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| 9/21/2009 12:00:00 AM

Ad Infinitum, ad nauseam

Ad Infinitum, ad nauseam Ad Infinitum, ad nauseam
La pregunta nacional ya no es para dónde vamos, sino a dónde hemos llegado. Y la respuesta es que el país naufragó, sin remedio, entre la tempestad del narcotráfico, el ciclón de la violencia y el fango de la corrupción, tres plagas legales que, aquí se instalaron para quedarse. Cierto, todavía hay almas candorosas que, contra toda evidencia, persisten en hablar de paz, de justicia, y de renovación del Congreso, pero la realidad es terca hasta la obstinación sobretodo porque los problemas nunca se resuelven, sino que se resaltan en una cadena de males que termina reventando en tragedias sin fin. Por eso, Tirofijo llegará a la edad de Matusalén y al cura Pérez lo ordenarán cardenal en el Caguán y en el año 2011 Carlos Castaño cometerá masacres, ya no de 10 ó 20, sino de a quinientos campesinos, y en 2020 estaremos pagando el cuadragesimoquinto bono de guerra para las Fuerzas Militares puedan comprarle por quincuagésima vez a la Mona Jaller binóculos infrarrojos para detectar de noche racimos de guerrilleros en el Urabá, y el nieto de Julio César Guerra Tunela será presidente de la República y desde Palacio seguirá promete que promete, para siempre jamás. Que de tanta promesa incumplida fue como de la escopeta de León María Lozano, El Cóndor; se saltó al bandolerismo de Sangre Negra, que cuajó en las FARC y el ELN, que empezaron tomándose pueblos y terminaron derrotando al Ejército y consolidando el conglomerado del secuestro; y la marihuana de la Sierra Nevada dio el salto a los paramilitares de sierra eléctrica, y los carteles del narcotráfico abrieron el caudal al enriquecimiento ilícito generalizado de autoridades contralores y legisladores; y dentro de los aristocráticos directorios liberales y conservadores, se fueron alimentando demócratas insobornables, servidores de la verdad, apóstoles del progreso, obreros de la paz, como Julio César Turbay, Ernesto Samper, Heyne Mogollón, Roberto Gerlein, J.A Name Terán, Carlina Rodríguez y su entrañable cuñada Martha Catalina Daniels.

¿Qué cuál ha sido la respuesta oficial para frenar esta avalancha de corruptos? Bueno, primero se pobró el recurso de los bombardeos con bombas, pero recientemente se ha impuesto otra variación de bombardeos: el de los discursos mentirosos, los engaños deliberados y el cinismo más tortuoso.

¿Qué si ha servido de algo? Sí, ha servido para demostrarle al mundo que Colombia se quedó por fuera del club de países que estarán a la vanguardia del siglo XXI, no como potencia, claro, pero, al menos, como un país al cual el club de las naciones ricas no mire como una nación apestada, en cuarentena vetada, crónicamente descertificada, sin esperanza de pacificarse y sin capacidad a enderezar su destino porque sufre del vicio histórico de sumar problemas y porque se ha especializado en convertir las heridas en llagas y las llagas en gangrena. Es que en la hora de ahora la única certeza que tenemos es que ya en el futuro tenemos los males presentes.

- ¿Quee si soy una pesimista atormentada? No. Y la prueba es que pienso que podría ser peor. Por ejemplo, no creo que aquí desembarque una cuadrilla de talibanes, esos islamitas de Afganistán que prohíben a las mujeres trabajar y estudiar. Me parece algo improbable que, en este suelo nuestro, se establezca una sucursal de islamismo chiíta iraní, que prohíbe a las mujeres hasta montar en bicicleta; y no creo que el Ejército Republicano Irlandés esté considerando enviar una representación guerrillera al Magdalena Medio para trasplantar esa guerra imparable entre protestantes y católicos. También podemos estar casi seguros de que aquí no se establecerán las milicias que operan en Montana y que jamás habrá en Colombia grandes dragones del Ku-Klux-Klan; mi optimismo es tal que llega a abrigar la esperanza de que si al señor Serpa le cae su Mónica Lewinski o al señor Pastrana su Jennifer Flowers, la televisión nacional jamás durará medio año debatiendo si las cosas ocurrió debajo del escritorio presidencial, en la cocina de Hato Grande o en la piscina del Fuerte de Manzanillo. Ad Infinitum, ad nauseam.
 
*Publicado en Revista Credencial el 9 de abril de 1998. Tomado del libro 'De parte de los infieles' de Silvia Galvis


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