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Caído Maduro, Trump creó un nuevo orden mundial e impuso el dominio del más fuerte. Cinco efectos, incluidos para Colombia

Al proyectarse como el Rambo del planeta, el presidente estadounidense generó júbilo, pero está creando fisuras en el ámbito internacional cuyas consecuencias son imprevisibles. ¿Qué viene?

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10 de enero de 2026, 8:49 a. m.
El mandatario exaltó la apoteósica operación militar, que calificó como “extraordinaria”, y aseguró lo que quizás fue el mensaje más poderoso de Estados Unidos.
El mandatario exaltó la apoteósica operación militar, que calificó como “extraordinaria”, y aseguró lo que quizás fue el mensaje más poderoso de Estados Unidos. Foto: Getty Images / AFP / AP

Donald Trump tuvo dos grandes aciertos la semana pasada. Por un lado, el impecable éxito de la operación militar Absolute Resolve, que logró extraer a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores de Venezuela, con un guion y éxito que ninguna película de acción norteamericana podría superar. Por el otro, la decisión no lógica, pero sí pragmática, de manejar una transición hacia la normalidad negociando un desmonte gradual del chavismo en lugar de una guerra civil con la imposición de María Corina Machado, a quien finalmente recibirá en la Casa Blanca, tras asegurar que “podría estar involucrada en algún aspecto”.

Lamentablemente, estas dos jugadas estratégicas fueron opacadas por algo que podría calificarse como el discurso más controversial de un presidente de Estados Unidos desde que se tenga memoria. Porque si bien muchos Gobiernos estadounidenses en el pasado habían defendido sus intereses en América Latina como si fuera su patio trasero, siempre lo habían hecho camuflando su principal interés y justificando su actitud “imperialista” en la defensa de la búsqueda del bien para un pueblo amigo.

Trump reivindicó la vigencia de la doctrina Monroe y bromeó que “ahora la llaman ‘la doctrina Donroe’”, con D de Donald Trump.
Trump reivindicó la vigencia de la doctrina Monroe y bromeó que “ahora la llaman ‘la doctrina Donroe’”, con D de Donald Trump. Foto: GETTY IMAGES

Nada de eso apareció en las palabras con las que Trump se dirigió al mundo en esta semana. En Mar-a-Lago, el mandatario exaltó la apoteósica operación militar, que calificó como “extraordinaria”, y aseguró lo que quizás fue el mensaje más poderoso de Estados Unidos este día: la demostración de que tienen “el mejor equipo militar en el mundo”, capaz de infiltrarse en un país por meses y derrotar a un tirano, custodiado por los cubanos y protegido del llamado eje del mal: Irán, Rusia y China.

La búsqueda de la democracia no fue el plato fuerte de las palabras de Trump, ni ese día, ni los que vinieron después. De frente, el mandatario norteamericano dijo: “Vamos a tener a las más grandes empresas de Estados Unidos y el mundo, que van a gastar miles de millones de dólares para reparar la infraestructura de petróleo y empezar a generar dinero para el país”. Días después, confirmó que las “autoridades provisionales” le entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad. A The New York Times le dijo, además, que esa extracción, al igual que su presencia en el país, podría “durar años”, y el viernes hizo una reunión televisada con los jefes de la industria petrolera. Buques norteamericanos irán a recoger el crudo y, al viernes, Estados Unidos ya había incautado cinco embarcaciones, una con una bandera rusa, aparentemente falsa, que pretendían llevar ese tesoro a otras latitudes.

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Tras esa demostración de poder y sus explicaciones, lo único que quedó claro es que Donald J. Trump es el presidente más sincero que ha habido en la historia de los Estados Unidos.

Sin embargo, esa sinceridad ha creado una controversia alrededor de lo que pasó en Venezuela que tiene al planeta entero dividido y polarizado por la verdad contada sin filtro o la quitada de la máscara que históricamente se había puesto el Tío Sam. La felicidad que hay en América Latina y en el pueblo venezolano por la caída del tirano es entendible y para nadie es un secreto que el dictador no se habría ido de otra manera. Maduro sumió al país en una catástrofe económica que trajo pobreza, corrupción e indecibles violaciones a los derechos humanos; además, produjo uno de los éxodos más dramáticos de la historia reciente, con cerca de 8 millones de venezolanos expulsados de su patria.

“Cuba está a punto de caer... Parece que se está desmoronando”.
“Cuba está a punto de caer... Parece que se está desmoronando”. Foto: AP

Pero también es entendible el debate jurídico y la preocupación de este hecho. Donald Trump, el 3 de enero en la madrugada, creó un nuevo orden mundial: el regreso al dominio del más fuerte.

El mismo Trump reivindicó esa tesis en Mar-a-Lago cuando explicó que la operación se sustentaba en “la doctrina Monroe”, impuesta por el presidente James Monroe a finales del siglo XIX, que primero sustentó la exclusión de las potencias europeas del hemisferio occidental y luego la intervención de Estados Unidos en Latinoamérica. Trump aclaró que “ahora la llaman ‘la doctrina Donroe’”, es decir, con D de Donald Trump.

Pero mucho más sincero que Trump fue Stephen Miller, el poderoso asesor encargado por Trump para liderar la transición de Venezuela. “Vivimos en el mundo real, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”, dijo en una entrevista con CNN. “Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”, agregó.

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La revista The Economist resumió así el cimbronazo que dejará entonces la captura de Maduro: “Esta incursión tiene una importancia que va mucho más allá de Venezuela. Una razón es cómo ocurrió. Fue una impresionante demostración de poder duro y sus límites. Otra es por qué ocurrió… Donald Trump afirmó que su objetivo era apoderarse del petróleo venezolano y afirmar su dominio sobre el hemisferio occidental. Y una tercera razón es cuándo ocurrió. Trump está acelerando la desaparición del antiguo orden de resoluciones de la ONU, derecho internacional y valores universales. El drama que se está desarrollando ayudará a determinar qué lo reemplazará”.

El cambio es tremendo. Estados Unidos, que manejaba el mundo por el respeto que inspiraba, la ayuda que brindaba y los consensos que generaba en el mundo, hoy lo maneja por la fuerza. Y Trump ha dejado claro que así quiere que sea.

Ya es un hecho que no será solo Venezuela. “Cuba está a punto de caer… Parece que se está desmoronando”, aseguró el presidente desde el Air Force One sobre la isla. “Vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los carteles… Los carteles están controlando México”, le dijo días después a Fox News.

“Vamos a empezar a atacar por tierra a los carteles... Los carteles están controlando México”.
“Vamos a empezar a atacar por tierra a los carteles... Los carteles están controlando México”. Foto: AFP

Antes de la llamada que les devolvió a los colombianos el alma al cuerpo, a Gustavo Petro le había mandado dos sablazos: “Colombia está gobernada por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a los Estados Unidos, y no va a estar haciendo esto por mucho tiempo”, dijo primero. Y luego, a bordo del avión presidencial, remató así: “Está fabricando cocaína y enviándola a Estados Unidos… Mantengo mi declaración… ¡Más le vale que se cuide el trasero!”.

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Al final del miércoles, Petro publicó una imagen que daba por terminada la controversia en Colombia, con el jaguar abrazado al águila calva (símbolo del poder presidencial en Estados Unidos), tras una llamada de 55 minutos con la Casa Blanca, en la cual –como reveló The New York Times– el presidente estadounidense apenas habló 15, y el colombiano el resto. Unos minutos antes, el mismo Petro narró en su discurso en la Plaza de Bolívar que sentía que el Tío Sam le respiraba en la nuca a tal punto que, cuando comenzó un rumor de que había un barco en el Caribe, pensó: “Aquí no tengo cómo defenderme, a menos que haya sirenas y salga una guardia de sirenas o algo así, una ballena azul”.

“Si no tomamos Groenlandia, van a tener a Rusia o China como vecino inmediato. Eso no va a suceder”.
“Si no tomamos Groenlandia, van a tener a Rusia o China como vecino inmediato. Eso no va a suceder”. Foto: GETTY IMAGES

Trump no solo disparó sablazos a diestra y siniestra en su patio trasero, sino que advirtió al mundo que se meterá con los de su tamaño. Al peligroso Irán, que salió a respaldar a Maduro y vive protestas internas inmensas, le dijo: “Los estamos observando muy de cerca. Si empiezan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que Estados Unidos los castigará con dureza”.

Pero más audaz que eso fue el sablazo que anunció le dará a Groenlandia y que tiene con los pelos de punta a Europa. La isla forma parte de Dinamarca, un país del Viejo Continente, miembro de la Otan. “Si no tomamos Groenlandia, van a tener a Rusia o a China como vecino inmediato. Eso no va a suceder”, dijo Trump el viernes. Antes había dicho que era claro que “Dinamarca no va a poder hacerlo (protegerla)”. En tono de burla, aseguró que el país escandinavo, buscando esa misión, apenas “añadió un trineo tirado por perros”. Como corolario de todo, aseguró también que merecía el Nobel y que Noruega estaba arrepentida de no habérselo dado. “Resolví ocho guerras grandes, salvé millones de vidas. Obama lo ganó sin saber por qué”.

Así, con su deseo de ser un Rambo planetario, el nuevo orden mundial de Trump se impone y el tsunami que pueda levantar, por ahora, es impredecible.


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