ENTREVISTA

“Me niego a aceptar que no haya salida”: José Manuel Restrepo lanza su nuevo libro y advierte 10 detonantes que tiene Colombia

El exministro de Hacienda y rector de la Universidad EIA habla de su libro ‘Al borde de la esperanza’. Asegura que él es de los que prefiere ver el vaso medio lleno. Así ve al país en este 2026.

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18 de enero de 2026, 10:54 a. m.
José Manuel Restrepo, lanza el libro 'Al borde de la esperanza'.
José Manuel Restrepo, lanza el libro 'Al borde de la esperanza'. Foto: SEMANA/CORTESIA

SEMANA: Usted escribió un libro que apunta a un sentimiento muy preponderante en este inicio de 2026 y es la sensación de crisis en que está el país. Y dice que Colombia está en una encrucijada histórica. ¿A qué se refiere?

José Manuel Restrepo (J.M.P.): Aprovechando los hechos que se han generado recientemente, yo creo que es un buen llamado lo que hace el libro. Lo primero que quisiera describir es el título Al borde de la esperanza, porque uno muchas veces está al borde del abismo, pero este libro no pretende ser una hoja de ruta desde la lógica del vaso medio vacío, sino desde la lógica del vaso medio lleno. No desde la lógica del pesimismo, sino desde la lógica del optimismo. Y habiendo dicho eso, pues el punto de partida es justamente la preocupación, no solamente en Colombia, sino en América Latina y en el mundo, de la urgencia de defender la democracia y de los riesgos que existen cuando no se defiende esa democracia.

Cuando, como ha sucedido, digamos, en América Latina, hay desconfianza institucional en los liderazgos que provienen de las democracias. Y en donde existe un desinterés, sobre todo de la juventud, casi un 70% de jóvenes no creen en la democracia y preferirían cualquier otro sistema, o en general casi un 50% de la población denigra de la democracia.

SEMANA: ¿Y eso en qué se traduce?

J.M.P.: Se traduce en el riesgo de terminar en los populismos autoritarios que no miran orilla, porque ocurren en cualquiera de las orillas. Esos populismos autoritarios se traducen en modelos de golpes de Estado. Esos populismos autoritarios tienen ataques permanentes a los pesos y contrapesos y no respetan las instituciones. Proponen reformas institucionales regresivas, coptan la justicia, ejercen censura mediática y avanzan en la construcción de procesos de polarización social. Cuando eso sucede, pues el riesgo es evidente. Y el riesgo es que, en un escenario como el que vive hoy quizás la humanidad, la posibilidad de terminar en esta forma de gobierno es gigante. Por eso, pongo de presente esa preocupación. Habiendo dicho eso, me parece que es muy importante señalar que el libro no se queda solamente en la descripción de un problema, sino que intenta dar un paso adelante.

Marcha del silencio en Bogotá, plaza de Bolívar
José Manuel Restrepo advierte que el país puede caer en "esos populismos autoritarios que se traducen en modelos de golpes de Estado". Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

SEMANA: ¿Y cuáles son esos pasos?

J.M.P.: Dos pasos, esencialmente. El primero es tratar de definir que la respuesta a ese problema es la construcción de liderazgos colectivos; así lo llamo. Los liderazgos colectivos que tienen varias características, la primera de ellas es que reconocen potencial de los países que construyen más democracia y más libertad, que están fundamentados en en valores y principios de integridad, de actuación, que generan confianza, que construyen desde lo construido, que hacen más pedagogía que demagogia, que le dan rigor al debate, que hablan con la verdad y son claros en lo que se puede y lo que no se puede lograr, que diseñan soluciones concretas, que animan propósitos compartidos, que defienden las instituciones y que recuperan el diálogo con todos, que montan narrativas de deberes y de derechos, narrativas optimistas y que construyen para adelante. Esa ha sido la característica o las características de esa forma de liderazgo colectivo. Por oposición a modelos de liderazgo, como los que hemos escuchado en Colombia, por ejemplo, de refundación, de reset, de apocalipsis, de comenzar desde cero, de destruir la confianza en las instituciones, de liderazgos mesiánicos que claramente no construyen el futuro de la sociedad.

SEMANA: ¿Su libro plantea alguna salida a eso?

J.M.P.: Ese es como el punto de partida y digo que llega en un buen momento porque hoy en la humanidad estamos viviendo estos liderazgos autoritarios, sin controles, en cualquiera de las orillas. Hay que tener mucho cuidado en distinguir hasta dónde uno puede ser condescendiente, de pronto, con algunas de sus expresiones, pero donde hay riesgos grandes para la construcción de la democracia. Lo que está incrustado en nuestro caso es que nos encontramos en medio de un escenario en el que también en Colombia hay un desinterés por el modelo democrático.

Los liderazgos mesiánicos y de refundación claramente no construyen el futuro de la sociedad.
José Manuel Restrepo

En Colombia existe una preocupación entre los jóvenes por la forma en que históricamente ha operado nuestra democracia, y porque hemos construido, digamos, una nación en la que, al haber desconfianza en una institución tan importante como la democracia, aparecen riesgos adicionales. Esto se agrava porque nuestros países enfrentan problemas estructurales profundos en términos de pobreza, inequidad, desempleo y bajo crecimiento.

SEMANA: ¿Y esta mezcla a dónde nos lleva?

J.M.P.: Cuando se combinan estas dos cosas —la desconfianza en la democracia y en las instituciones, junto con los problemas estructurales sociales— se genera un caldo de cultivo para que aparezcan modelos autoritarios: populismos de polarización, de posverdad, o incluso de necrofilia política, como dice Moisés Naím. Ese gusto por ideas atrasadas, obsoletas y fracasadas del pasado que intentan refundar las naciones o aplicar modelos de borrón y cuenta nueva, pero que al final terminan siendo, repito, populismos autoritarios o autoritarismo.

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Populismos que rechazan las reglas democráticas, que niegan al adversario, que promueven en cierta medida formas de violencia a través del odio y el resentimiento, que restringen las libertades y que aplican prácticas de adanismo, en las que nada funciona y todo debe comenzar desde cero. Yo creo que ese riesgo sí existe en un país como el nuestro, y por eso es necesario reivindicar nuevamente el modelo de liderazgo colectivo.

Ese gusto por ideas atrasadas, obsoletas y fracasadas del pasado que intentan refundar las naciones o aplicar modelos de borrón y cuenta nueva, pero que al final terminan siendo, repito, populismos autoritarios o autoritarismo.
José Manuel Restrepo

Para ello, hay que tener mucho cuidado de no atacar a los medios de comunicación, que son fundamentales para la construcción de la democracia, independientemente de que uno pueda tener acuerdos o desacuerdos con ellos; de no desacreditar a la oposición ni negar su legitimidad mediante amenazas, ya sean explícitas o veladas; de no rechazar las reglas de juego; de ser muy cuidadosos con el uso del concepto de ‘pueblo’ o del llamado poder popular como estrategia para fortalecer autoritarismos; y de no fomentar, bajo ninguna circunstancia, la violencia política. Los llamados que utilizan banderas de muerte no son positivos, porque erosionan justamente la democracia y las instituciones.

SEMANA: Su libro llega en un momento muy trascendental para la democracia de nuestro vecino país, Venezuela. ¿Cómo lee lo que está pasando?

J.M.P.: Lo que estamos viviendo en medio de la discusión sobre lo que está sucediendo en Venezuela podría llevar a pensar, erróneamente, que se trata simplemente del tránsito de una forma de populismo autoritario a otra forma de populismo autoritario.

Delcy Rodríguez
"Hay que ser muy cuidadosos en que, al final, prevalezca la democracia, y en entender que el camino de salida en Venezuela no es la transición de un populismo autoritario a otro", dice Restrepo. Foto: AP

Hay que ser muy cuidadosos en que, al final, prevalezca la democracia, y en entender que el camino de salida en Venezuela no es la transición de un populismo autoritario a otro, sino la transición hacia una democracia en todo el sentido de la palabra. En ese sentido, lo mismo que digo y propongo para Colombia me parece plenamente válido para Venezuela.

SEMANA: ¿Pero cómo lograr eso en Venezuela? Suena bastante díficil

J.M.P.: Con la misma fórmula: un liderazgo construido colectivamente, un liderazgo colectivo que genere confianza, que construya hacia adelante, que haga más pedagogía que demagogia, que diseñe soluciones concretas para lo que está viviendo el ciudadano venezolano, que anime propósitos compartidos, que defienda las instituciones y que permita recuperar esas instituciones.

Yo creo que incluso la recuperación de Venezuela pasa, en primer lugar, por la reivindicación de la democracia misma: por el reconocimiento de la oposición política, por la construcción de mecanismos que garanticen, de aquí en adelante, elecciones libres, y por una reforma de la justicia para que no siga estando cooptada por el gobierno.

Los manifestantes protestan contra la cuestionada victoria presidencial del presidente venezolano Nicolás Maduro, frente a la sede de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, el 2 de agosto de 2024. Maduro fue anunciado como vencedor en las elecciones del 29 de julio, un resultado que desafió las encuestas preelectorales, desencadenando Protestas mortales y críticas globales. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, dijo el 1 de agosto que había "evidencias abrumadoras" de que ganó el candidato de la oposición Edmundo González Urrutia. (Foto de Leonardo Muñoz / AFP)
"Se necesita la recuperación de las instituciones: las instituciones económicas, las instituciones políticas, los actores que lideran los procesos electorales, el Banco Central, la política fiscal", dice Restrepo sobre Venezuela. Foto: AFP

SEMANA: Si hay un cambio de gobierno y se va el chavismo, la persona que recibe el país encontrará una catástrofe.

J.M.P.: Por eso, quiero enfatizar que hay un segundo elemento clave. Se necesita la recuperación de las instituciones: las instituciones económicas, las instituciones políticas, los actores que lideran los procesos electorales, el Banco Central, la política fiscal.

En tercer lugar, es fundamental recuperar la capacidad productiva del país, y eso implica generar reglas de juego claras y confianza para los sectores productivos, de manera que puedan continuar produciendo o recuperar su producción. Reglas claras en el comercio internacional y en el comercio local, sin intervenciones arbitrarias en los precios. Eso es clave.

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Finalmente, se requiere también un esfuerzo serio en materia de política social efectiva que permita recuperar lo perdido en términos de pobreza, inequidad, desempleo y en la destrucción de los sistemas de salud y de bienestar social. Todo esto se vuelve fundamental, pero para lograrlo, como lo he señalado, es indispensable recuperar las instituciones.

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"Veo a los jóvenes cansados: cansados de que la salida sea siempre caudillista, cansados de la corrupción, cansados de la desesperanza", asegura Restrepo. Foto: Getty Images

SEMANA: Volvamos a esa hoja de ruta que usted describe en el tercer capítulo del libro. ¿Qué cosas concretas propone?

J.M.P.: Como lo he dicho abiertamente, lo que busqué con el libro fue presentar la posición no de un académico distante ni la de un político en acción, porque no soy ni lo uno ni lo otro. Soy un ciudadano que ha vivido la crisis del liderazgo, que ha visto la resiliencia del país en medio de la pandemia, que ha escuchado a los jóvenes que, con razón, desean más, y que ve una confluencia peligrosa, una tormenta perfecta que se está gestando: una crisis fiscal, bajo crecimiento, debilitamiento de las instituciones, pérdida de control territorial por la inseguridad, una amenaza energética y un retroceso social en salud, educación y vivienda.

Yo creo que sí hay salida, y por eso propongo esa hoja de ruta.
José Manuel Restrepo

Veo a los jóvenes cansados, cansados de que la salida sea siempre caudillista, cansados de la corrupción, cansados de la desesperanza que se les imprime desde el odio y el resentimiento, del antiejemplo en valores de liderazgo, de la camorra permanente entre los líderes políticos. Y por eso no me resigno a creer que no haya salida. Yo creo que sí hay salida, y por eso propongo esa hoja de ruta.

SEMANA: Hábleme de esos 10 puntos que usted enuncia en su libro.

J.M.P.: Sí. La hoja de ruta identifica diez detonantes o fuerzas en las que el país debe mejorar. El primero es el detonante en materia de seguridad: recuperar la autoridad legítima del Estado y de la Fuerza Pública en todo el territorio.

Soldado
El primer detonante para Colombia, según Restrepo, es la seguridad: recuperar la autoridad legítima del Estado y de la fuerza pública en todo el territorio. (Foto de Sebastian Barros/NurPhoto vía Getty Images) Foto: NurPhoto via Getty Images

También está la lucha frontal contra la producción de coca, por todos los medios, desde la perspectiva de la demanda, pero también desde la oferta, con una respuesta integral que incluya desarrollo rural, inteligencia, justicia, entre otros elementos. Veo igualmente un detonante clave en materia fiscal.

SEMANA: ¿En qué sentido?

J.M.P.: La crisis fiscal que se está gestando es gigantesca. Es necesario volver a cumplir la regla fiscal, reducir de manera estructural el tamaño del Estado y recoger lo que hoy está servido sobre la mesa en términos de exenciones, evasión y corrupción. Hay recursos significativos que podrían recuperarse si existiera un esfuerzo real para controlar estos problemas. Se requiere una nueva institucionalidad, con un comité autónomo de regla fiscal fortalecido y con verdaderos dientes, que permita evitar excesos en proyectos de ley y actos legislativos en materia fiscal, y que impida que la política fiscal se convierta en una política irresponsable.

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Veo también un detonante en la urgencia de construir una nueva dinámica de crecimiento, con una gran transformación productiva que aproveche sectores como la agrotecnología, los servicios basados en conocimiento, el turismo sostenible, las energías renovables no convencionales, las industrias 4.0, y que fortalezca la participación de Colombia en la quinta revolución industrial y su capacidad emprendedora.

Existe además la urgencia de fortalecer —o recuperar— las capacidades del país: las capacidades productivas de la micro y pequeña empresa, y las capacidades de talento humano. Jóvenes que hoy no estudian ni trabajan deben convertirse en jóvenes que sí estudian o sí trabajan, que le aportan al país y cuyo potencial puede y debe liberarse. Ahí hay una oportunidad enorme.

SEMANA: Usted también habla de otros indicadores, no necesariamente económicos que deben mejorarse.

J.M.P.: Sí, porque hay otros detonantes fundamentales. Por ejemplo, la recuperación de una dimensión ética del país, la lucha contra la corrupción y la promoción de la integridad en las formas de actuación. Creo que la tecnología puede aportar de manera importante en esa dirección.

Las regiones deben convertirse en el verdadero motor de la transformación del país. Esto implica fortalecer la descentralización territorial, pero una descentralización fiscalmente inteligente. La nueva ley de competencias podría ser un camino si se diseña bien, no como está planteada actualmente.

También es necesario transitar de la tiranía de la mediocridad al valor del mérito: reconocer la importancia del mérito de quien estudia, de quien trabaja, de quien se esfuerza, de quien genera empresa. Al mismo tiempo, Colombia debe recuperar un nuevo protagonismo en el mundo en temas como biodiversidad, transición energética, seguridad alimentaria, talento joven y emprendimiento, y construcción de paz territorial. A la diplomacia hay que devolverle su carácter profesional.

SEMANA: ¿Usted es siempre así de positivo?

J.M.P.: Sí. Me parece que Colombia puede jugar un papel muy importante abriendo nuevas oportunidades, por ejemplo, con mayor fuerza en el Pacífico. Y cuando hablo del Pacífico no me refiero únicamente a Corea. Hay que hacer un esfuerzo serio con Japón, Indonesia, Malasia, India y, por supuesto, con China. Ese es un esfuerzo que hay que asumir de manera activa.

SEMANA: En su libro dice algo bonito y es que la gratitud es una forma de felicidad. ¿Cómo ha vivido eso?

J.M.P.: Efectivamente, hay muchas razones por las cuales se puede alcanzar la felicidad. Yo tengo una conferencia sobre este tema y he llegado a la conclusión de que existen razones fundamentales que explican por qué las personas logran ser felices.

Las sociedades deberían perseguir no solo el producto interno bruto, sino también la felicidad interna bruta
José Manuel Restrepo

Lo digo, entre otras cosas, porque en mi rol de educador estoy convencido de que la educación no puede seguir centrada únicamente en el objetivo, el dato, el indicador, el número, el ranking o la nota. La educación debe ocuparse también de lo subjetivo: de cómo contribuye a formar integridad, felicidad, responsabilidad y compromiso. La búsqueda de la felicidad, además, está profundamente ligada a lo que las sociedades deberían perseguir: no solo el producto interno bruto, sino también la felicidad interna bruta.

SEMANA: ¿Y cómo se logra eso?

J.M.P.: El logro de la felicidad, desde mi perspectiva, se alcanza a través de tres mecanismos. El primero es la esperanza: mantener viva la convicción de que siempre hay un mejor camino hacia adelante. Si se pierde la esperanza, se pierde también la felicidad. El segundo son las buenas relaciones humanas. En la medida en que las sociedades construyen relaciones más sanas, también se vuelven sociedades más felices. Lo mismo ocurre con las empresas: cuando al interior existen buenas relaciones humanas, son organizaciones más felices. Y el tercero es el agradecimiento que usted me menciona.

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"Estoy profundamente convencido de que la gratitud —recibirla y darla— es una de las formas más poderosas a través de las cuales los seres humanos alcanzamos la felicidad" Foto: Getty Images

Estoy profundamente convencido de que la gratitud —recibirla y darla— es una de las formas más poderosas a través de las cuales los seres humanos alcanzamos la felicidad. Por eso hago especial énfasis en este tema, porque, en el fondo, este libro es una manera de expresar gratitud hacia una sociedad que me ha brindado una enorme cantidad de oportunidades que muchos otros no han tenido.

Para mí, escribir este libro ha sido un motivo de felicidad y una expresión de agradecimiento por todo lo que esta sociedad me ha entregado. Mi compromiso con él fue intentar devolverle una parte de lo que recibí, y ese acto, reitero, es también lo que me hace un ser más feliz.


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