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Rebusque en tiempos de la pandemia: la otra tragedia del coronavirus

Como el negocio del reciclaje no da mucho dinero estos días, Miguel Montaño ha improvisado otras labores, como barrer andenes, cuidar carros y pasear mascotas. Mientras, sus hijos y su esposa se quedan en casa.

Mientras en las calles de Bogotá impera la soledad en estos días de cuarentena, cientos de personas recorren la ciudad en busca de sustento diario. Salen de sus casas asumiendo el riesgo de contraer coronavirus o morir de hambre.

Es la historia de Miguel Montaño y su esposa, María Patricia Restrepo, una pareja de recicladores que continúa su trabajo a diario en una época que está siendo especialmente difícil para su negocio.

“Trabajamos diariamente, pero por esta época no hay dónde trabajar y nos ha ido muy mal. Nos han prometido mercados, pero nadie nos ha llevado nada”, cuenta a SEMANA Miguel, quien viste de camisa blanca y jean mientras tira de una carretilla de dos ruedas donde se resguarda su cónyuge en su recorrido por el centro de la ciudad.

Su historia es la misma de muchos otros. Sin afiliación a alguna EPS o al Sisbén, confía en que Capital Salud lo atienda en caso de enfermarse: “A mi esposa hace poco le hicieron una cirugía de cadera y quedó muy bien. Vamos a ver qué podemos hacer”.

Pese a los días difíciles, Miguel no pierde el optimismo. “Estamos saliendo a ver qué rebuscamos, nos toca pedir en las casas una libra de arroz, una panela, cualquier cosa para no dejar morir el hogar”, cuenta este hombre que, sin guantes ni mayor protección que un tapabocas blanco, se expone en las calles de la capital para seguir velando por su familia.

Una de sus mayores preocupaciones, además de la comida que procura llevar a su mesa, es el pago del alquiler del lugar donde vive. Aunque la mujer que le cobra le dio un periodo de gracia hasta el 13 de abril, fecha en que terminaría la cuarentena, le advirtió que si la medida se extiende más días deberá conseguir los $17.000 diarios igual que antes.

“Si la cuarentena se alarga, desde ese día nos toca bregar a conseguir el dinero. Ella nos dijo que no podía soportar más eso”, dice preocupado.

En el lugar donde vive, cuenta, “hay mucha gente que tiene niños y son pobres, la mayoría gente venezolana” que viven una situación similar a la suya.

Como el negocio del reciclaje no da mucho dinero estos días, Miguel ha improvisado otras labores, como barrer andenes, cuidar carros y pasear mascotas. Mientras, sus hijos y su esposa se quedan en casa.

Bajo a la plaza, llevo una lonita para lo que la gente me quiera regalar para poder pasar el diario, ya lo que es el arroz y la panelita me toca al norte”, cuenta este hombre antes de continuar su camino con la frente en alto y tirando de su carretilla.

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