El pasado 3 de enero, las fuerzas Delta del Ejército de los Estados Unidos realizaron una operación sin precedentes dentro del territorio venezolano, en la que capturaron al dictador Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
Ambos fueron trasladados a Nueva York, con el fin de que el líder chavista rindiera cuentas ante la justicia. Entretanto, Venezuela entró en una fase de “transición”, según el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró que, desde ahora, él está a cargo del país.
Juan Cruz es un alto funcionario estadounidense especializado en política exterior y seguridad hemisférica, quien se desempeñó como asesor principal del presidente Donald Trump en asuntos de América Latina y el Hemisferio Occidental durante su primera administración (2017-2019).
Asimismo, fue asistente especial del presidente y director sénior para Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, bajo la administración Trump.

Antes de su trabajo en la Casa Blanca, Cruz pasó casi 35 años como funcionario del Gobierno estadounidense, con experiencia en diplomacia y seguridad en Brasil, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú y Venezuela.
Lea la entrevista a continuación:
SEMANA: ¿Cuál es su primera impresión sobre la captura de Nicolás Maduro?
Juan Cruz (J. C.): Una operación impresionante, que va más allá de lo que estamos acostumbrados a ver en las películas. El calificativo de operación quirúrgica se debe a que deliberadamente evitó impactar a ciudadanos y a la sociedad civil, es decir, a todos los que no fueran un objetivo militar. Fue muy cuidadosa, muy precisa y extremadamente riesgosa, y cuando se asume ese tipo de riesgo es porque se está totalmente convencido de que lo que se está haciendo es correcto.
Hacía falta. Todos queremos una solución para Venezuela, pero muchas veces esperamos un milagro que resuelva el problema, y los milagros ocurren en contadas ocasiones. Esto implica tomar decisiones difíciles: no son fáciles, son arriesgadas y resultan incómodas. Sin embargo, cuando ya se ha intentado todo —y digo “todo lo que está en el menú”— y cuando nadie más, por más crítico que sea, ofrece otra solución, entonces se termina dependiendo de algo como la acción militar.

SEMANA: ¿Por qué cree que la operación no incluyó la extracción de Diosdado Cabello o Vladimir Padrino?
J. C.: El presidente Trump nunca prometió más de lo que hizo. Nunca prometió que habría un cambio en el Gobierno ni que se capturaría a otras personas. Siempre estuvo muy enfocado, porque lo que se hizo esa noche cumplió exactamente con lo que el presidente Trump se había trazado, y en eso fue siempre muy claro.
El presidente nunca dijo que iba a haber un cambio ni que iba a entregar el Gobierno. Nunca utilizó palabras como democracia, elección, oposición o transición; nunca empleó ese vocabulario que sugiere que el poder sería entregado a alguien. Al fin y al cabo, el presidente debe ser fiel a la clave de su política exterior, que es America First, y los intereses de America First son los que él ha definido hasta ahora, lo que ha sorprendido a algunas personas.
El régimen no manda. Cuando el presidente dice: “Yo estoy encargado”; lo que quiere decir es que quienes no están encargados no son ni los chinos, ni los rusos, ni los cubanos, ni los iraníes, ni el propio régimen.
El régimen, de repente, está encargado, entre otras cosas, de la represión doméstica, pero no está a cargo de su propio destino, ni de su economía, ni de su espacio aéreo, ni de su espacio marítimo, ni de las actividades mayores que tienen lugar en ese país, y el presidente lo ha dicho.
En cierta forma, existe un convenio incómodo para ambas partes, pero que beneficia a Estados Unidos al permitir cierto nivel de tranquilidad en el país, mientras se va fortaleciendo una economía que pueda soportar el regreso de los venezolanos que están en el exilio.

SEMANA: Tras la captura de Maduro, ¿hay una inestabilidad que afecte al chavismo en este momento?
J. C.: El chavismo nunca fue monolítico; siempre se ha tratado de grupos dentro del propio chavismo. Si hay algo que los ha unido, han sido las acciones militares de Estados Unidos. Y aunque existen grandes diferencias entre ellos y desconfianzas, incluso hacia quienes pudieron haber colaborado con Estados Unidos, es cierto que están cuestionando el grado de colaboración y cooperación que pueden tener con ese país: qué pueden hacer sin entregarse demasiado, sin verse como traidores a la revolución.
Eso va a ser muy difícil, porque el presidente Trump va a exigir y ellos tendrán que rendir cuentas, ya que saben que hay consecuencias.
SEMANA: ¿Usted cree que puede haber una segunda intervención militar en Venezuela por parte de Estados Unidos?
J. C.: El presidente Trump ha sido claro en que se reserva ese derecho. ¿Cómo puede manifestarse? Cuando pierda la paciencia con el régimen, cuando el régimen no cumpla, intente engañarlo o se exceda, y Estados Unidos tenga que actuar para demostrar que va en serio y recalcar lo importante que es, para Estados Unidos, que el régimen apoye y siga ese plan.

SEMANA: El Departamento de Justicia asegura que el Cartel de los Soles no es una organización real, sino que es una expresión coloquial. ¿Esta afirmación podría afectar el juicio de Maduro?
J. C.: Yo le doy la bienvenida a esa aclaración. Entre otras cosas, esto tiene dos dimensiones. La primera es que se facilita el caso en Nueva York, ya que no es necesario comprobar ciertos aspectos y se puede enfocar directamente en los cargos que se le imponen a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.
La segunda es que, cuando se utilizaba el término Cartel de los Soles, se trataba de una forma de emplear una sola palabra para simplificar la explicación de una realidad mucho más compleja.
Con ello se da a entender una asociación informal que ha existido, una corrupción aceptada y, más que aceptada, entendida. Creo que esto sirve muy bien tanto al proceso como a los objetivos del Departamento de Justicia, que son el juicio en sí contra los acusados, y además permite apartarse de un término que podría confundir a la gente.

SEMANA: ¿Cómo ve la apertura de acuerdos comerciales en materia de petróleo entre Venezuela y Estados Unidos?
J. C.: Esto forma parte de un plan para el desarrollo de la economía venezolana, que ha sido estrangulada por el chavismo. La idea es cómo recuperar esa economía utilizando una de las herramientas —de las pocas herramientas fuertes— que se tienen: fortalecerla, expandirla y modernizarla mucho más, eliminando la corrupción dentro de esa entidad que servía para forrar los bolsillos de la élite del chavismo, y enfocarse en el pueblo y en la reconstrucción de Venezuela.
Estados Unidos actúa por sus propios intereses: una Venezuela estable, que pueda manejarse por sí sola, es de interés para Estados Unidos. A través del petróleo y, me imagino, de la recuperación de otras industrias que hemos visto morir en Venezuela, es como se va a lograr ese objetivo.

SEMANA: ¿Cuál es su opinión sobre la llamada entre Petro y Trump?
J. C.: Una llamada que sirva para mejorar la relación entre ambos países es bienvenida y refleja no solo la llamada en sí, sino también la invitación al presidente Petro para que venga a Estados Unidos. Esto refleja el estilo personalista del presidente Trump y es muy consistente con su forma de relacionarse con líderes de todo el mundo con quienes existen asperezas, ya sean Xi, la cúpula religiosa en Irán, Kim en Corea del Norte, Putin u otros.
El presidente le da mucha confianza a su propia capacidad de interactuar directamente con los líderes, en lugar de hacerlo a través de mecanismos diplomáticos tradicionales y ese tipo de instancias. Si existe una oportunidad para mejorar las relaciones y encaminarlas hacia donde deberían estar, está en manos del presidente Trump.
SEMANA: ¿Usted cree que la llamada estuvo impulsada por las últimas declaraciones de Trump sobre un posible ataque en territorio colombiano?
J. C.: Desconozco los orígenes de la llamada, pero es lógico asumir una posición en la que Estados Unidos, tras haber dado un golpe rotundo, histórico y de capacidades no imaginables en Venezuela, actúe con cierta confianza y disposición para utilizar herramientas en el combate al narcotráfico y a la injusticia.
En todo ese contexto, hay que tener en cuenta que el presidente Trump y su equipo se sienten cómodos con esa postura y que, si hiciera falta en Colombia o en cualquier otro país, como ellos mismos lo han dicho, se hará.
Algunos lo han visto como una amenaza, pero lo que no entienden es que se trata de Estados Unidos defendiéndose: defendiéndose frente a un ataque contra su propia gente, a través de la exportación de una droga que está matando a sus propios ciudadanos.

SEMANA: ¿Cómo serían las relaciones comerciales y el panorama económico en esta “segunda fase” de relaciones con EE. UU.?
J. C.: Esto ofrece oxígeno para quienes hemos estado preocupados por que la situación se agrave al punto de trasladarse al ámbito comercial, golpeando innecesariamente a la economía colombiana. Es una oportunidad para tomar una gran bocanada de aire y esperar que se aproveche esta apertura, se identifique un camino hacia delante y se satisfagan los deseos de Estados Unidos de combatir de manera rotunda el narcotráfico proveniente de Colombia.










