Relaciones comerciales

“La relación ya no se estabiliza por inercia”: María Claudia Lacouture tras la distensión entre Donald Trump y Gustavo Petro

Para la presidenta de AmCham Colombia, la llamada entre los presidentes reabre el canal directo de alto nivel y reduce el riesgo de un escalamiento. “Aporta un elemento clave: mayor previsibilidad”.

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12 de enero de 2026, 6:00 a. m.
"Para Colombia, este escenario exige diplomacia prudente y pragmática, priorizando los intereses de los colombianos y el respeto por el derecho internacional", dice María Claudia Lacouture.
"Para Colombia, este escenario exige diplomacia prudente y pragmática, priorizando los intereses de los colombianos y el respeto por el derecho internacional", dice María Claudia Lacouture. Foto: SEMANA / AP / Presidencia

SEMANA: Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, ¿cómo queda Colombia en ese escenario político y económico?

María Claudia Lacouture (M. C. L.): Venezuela y los venezolanos merecen democracia, justicia y futuro. La prioridad debe ser una transición rápida, pacífica y constitucional, centrada en proteger a la población, respetar los derechos humanos y recuperar instituciones y reglas claras que den estabilidad y reactiven la vida social y económica.

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Para Colombia, este escenario exige diplomacia prudente y pragmática, priorizando los intereses de los colombianos y el respeto por el derecho internacional. Hay riesgos, pero también oportunidades si se gestionan con coordinación y capacidad institucional: apoyar sin ambigüedades una transición pacífica y constitucional, en el menor tiempo posible, con acompañamiento internacional que reduzca el riesgo de vacío de poder y violencia.

En seguridad, puede abrirse una cooperación más intensa con Estados Unidos contra el crimen organizado transnacional: inteligencia coordinada, control fronterizo con enfoque en redes (no en población vulnerable), cooperación judicial y acciones sostenidas contra narcotráfico y rentas ilícitas.

En lo económico-comercial, es probable un enfriamiento inicial mientras se aclaran reglas y condiciones de operación. La respuesta debe ser debida diligencia y gestión de riesgos, no parálisis: el sector privado puede prepararse para apoyar la recuperación bajo estándares estrictos de transparencia y cumplimiento.

Donald Trump invitó a Gustavo Petro a la Casa Blanca, durante la primera llamada telefónica entre los mandatarios, que tuvo lugar luego de amenazas de Washington de una posible acción militar contra Colombia.
Donald Trump invitó a Gustavo Petro a la Casa Blanca, durante la primera llamada telefónica entre los mandatarios, que tuvo lugar luego de amenazas de Washington de una posible acción militar contra Colombia. Foto: Fotomontaje El País

SEMANA: Las tensiones entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro pareciera que iban en aumento. La llamada de esta semana entre los dos presidentes, ¿qué cambia? ¿La tensión se mantendrá? ¿Qué esperar?

M. C. L.: La llamada entre los presidentes Trump y Petro reabre el canal directo de alto nivel y reduce de inmediato el riesgo de un escalamiento automático. Además, aporta un elemento clave: mayor previsibilidad, al instalar la expectativa de una reunión en Washington y reactivar la interlocución institucional. Esto no elimina las diferencias; más bien crea una vía realista para despresurizar el debate público y trasladarlo al terreno diplomático y técnico, donde se gestiona con mayor eficacia.

SEMANA: ¿La tensión puede persistir?

M. C. L.: La tensión puede persistir por diferencias estructurales, drogas, narrativa política, soberanía y seguridad regional, y por eso la relación ya no se estabiliza “por inercia”, sino con mecanismos: comunicación sostenida, manejo preventivo de crisis y resultados verificables.

En lo inmediato, lo prudente es evitar la diplomacia de redes como sustituto del canal oficial y concentrar la agenda en entregables concretos: seguridad fronteriza y crimen organizado, cooperación judicial, migración y estabilidad económica.

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SEMANA: Ya en el campo comercial, ¿en 2025 cómo se comportaron las exportaciones colombianas a Estados Unidos en medio de los anuncios de aranceles y las tensiones entre los presidentes Petro y Trump?

M. C. L.: A pesar del ruido político y de los anuncios arancelarios, el comercio Colombia–Estados Unidos no se frenó: en 2025 la evidencia es de resiliencia y, en varios rubros, de aceleración. Hemos logrado mantener la relación bilateral como un ancla económica —por volumen y por oportunidades— y conviene leerla con datos, no con titulares.

Con el arancel base del 10 % impuesto por EE. UU. desde el 5 de abril de 2025 (adicional a otros gravámenes, incluso con TLC), las exportaciones colombianas a EE. UU. crecieron 4 % en lo corrido del año hasta octubre, al pasar de US$ 11.963,4 millones a US$ 12.411,4 millones (Dane). El componente no minero-energético aumentó 14 %, llegó a US$ 8.053,1 millones y ya representa 65 % de lo exportado a ese mercado; en paralelo, el sector agrícola creció 30 % (enero–septiembre 2025 vs. 2024). Los subsectores con mejor desempeño incluyen café, té y especias (+73,3 %), frutas (+37,8 %) y alimentos, bebidas y tabaco (+33 %), además de avances en papel, maquinaria eléctrica, químicos y otros.

El Acuerdo de Promociones Comerciales entre Estados Unidos y Colombia, también llamado TLC, es un Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos. Aprobado el 12 de octubre de 2011 por el congreso de los Estados Unidos y en vigencia desde el 15 de mayo de 2012.
Las exportaciones colombianas a EE. UU. crecieron 4% en lo corrido del año hasta octubre, al pasar de US$ 11.963,4 millones a US$ 12.411,4 millones. Foto: Los Angeles Times via Getty Imag

SEMANA: ¿Esto qué significa?

M. C. L.: No es un tema menor: cerca del 30 % de las exportaciones totales de Colombia van a EE. UU. y, sumando exportaciones e importaciones, alrededor del 26 % del comercio de bienes de Colombia en los primeros nueve meses de 2025 se hace con ese socio; es decir, más de uno de cada cuatro dólares de nuestro comercio internacional depende de esa relación.

Ahora bien, ser francos es clave: en los frentes donde la confianza manda —inversión y turismo— se registra una caída del 15 % en el primer semestre de 2025 y una reducción de 0,8 % en turismo (enero–agosto); no hay desplome, pero sí una señal de cautela. Además, la relación se ha “narcotizado”: cuando la agenda gira a drogas y seguridad, en Washington predomina el enfoque de seguridad nacional, elevando el riesgo de un tono más duro en el corto plazo. Por eso el mensaje debe ser claro: la relación bilateral trasciende a los presidentes de turno; en ese marco, AmCham Colombia ha activado acciones para sostener estabilidad y cooperación, mientras el Gobierno debe liderar la agenda técnica para desmontar el arancel del 10 % donde aún aplica y acelerar la diversificación (hoy 72 % de la canasta ya entra sin arancel y, en la mayoría de productos, el impacto es limitado con oportunidades aún relevantes en EE. UU.).

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SEMANA: Para 2026, ¿cuál es el escenario en materia de comercio exterior, especialmente aranceles, entre Estados Unidos y Colombia? ¿Qué estimativos tienen?

M. C. L.: En 2026, el escenario más probable es de continuidad con incertidumbre, pero con una ventana clara de oportunidad para Colombia si se gestiona con diplomacia comercial y ejecución empresarial. Por eso el desafío para Colombia no es el arancel en sí, es no dejar que la guerra arancelaria se convierta en el pretexto perfecto para castigar diferencias políticas y diluir, silenciosamente, nuestra ventaja competitiva en el mercado más importante que tenemos: Estados Unidos.

En lo estrictamente técnico, el escenario base para 2026 es de continuidad del arancel recíproco (10 % sobre mercancías cubiertas, “además de” otros gravámenes) y de sus excepciones por producto, con ajustes puntuales vía anexos y guías operativas de CBP.

Con la data que hemos monitoreado —72 % de la canasta exportadora de Colombia no enfrenta arancel recíproco—, el estimativo de exposición promedio implícita sería cercano al 2,8 % (10 % aplicado sobre el 28 % aún gravado). El riesgo real es dinámico: depende de si ese 28 % se amplía o se reduce por decisiones de política comercial en EE. UU. En paralelo, se abren oportunidades en agro, algunas manufacturas, ciertas confecciones y el sector eléctrico, entre otros; pero persisten retos en los productos donde todavía no se ha logrado desmontar el arancel y competidores ya negocian con mayor velocidad o profundidad, lo que obliga a una agenda conjunta y técnica entre Gobierno y sector privado para no ceder espacio en el mercado.

La bandera de los Estados Unidos se ondea a las afueras de la Casa Blanca, en Washington D.C.
"Será de gran relevancia lo que determine la Corte Suprema de EE. UU. sobre la legalidad de los aranceles impuestos bajo IEEPA: un fallo que limite esa autoridad podría redefinir el alcance", explica María Claudia Lacouture. Foto: Getty Images via AFP

SEMANA: ¿Algún tema clave en la agenda comercial?

M. C. L.: También será de gran relevancia lo que determine la Corte Suprema de EE. UU. sobre la legalidad de los aranceles impuestos bajo IEEPA: un fallo que limite esa autoridad podría redefinir el alcance, la vigencia e incluso eventuales devoluciones, y obligar a la administración a recalibrar la política arancelaria usando otras herramientas legales.

SEMANA: ¿En qué contexto quedan los aranceles para Colombia con Estados Unidos?

M. C. L.: Los aranceles para Colombia frente a Estados Unidos quedan en un contexto de tarifa recíproca “base” del 10 % para las mercancías cubiertas por el esquema adoptado en 2025 (además de otros gravámenes que puedan aplicar), mientras que un grupo de socios enfrenta tasas país-específicas más altas bajo los anexos y actualizaciones posteriores. En la práctica, esto ubica a Colombia en una posición relativa más favorable dentro de ese régimen, pero no elimina el reto: el 10 % sigue afectando márgenes en líneas sensibles y vuelve aún más determinante competir por calidad, valor agregado, eficiencia logística y cumplimiento (reglas de origen, estándares sanitarios y trazabilidad), para sostener participación frente a proveedores que logren mejores condiciones o ventajas operativas.

SEMANA: ¿Qué tan vulnerable es la relación comercial entre los dos países?

M. C. L.: La relación comercial ha sido menos vulnerable de lo que sugiere el ruido político: tiene bases sólidas y, hasta ahora, hemos logrado separar las tensiones diplomáticas de los flujos de comercio. En lo corrido del año, y bajo las variables que EE. UU. utiliza para definir aranceles recíprocos, Colombia ha quedado fuera de los criterios que disparan incrementos país-específicos, lo que nos mantiene en el nivel arancelario más bajo dentro de ese esquema —en la práctica, el “nuevo 0 %” frente a socios con tasas superiores—. A ello se suma la respuesta del empresariado: resiliente y proactiva, sosteniendo las operaciones actuales y abriendo nuevas oportunidades en el mercado estadounidense.

Además, hay un factor estructural a favor: la complementariedad entre ambas economías. Colombia provee bienes y servicios que agregan valor a cadenas productivas estadounidenses, y esa interdependencia tiende a sostener el intercambio incluso en momentos de diferencias políticas. Por eso el mensaje central es doble: hay fundamentos fuertes, pero no hay espacio para complacencia; toca cuidar la relación con técnica, consistencia y diálogo.

 En los últimos 13 años han ingresado al país recursos por más de 20.000 millones de dólares de los fondos de capital privado, que ya suman 344.
Desde AmCham Colombia advierten que, en 2026, es razonable anticipar un escenario de cautela en la inversión extranjera directa desde Estados Unidos, especialmente en los primeros meses, por el componente electoral. Foto: getty images

SEMANA: ¿Cuál ha sido el comportamiento de la inversión extranjera directa desde Estados Unidos a Colombia?

M. C. L.: Estados Unidos se mantiene como el principal inversionista extranjero en Colombia. En 2024, la inversión estadounidense cerró en más de US$ 5.500 millones; sin embargo, en 2025 ya se observan señales de enfriamiento: hasta el tercer trimestre los flujos cayeron el 18,4 %, ubicándose en US$ 3.375,4 millones frente a US$ 4.135,8 millones en el mismo periodo del año anterior (Banco de la República). Aun con esa desaceleración, EE. UU. conserva el liderazgo y concentra alrededor del 37 % del capital que ingresa al país.

El mensaje de fondo es claro: el margen de confianza —que ya era estrecho— se está deteriorando y muchos inversionistas están pausando decisiones ante un entorno de mayor riesgo e incertidumbre, amplificado cuando la señal pública es ambigua. Para revertir esa tendencia, Colombia necesita reglas claras y estables, seguridad jurídica sin improvisación y una narrativa internacional coherente que respalde una agenda de inversión y producción de largo plazo: menos ruido y más certidumbre.

SEMANA: ¿Qué esperan en materia de la inversión a Colombia desde Estados Unidos en 2026?

M. C. L.: En 2026 es razonable anticipar un escenario de cautela en la inversión extranjera directa desde Estados Unidos, especialmente en los primeros meses, por el componente electoral y la tendencia natural de los inversionistas a posponer decisiones hasta tener mayor claridad. Al mismo tiempo, veremos capital “en observación”: empresas revisando portafolios, evaluando sectores y preparando movimientos para actuar en función del rumbo que marque el nuevo gobierno. También pueden aparecer inversiones motivadas por valorizaciones atractivas en contextos de incertidumbre.

El punto crítico es que los flujos pueden reacelerarse si la señal que emita el próximo gobierno es consistente: estabilidad macro, reglas claras, seguridad jurídica y una agenda procrecimiento orientada a productividad y apertura. Independientemente de quién gane, el reto será recuperar la confianza del principal inversor histórico del país, porque la inversión extranjera directa estadounidense es determinante para el empleo y para sectores estratégicos como infraestructura, tecnología, agroindustria y energías renovables; su recuperación será clave para sostener el dinamismo económico y la sostenibilidad fiscal.


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