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| 2/15/2020 4:00:00 AM

El país se inundó de motos

La industria de ensamblaje de motocicletas crece a toda velocidad. Pero al mismo ritmo lo hacen los accidentes y muertes en la vía. ¿Qué hacer?

¿Cuántas motos se vendieron en 2019? El Ministerio de Transporte, a cargo de Ángela Orozco, ha puesto el foco en el tema de seguridad en infraestructura, vehículos y personas.Desde 2013 las motocicletas superan en número a los automóviles en Colombia. Hoy ruedan 8,9 millones de ellas. Foto: Guillermo Torres // SEMANA
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A finales del año pasado inauguraron en Barranquilla la novena ensambladora de motocicletas en el país. Se trata de una ambiciosa apuesta del grupo centroamericano UMA en alianza con la fabricante india Bajaj, de invertir 10 millones de dólares en una planta que genera 50 empleos directos.

La planta, que producirá motocarros, complementa la oferta de Auteco y Auteco Mobility; Incolmotos Yamaha; Corbeta (AKT) y MB Motor (Sym) en Antioquia; Suzuki Motor y Ayco Motos en Pereira; Fanalca-Honda en Cali; y Hero Motor en el Cauca. Estas generan 25.000 empleos directos y más de 100.000 indirectos, tienen más de 6.000 concesionarios y miles de talleres de servicio.

Sin duda es una gran noticia para la inversión, el empleo y la movilidad social. En efecto, a medida que los colombianos han salido de la pobreza –en la última década lo hicieron más de 10 millones – suelen invertir en su motocicleta.

Estos vehículos tienen ventajas para los usuarios. Permiten movilizarse en zonas urbanas y rurales con bajos costos de combustible, son versátiles en medio de los trancones, no pagan peajes, no tienen pico y placa y facilitan acceder a una creciente oferta de trabajos de mensajería.

Para hacerse a una moto nueva hay que invertir entre 3,5 y 4,5 millones de pesos en promedio; usadas cuestan incluso la mitad. La mayoría de los propietarios de motos pertenecen a los estratos 1, 2 y 3 y usan este vehículo como herramienta de trabajo, dice Juliana Rico, directora de la Cámara Automotriz de la Andi. Agrega que por razones económicas y de desarrollo de las economías, las motos llegaron para quedarse.

Estos factores explican por qué hoy, del total del parque automotor que rueda en el país –15,3 millones de matrículas activas según el Registro Único Nacional de Tránsito, Runt–, el 58 por ciento corresponde a motocicletas, con 8.906.554 unidades.

Desde 2013 el número de motos superó al de carros, y cada día crece la cifra. El año pasado el sector automotor vendió 877.819 unidades y de ellas 69 por ciento de motos. Solo en enero vendieron 52.055. Un gran negocio para la industria y la economía.

Pero al tiempo que crecen las ventas de motos, suben los accidentes de tránsito y las muertes en las vías con estos vehículos. Las motos son el gran dolor de cabeza de la seguridad vial, el sistema de salud, las aseguradoras y la movilidad.

Los accidentes en la vía aumentan al ritmo que crecen las ventas de motos. En 2018, último dato disponible de Fasecolda, de 693.755 accidentes viales que registró el país, 604.153 tuvieron motos involucradas, es decir en 87 por ciento de los casos. Exceso de velocidad o incumplir las normas de tránsito fueron las principales causas y 40 por ciento de esos conductores tenían menos de dos años de experiencia al respecto.

En el caso de las muertes en accidentes viales, uno de cada dos registros eran motociclistas. Con un agravante: el 52 por ciento tenía entre 20 y 35 años, en plena edad productiva.

El tema de la seguridad tiene otras aristas. Muchas motos que hoy circulan en Colombia no podrían hacerlo en ningún país europeo. En efecto, no cumplen en muchos casos los estándares mínimos de seguridad en frenos, cascos, llantas, luces y espejos que exigen los mercados más desarrollados, dice Fasecolda.

El país tiene una reglamentación técnica para los cascos, pero no hay un laboratorio de pruebas que haga aplicables los requisitos. Y mientras para los automóviles rigen desde 2018 unas condiciones mínimas de seguridad para el caso de las motos no existen estas reglas.

Evasión peligrosa

A medida que crece el número de motocicletas, también lo hace la evasión del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito, Soat. Datos de Fasecolda muestran que el 59 por ciento de los motociclistas no lo pagan, es decir que más de 5 millones ruedan por el país sin ese requisito obligatorio.

Las autoridades de tránsito en las grandes ciudades han aumentado sus controles para hacer esta verificación. Pero en 7 de cada 10 municipios del país no hay autoridad de tránsito, por lo que muchas motos quedan por fuera del radar.

La evasión se presenta a pesar de que para las motos operan subsidios cruzados en la tarifa. Es decir, en teoría la tarifa del seguro debe cubrir el riesgo que representa, pero para las motos sería muy costoso. Por eso el Gobierno hace unos años decidió subsidiarlo. Según expertos, el Soat de una moto de bajo cilindraje debería costar alrededor de 1,1 millones de pesos por el alto riesgo que representa. Sin embargo hoy cuesta entre 200.000 y 400.000 pesos dependiendo del tamaño. Al final, los demás vehículos terminan por pagarlo a través del sistema de subsidios cruzados.

Este sistema nació cuando había más carros que motos con una relación de 70 a 30. Pero hoy ocurre lo contrario. Sin embargo, quitar el subsidio incentivaría una mayor evasión.

En este escenario, Luis Lota, director de la Agencia de Seguridad Vial, dice que celebra que la industria progrese, pero si todos los actores del sector no trabajan de manera conjunta, el camino estará lleno de complicaciones.

Su entidad ha puesto el foco en tres temas básicos: infraestructura, vehículos y en la gente. En el primer caso, de la mano del ministerio avanza en definir condiciones de mayor seguridad en las vías para que las barreras de contención y otros elementos ofrezcan mayores garantías para los motociclistas.

En cuanto a los vehículos, trabajan en temas de seguridad pasiva y activa, tales como mejorar la calidad de las motos y de los elementos y accesorios para los usuarios. Además, el primero de enero entró en vigencia una norma de publicidad que les exige a los comercializadores de motocicletas poner de manera visible la información que indique si tienen o no frenos ABS y qué condiciones de seguridad ofrecen.

El tercer componente, con foco en la gente, busca que Gobierno, industria y usuarios trabajen por una cultura del respeto a las normas de tránsito y por hacer mayor énfasis en la seguridad vial.

El Gobierno planea revisar el proceso de entrega de licencias para conducir motocicletas, hoy muy criticado por falta de rigor en la expedición. Todo indica que creará un validador independiente de la escuela, que se encargará de otorgar la licencia.

La agencia trabaja también en hacer pegadogía en todas las regiones del país para generar conciencia de la importancia de una cultura de autocuidado, respeto a las normas y control a la velocidad. A finales de este mes prevé lanzar de una gran campaña para promover estos valores.

En medio de todo, resulta crucial mejorar el control del cumplimiento de las normas e imponer drásticas sanciones a quienes exponen su vida o ponen en riesgo las de otros ciudadanos en las vías. Incluso ya anuncian que pronto empezarán a llegar comparendos a los moticiclistas por exceso de velocidad.

Algunos motociclistas se quejan del exceso de operativos en su contra, pero hasta ahora las autoridades de tránsito no han encontrado una forma más efectiva de prevenir accidentes.

La realidad económica del país muestra que el negocio de las motocicletas seguirá en una curva ascendente. Por eso los controles deben avanzar ese mismo camino. 

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