En 1968, mientras los jóvenes franceses gritaban "prohibido prohibir", en Praga se desarrollaba una rebelión que terminó _al cabo de los años_ llevando a la tumba al imperio soviético, con su muro de Berlín, su Pacto de Varsovia y todas las dictaduras del Este europeo. Contemporánea con el mayo francés, la 'Primavera de Praga'pasará a la historia como un movimiento político, social, económico y cultural en cuyo germen estaban todos los factores que condujeron al final del 'mundo socialista'.
Los intelectuales, obreros y estudiantes checos fueron la vanguardia del profundo descontento de Europa del Este contra el régimen soviético. Su rebelión comprende los ocho meses que van desde enero hasta agosto de 1968, que coinciden con el corto período en que Alexander Dubcek ocupó la secretaría general del Partido Comunista de Checoslovaquia después de haber forzado la renuncia de Novotni, hasta ese momento máximo dirigente del país. A la cabeza de un grupo de reformadores, Dubcek inició una serie de cambios que amenazaban con romper la estabilidad del monolítico bloque soviético.
En abril el pleno del Comité Central del Partido Comunista tomó decisiones que sacudieron al campo socialista. Dubcek proclamó "el socialismo con rostro humano", iniciando reformas económicas y políticas liberalizantes, precursoras, sin duda, de las que emprendió Mijail Gorbachov 20 años después en la propia Unión Soviética. Se eliminó la censura, se suprimieron las prohibiciones para viajar al extranjero, se rehabilitó a las víctimas de la represión stalinista y se autorizó el debate dentro del partido. Más de 100.000 funcionarios fueron destituidos, se dio libertad a los pequeños partidos, se desbarataron los sindicatos oficiales y se autorizó el surgimiento de grupos juveniles, culturales, políticos y sindicales.
Las reformas fueron respaldadas por los llamados eurocomunistas, encabezados por el italiano Enrico Berlinguer y el francés George Marchais. Y lo mismo hicieron Tito, en Yugoslavia, y Ceaucescu, en Rumania. Otra, sin embargo, fue la actitud de los gobiernos comunistas de Alemania Democrática, Polonia, Hungría, Bulgaria y, por supuesto, la Unión Soviética. Para ellos era necesario parar tanto atrevimiento. Reunieron sus tropas y el 21 de agosto cruzaron las fronteras checoslovacas y se dirigieron hacia Praga, poniendo fin a la primera gran rebelión interna del mundo comunista.
Sueños y límites
La 'Primavera de Praga' fue el mayo del Este europeo, el florecimiento abrupto de las ideas, los pensamientos, la cultura, el arte y los movimientos políticos en un mundo cada vez más cerrado. Y aunque la polémica sobre la calificación de los hechos de 1968 continúa hasta hoy _una 'revolución intelectual' en la que los intelectuales actuaron como una fuerza decisiva; un movimiento de reformas para "desarrollar el sistema socialista", como decían los documentos oficiales del Partido Comunista; una "verdadera revolución con el objetivo de cambiar cualitativamente todo nuestro sistema", según el comunista eslovaco Kusy_, nadie niega el impacto que tuvo en los acontecimientos futuros.
Si bien es cierto que los protagonistas de esta 'revolución' o 'gran reforma' no se proponían todavía reemplazar al socialismo por el capitalismo y que todo lo que querían era reformarlo, darle un 'rostro humano', lo cierto es que su fracaso demostró la incapacidad de reformar el sistema por dentro. Como dice el conocido historiador húngaro Jan Petula: "La intervención de los cinco países del Pacto de Varsovia enterró la posibilidad de construir el 'socialismo con rostro humano'... El año 1968 significó la terminación brutal de las esperanzas de que los partidos comunistas pudieron encabezar los movimientos de reformas acordes con las aspiraciones de la inmensa parte de cada sociedad".
Castillo de naipes
A partir de entonces los reformadores entendieron que había que buscar otros caminos. Y así lo hicieron años después los polacos, que a diferencia de los checoslovacos no se propusieron reformar al Partido Comunista, sino reemplazarlo. Después de una década de permanentes huelgas los trabajadores polacos fundaron en 1980 el sindicato Solidaridad, dirigido por el legendario Lech Walesa, como una organización totalmente independiente de las estructuras comunistas, bendecida por la Iglesia Católica y seguida por la mayoría de la población. En 1989 Polonia fue el primer país de Europa del Este que se sacó de encima a su dictador, Jaruselski, llevando a Walesa al gobierno.
El ejemplo de Polonia se propagó como un reguero de pólvora. En ese verano infartante de 1989 los jóvenes de Alemania Oriental utilizaron las vacaciones para romper los muros de su prisión, evadiéndose hacia Alemania Occidental por las fronteras de Checoslovaquia, Hungría y Polonia. Y en la histórica noche del 9 de noviembre treparon el temido muro de Berlín y empezaron a derribarlo con picos y manos, soldándose en un festival de locura colectiva con sus hermanos occidentales y sellando la unidad alemana, perdida desde 1945.En diciembre la 'revolución de terciopelo' puso fin a la ocupación de Checoslovaquia. Con velas en las manos los jóvenes de ese país liberaron a los héroes de la 'Primavera de Praga' y el conocido dirigente de los intelectuales opositores de 1968, Vaclav Havel, fue llevado luego a la presidencia. Y la marejada continuó con la estrafalaria monarquía Ceaucescu, de Rumania, y el régimen de Zhivkov en Bulgaria.
La Unión Soviética, entre tanto, contemplaba impotente la destrucción de su imperio. Las rebeliones nacionales y las huelgas mineras de 1989 y 1991 le quitaron el piso a Mijail Gorbachov, que pretendía repetir trasnochadamente la quimera de Dubcek. Tras el fracasado golpe de Estado del 21 de agosto de 1991 Gorbachov renunció y la Unión Soviética se desbarató como un castillo de naipes.
Nuevos retos
Han pasado 30 años desde la precursora 'Primavera de Praga' y casi 10 desde que el terremoto popular derribó muros, fronteras y dictaduras para iniciar una nueva era. Europa ya no se divide en Este y Oeste. Alemania tampoco. Pero la calma está lejos de haber llegado al viejo territorio. Hay 19 países nuevos. Y se suceden las guerras: Bosnia, Kozovo, Chechenia, Tadjikistán. El muro totalitario ha desaparecido pero una nueva barrera divide a los pueblos del ex campo socialista. Por un lado, los países prósperos, como Polonia, Hungría, Chequia y Eslovenia, pretendientes al club de la Comunidad Europea. Por el otro las naciones más pobres y atrasadas: las repúblicas ex soviéticas, Albania, Rumania, Bulgaria.
europa Oriental es hoy una mezcla de libertades conseguidas con sangre y de nuevas pobrezas, nuevos conflictos, nuevos peligros, nuevos retos. Pero el espíritu de las jornadas de Praga, Berlín, Budapest, Kuzbass y Gdansk continúa animando a los jóvenes de la Europa de hoy.








