El año 2025 estuvo marcado por las diferencias entre Donald Trump y Gustavo Petro. A las amenazas de sanciones económicas y arancelarias para Colombia, se sumaron hechos concretos como la descertificación de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y en la vinculación a la Lista Ofac, más conocida como la Lista Clinton, del presidente Petro, su esposa, Verónica Alcocer; uno de sus hijos, Nicolás Petro, y el ministro del Interior, Armando Benedetti.
Y este año nuevo parecía seguir la misma ruta, tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela que derivó en la captura del dictador Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico, y su esposa, para el posterior traslado a Nueva York.

Este hecho inició un nuevo capítulo de tensiones. Gustavo Petro rechazó la acción de Estados Unidos en el vecino país, habló del “secuestro de Maduro y su esposa”, y dijo de Trump que a causa de su “cerebro senil” le asignó el título de forajido del narcotráfico.
El mandatario estadounidense tildó a Petro de enfermo y amenazó con una operación en Colombia. “Me suena bien una operación en Colombia”, dijo.

Sin embargo, cuando los señalamientos estaban llegando a su punto más alto, se dio la llamada entre los dos mandatarios que alivió las tensiones. “Es un gran honor”, dijo Trump al revelar su conversación con el jefe de Estado colombiano, y anunció una reunión entre ellos dos en la Casa Blanca.
“La llamada entre los presidentes Trump y Petro reabre el canal directo de alto nivel y reduce de inmediato el riesgo de un escalamiento automático. Además, aporta un elemento clave: mayor previsibilidad, al instalar la expectativa de una reunión en Washington y reactivar la interlocución institucional. Esto no elimina las diferencias; más bien, crea una vía realista para despresurizar el debate público y trasladarlo al terreno diplomático y técnico, donde se gestiona con mayor eficacia”, asegura María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia.

Lo que pase en la relación con Estados Unidos no es menor: solo en el campo comercial, cerca del 30 por ciento de las exportaciones totales de Colombia van hacia ese mercado y, sumando exportaciones e importaciones, alrededor del 26 por ciento del comercio de bienes de Colombia en los primeros nueve meses de 2025 se hizo con ese socio; es decir, más de uno de cada cuatro dólares de nuestro comercio internacional depende de esa relación, según cálculos de AmCham Colombia.
Para Juan Cruz, exdirector senior de Asuntos del Hemisferio Occidental durante la primera administración de Donald Trump, la llamada entre los mandatarios “ofrece oxígeno para quienes hemos estado preocupados de que la situación se agrave tanto que termine en el campo comercial y dándole un golpe a la economía colombiana innecesariamente. Es una oportunidad para tomar una bocanada de aire y poder esperar que se aproveche esta apertura y que se identifique un camino para adelante que satisfaga los deseos de Estados Unidos de combatir rotundamente al narcotráfico proveniente de Colombia”, dijo.
Cruz recordó que la llamada refleja el estilo del presidente Trump. “Es muy consistente con su propio contacto con líderes a través del mundo con quien hay asperezas, sean Xi, o la cúpula religiosa en Irán, o Kim en Corea del Norte, o Putin, o muchos otros. El presidente confía en su propia habilidad de intercambiar directamente con los líderes en vez de usar mecanismos diplomáticos y este tipo de cosas. Si hay una oportunidad para mejorar las relaciones y encaminarlas hacia donde deberían estar, está en manos del presidente Trump”, agregó.

A su vez, Lacouture señaló que Venezuela y los venezolanos merecen democracia, justicia y futuro. “La prioridad debe ser una transición rápida, pacífica y constitucional, centrada en proteger a la población, respetar los derechos humanos y recuperar instituciones y reglas claras que den estabilidad y reactiven la vida social y económica”, afirmó.
La dirigente gremial dijo que, para Colombia, este escenario exige diplomacia prudente y pragmática, priorizando los intereses de los colombianos y el respeto por el derecho internacional: “Hay riesgos, señaló, pero también oportunidades si se gestionan con coordinación y capacidad institucional: apoyar sin ambigüedades una transición pacífica y constitucional, en el menor tiempo posible, con acompañamiento internacional que reduzca el riesgo de vacío de poder y violencia”.

No solo el campo comercial es clave en la relación. Como explica Lacouture, en inversión se registró una caída del 15 por ciento en el primer semestre de 2025, y en turismo una reducción de 0,8 por ciento entre enero y agosto.
“No hay desplome, pero sí una señal de cautela. Además, la relación se ha “narcotizado”: cuando la agenda gira a drogas y seguridad, en Washington predomina el enfoque de seguridad nacional, elevando el riesgo de un tono más duro en el corto plazo”, explica. Y agrega que el Gobierno debe liderar la agenda para desmontar el arancel del 10 por ciento donde aún aplica y acelerar la diversificación: hoy 72 por ciento de la canasta ya entra sin arancel y, en la mayoría de productos, el impacto es limitado con oportunidades aún relevantes en Estados Unidos.
“En 2026, el escenario más probable es de continuidad con alta incertidumbre, pero con una ventana clara de oportunidad para Colombia si se gestiona con diplomacia comercial y ejecución empresarial. El desafío para Colombia no es el arancel en sí, es no dejar que la guerra arancelaria se convierta en el pretexto para castigar diferencias políticas y diluir, silenciosamente, nuestra ventaja competitiva en el mercado más importante que tenemos: Estados Unidos”, dice.
Y agrega: “La tensión puede persistir por diferencias estructurales, drogas, narrativa política, soberanía y seguridad regional y, por eso, la relación ya no se estabiliza por inercia, sino con mecanismos: comunicación sostenida, manejo preventivo de crisis y resultados verificables”.

Para Brian Nichols, ex subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, la manera más eficaz de complacer a Trump es la de entrar en unos acuerdos comerciales con su administración y las empresas de los Estados Unidos.
“Estados Unidos es el mayor socio comercial de Colombia, entonces, yo creo que debiera ser fácil llegar a otros fueros comerciales, entre Estados Unidos y Colombia, y dar oportunidades a empresas norteamericanas para hacer más cosas en Colombia. Y también de demostrar que Colombia está comprometida en la lucha contra el narcotráfico y la siembra de hoja de coca”, agregó Nichols.
Lacouture explica que, en lo estrictamente técnico, el escenario base para 2026 es de continuidad del arancel recíproco (10 por ciento sobre mercancías cubiertas, “además de” otros gravámenes) y de sus excepciones por producto, con ajustes puntuales.
“También será de gran relevancia lo que determine la Corte Suprema de Estados Unidos sobre la legalidad de los aranceles impuestos bajo IEEPA: un fallo que limite esa autoridad podría redefinir el alcance, la vigencia e incluso eventuales devoluciones, y obligar a la administración a recalibrar la política arancelaria usando otras herramientas legales”, enfatiza Lacouture.
Aunque según sus cálculos la relación comercial ha sido menos vulnerable de lo que sugiere el ruido político, para Lacouture la vulnerabilidad existe y se llama imprevisibilidad: “En un entorno donde el comercio se cruza cada vez más con la agenda de seguridad y política interna en Washington, el marco puede cambiar con poco aviso y con impactos sectoriales concretos. La mejor forma de blindar la relación no es reactiva, sino preventiva: escenarios de acción, gestión técnica de riesgos y una diplomacia comercial activa que mantenga el canal económico por encima de la coyuntura”, puntualiza.










