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Pérdida de olfato y gusto por el coronavirus: estudio revela nuevo factor asociado a estos síntomas

Las mujeres tienen un 11 % más de probabilidades de perder estos sentidos.


Uno de los síntomas más recurrentes en las personas contagiadas por la covid-19 es que pierden el sentido del olfato, por esto muchos científicos en varias partes del mundo están trabajando para descifrar por qué algunas personas lo pierden después de contraer el virus. Este es un síntoma descrito habitualmente con variantes anteriores a ómicron, sin embargo, recientemente se conoció en casos de enfermos que contrajeron esta última mutación.

Un estudio publicado en la revista Nature Genetics identificó un factor de riesgo genético vinculado con la pérdida del olfato después de una infección causada por el coronavirus, potente descubrimiento que ayuda a los expertos a entender sobre este patrón desconcertante y que puede ayudar a señalar el camino hacia tratamientos muy necesarios.

Actualmente, 1,6 millones de personas en Estados Unidos, seis meses después de contraer la covid-19, aún no pueden oler o desarrollar un cambio en su capacidad olfativa. Por ahora se desconoce la causa precisa de la pérdida sensorial relacionada con el coronavirus, no obstante, los científicos creen que se deriva del daño a las células infectadas en una parte de la nariz llamada epitelio olfativo. Estas células protegen las neuronas olfativas que ayudan a las personas a oler.

“Todavía no está claro cómo pasamos de la infección a la pérdida del olfato”, indicó el doctor Justin Turner, profesor asociado de otorrinolaringología en la Universidad de Vanderbilt, citado por el medio NBC News.

Estudio reveló que entre el 10 y el 20 % de los positivos para coronavirus  se presentan los síntomas más graves. Foto: GettyImages.
69.841 personas que informaron haber recibido una prueba del coronavirus positiva, el 68 % informó una pérdida del olfato o el gusto como síntoma. - Foto: Foto Gettyimages

“Los primeros datos sugieren que las células de soporte del epitelio olfativo son las que en su mayoría están infectadas por el virus, y presumiblemente esto conduce a la muerte de las propias neuronas. Pero realmente no sabemos por qué y cuándo sucede eso, y por qué parece suceder preferentemente en ciertos individuos”, agregó Turner.

Según el estudio, un locus genético cerca de dos genes olfativos está asociado con la pérdida del olfato y el gusto inducida por el coronavirus. Un locus es la posición fija de un gen en un cromosoma.

Este factor de riesgo genético aumenta la probabilidad de que una persona infectada con SARS-CoV-2 experimente pérdida del gusto o el olfato en un 11 %. Además, algunas estimaciones sugieren 4 de cada 5 personas pacientes de la covid-19 recuperan estos sentidos; la investigación también afirma que la incapacidad persistente o la capacidad reducida para saborear y oler afecta el bienestar psicológico, las relaciones y la salud de las personas.

Investigadores de la empresa de genómica y biotecnología 23andMe realizaron el estudio como parte de un proyecto del coronavirus más amplio (todos los participantes viven en EE. UU. o el Reino Unido).

Dentro de un grupo de 69.841 personas que informaron haber recibido una prueba del coronavirus positiva, el 68 % de ellos informó una pérdida del olfato o el gusto como síntoma. La pérdida del olfato y el gusto se combinaron como una sola pregunta de la encuesta, lo cual también es visto por algunos especialistas como una limitación del estudio.

Después de comparar las diferencias genéticas entre quienes perdieron el sentido del olfato y quienes informaron que no sufrían este efecto, el equipo del estudio encontró una región del genoma asociada que se ubica cerca de dos genes, UGT2A1 y UGT2A2. Ambos se manifiestan dentro del tejido de la nariz involucrando el olfato y además, desempeñan un papel en el metabolismo de los odorantes.

“Fue este hermoso ejemplo de la ciencia en el que, comenzando con un gran número de participantes de investigación activados que realizaron esta prueba de 23andMe, pudimos obtener muy rápidamente algunos conocimientos biológicos sobre esta enfermedad que de otro modo sería muy, muy difícil de hacer. “, indicó Adam Auton, autor principal del estudio y vicepresidente de genética humana de 23andMe.

Sin embargo, no está del todo claro cómo están involucrados UGT2A1 y UGT2A2 en este proceso, aunque Auton y sus colegas exponen la hipótesis de que los genes pueden desempeñar un rol en la fisiología de las células infectadas y en el deterioro resultante que lleva a las personas que lo padecen a la pérdida del olfato.

Por otro lado, ciertas tendencias también surgieron entre los participantes que informaron la pérdida del olfato y el gusto: las mujeres, donde tenían un 11 % más de probabilidades que los hombres de experimentar este síntoma. Además, los adultos entre 26 y 35 años constituían el 73 % de este grupo.

De igual manera, el equipo de estudio también encontró que las personas de “ascendencia del este de Asia o afroamericanos eran significativamente menos propensas a reportar pérdida del olfato o del gusto”. La causa exacta de esta observación no se conoce aún. Cabe resaltar que el estudio está sesgado hacia las personas de ascendencia europea debido a los datos de referencia limitados.

Estos hallazgos pueden ayudar a los pacientes de dos maneras, dijo Danielle Reed, directora asociada del Monell Chemical Senses Center y quien estudia las diferencias de persona a persona en la pérdida del olfato y el gusto debido al coronavirus.

“Ayuda a responder la pregunta de ¿por qué yo? Cuando se trata de la pérdida del gusto y el olfato con el coronavirus. Algunas personas lo tienen y otras no. La genética innata puede explicar parcialmente por qué”, explica Reed.

Por su parte, el estudio también puede ayudar a los científicos a encontrar tratamientos. Adicionalmente, investigaciones anteriores sobre el tema, sugieren que la pérdida de estos sentidos se relaciona con una falla en la protección de las células sensoriales de la nariz y la lengua de la infección viral.

“Este estudio sugiere una dirección diferente. Las vías que descomponen las sustancias químicas que causan el gusto y el olfato en primer lugar pueden tener una actividad excesiva o insuficiente, lo que reduce o distorsiona la capacidad de saborear y oler”, añade Reed.

Si bien, las primeras investigaciones sugieren que la pérdida del gusto y del olfato está menos presente con la variante ómicron, esta afirmación no es del todo improbable. Un estudio de 81 casos de ómicron realizado en Noruega expuso que el 12 % informó una reducción del olfato y el 23 % de los infectados informó una reducción del gusto.

“Las células madre que reemplazan a las células que fueron dañadas por el coronavirus captan los olores, que son estímulos químicos que luego se transforman en un estímulo eléctrico y es llevado por el nervio olfatorio hacia el cerebro y llega al bulbo olfatorio, que es el lugar donde se procesan los olores. Las terminaciones nerviosas de las células que forman parte del bulbo olfatorio conducen las señales con los estímulos olfatorios por vías confusas, y esto hace que los olores y sabores sean erráticos”, explica Stella Maris Cuevas, otorrinolaringóloga y alergista.

“En la actualidad, se describen casos de otra alteración olfatoria: la hiperosmia. Tiene una incidencia elevada y es mucho más frecuente en mujeres que en hombres. Esto parece tener relación con factores hormonales, ya que la inmensa mayoría de las mujeres que consultaron están en su edad media, iniciando su climaterio o ya menopáusicas”, concluye Cuevas.

La especialista también explica que la recuperación se logra mediante el tratamiento médico y el estudio del olfato mediante la olfatometría y la rehabilitación. Otro método efectivo es por medio del entrenamiento con sustancias odoríferas el cual se ha utilizado desde hace más de una década.

Por otro lado, en 2009, un grupo de investigadores alemanes liderado por el especialista Thomas Hummel describió la gran posibilidad de reentrenar el olfato gracias a la plasticidad cerebral. Por esta razón, se propone diseñar un protocolo individualizado según las prioridades de cada caso y el daño ocasionado. Esto hace de la terapia de entrenamiento un proceso personalizado y efectivo para revivir los sentidos.