de liderazgo femenino. En este sentido, lo vemos con bastante orgullo. La relación entre la Unión Europea y Colombia es muy completa.

SEMANA: ¿En qué sentido?

F.R.: Lo primero, es una relación de persona a persona. Hablamos más o menos el mismo idioma. Culturalmente, tenemos referencias bastante similares. Hay dos diásporas muy fuertes en Europa, pero también de europeos aquí, y esos también son elementos fuertes. Muchos colombianos que estudiaron en Europa y viceversa. Es decir, hay conexiones muy fuertes. Dos, los valores que nos animan son compartidos y esa conexión es muy fuerte. Y la tercera parte, hay muchos proyectos para avanzar más. Hoy apoyamos el metro, la transición energética y la ciberseguridad, entre muchos otros temas.

SEMANA: ¿Cómo han sentido el cambio de Gobierno?

F.R.: Hemos arrancado a full con el nuevo Gobierno. Me encontré al vicepresidente unos días antes de que fuera candidato y desde ahí estábamos en contacto. Él se encontró con todos los embajadores de la Unión Europea. Tengo un contacto superfluido con el canciller, el vicecanciller y muchos otros. Trabajamos muy bien. Tuvimos la semana pasada una visita de alto nivel de uno de los responsables de la relación con las Américas del servicio diplomático europeo. Espero que podamos tener unos contactos al margen de la Celac en Madrid o de la Cumbre Iberoamericana. El canciller y el vicepresidente podrían ir pronto a Bruselas. Tenemos una agenda superdensa y no paramos de trabajar.