El caribe colombiano fue el epicentro del cierre de las campañas políticas de los candidatos punteros a la presidencia. Este sábado, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda midieron el pulso en las calles. El primero eligió el gran malecón de Barranquilla, al que llegaron -según estimó José Manuel Restrepo- más de 50 mil personas, una cifra inédita en una concentración política en ese punto emblemático al lado del río Magdalena. El candidato del progresismo se decantó por Cartagena. Allí estuvo con su formula, Aida Quilcué, en una cancha de fútbol del corregimiento de La Boquilla.

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Paloma Valencia y Sergio Fajardo también habían apuntado a Barranquilla. Uno de los eventos de cierre de la candidata fue el viernes en la Plaza de la Paz. En esa misma ciudad estaba también Sergio Fajardo, quien narró que su manera de hacer política no era sobre una tarima sino hablando con los jóvenes y por eso fue a volantear a una universidad de la ciudad.

Abelardo de la Espriella habló detrás de un vidrio antibalas en su cierre de campaña en Barranquilla. Foto: AFP

Ambos candidatos quedaron en una cita para el sábado en la mañana, en la que no solo no hubo humo blanco, sino que el profesor de centro terminó cantandole la tabla a la de la Gran Consulta por Colombia.

“Yo me podría haber torcido y probablemente ya habría sido presidente de Colombia, pero nunca me torcí”, dijo y agrego que Valencia había cerrado su campaña con “personas con las que jamás me pararía en ningún lugar”.

Aunque no lo mencionó, era claro que se refería a Yessid Pulgar, quien había estado en la tarima con ella.

El candidato presidencial Iván Cepeda cerró su campaña en Cartagena. Foto: Captura de pantalla

De la Espriella también se despachó contra Pulgar, pero tampoco mencionó a Valencia. “Que Name, Pulgar y compañía vean dónde se van a esconder, porque verán cómo muerde el tigre”, aseguró. Y luego remató: “He venido a liberar al pueblo de los miserables de siempre”.

A esa misma hora, Iván Cepeda prometía que la primera decisión de su mandato sería "hacerle un gran homenaje nacional al presidente Petro para decirle, ‘Gracias por haberle cumplido al pueblo colombiano’. Preparémonos para comenzar nuestro segundo gobierno progresista".

Esa noche, Paloma estuvo en Rionegro reivindicando que su llegada al Palacio de Nariño haría historia: “Hay algunos que dicen que una mujer no es capaz de imponer la seguridad que necesita Colombia. Se equivocan“, dijo. Desde la tierra de su líder político, Álvaro Uribe Vélez, aseguró que “estamos aquí para defender la libertad de Colombia, derrotar al neocomunismo y para reafirmar que Antioquia resiste y que Antioquia, vota Paloma”.

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Es mucho lo que está en juego en esta elección presidencial que se realizará el próximo domingo. Más de 41,2 millones de ciudadanos están habilitados para acudir a las urnas y votar por el sucesor del presidente Gustavo Petro, en medio de una de las contiendas más violentas de las décadas recientes.

Paloma Valencia lanzó advertencia al ELN, Clan del Golfo y disidencias. Foto: Screenshot 'x'

Los colombianos votan en un contexto de amenazas a candidatos y sus equipos de campaña (como las denunciadas por Abelardo de la Espriella y Paloma), en el que los grupos armados han retenido actores políticos (tal como le ocurrió a Aída Quilcué y a un escolta del senador Alexander López) y con el peso histórico del magnicidio de Miguel Uribe Turbay.

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A esa realidad se suman las dudas que el presidente Gustavo Petro ha sembrado sobre el proceso electoral, hablando, sin pruebas, de un posible fraude que podría voltear la decisión democrática. Su compañero de partido, el senador Iván Cepeda, lleva las riendas del Pacto Histórico con las que el petrismo busca el continuismo en la Casa de Nariño.

En ese escenario, las instituciones han dado respuestas. Dos firmas internacionales, Capel y McGregor, auditarán la elección. La Registraduría exhibió el código fuente del software electoral a los auditores de los partidos, hay misiones de observación electoral desplegadas y el CNE habilitó una plataforma de testigos electorales que no se había utilizado en ningún otro proceso presidencial, con el objetivo de dar credibilidad a los comicios.

Pero hay otro contexto: los problemas de seguridad en los territorios volvieron a convertirse en un tema recurrente en la agenda de país, pese a que ese asunto se suponía saldado con la firma de la paz. Lejos de ese escenario, disidencias de las Farc, Clan del Golfo y otros grupos armados están en las zonas rurales en las que millones de colombianos podrían ejercer el derecho al voto. El ELN, entre tanto, anunció un cese al fuego unilateral.

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No han faltado, además, las polémicas sobre la paz total con las solicitudes del jefe de Estado de levantar las órdenes de captura a cabecillas de las bandas criminales de Antioquia o los requerimientos para enviar a jefes de grupos armados a Zonas de Ubicación Temporal (ZUT), sin que estén claras las condiciones de esos procesos, tal como lo advirtió la Defensoría del Pueblo.

En un catálogo de doce candidatos, solo tres parecen tener posibilidades en las encuestas. Los dos con mayor intención de voto, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, se han negado a debatir, mientras que Paloma Valencia se sigue perfilando en esa disputa aunque llegó a la recta final con números estancados en los sondeos.

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A pesar de que la derecha está dividida, lo que parecía un camino pavimentado para la izquierda comienza a hacerse cuesta arriba con el crecimiento de De la Espriella en los sondeos, una amenaza que puede dañar el proyecto del gobierno del cambio 2.0.

La semana que comienza es decisiva. No hay nuevas encuestas, tampoco grandes eventos públicos, pero las movidas internas siguen de cara a la elección del domingo 31 de mayo. Las urnas en el exterior ya están abiertas y faltan unos días para que se defina si la Casa de Nariño persiste en el camino de la izquierda o si se da un giro en la política.