Juntos por la reconstrucción

Las lecciones que dejó la reconstrucción del Eje Cafetero para enfrentar la emergencia

Quienes lideraron la reconstrucción del Eje Cafetero después del terremoto de 1999 reconocen que hemos aprendido a reaccionar a los sismos y hoy las estructuras son más resistentes. Aquí comparten algunas claves para el proceso que comienza.

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8 de septiembre de 2026 a las 2:27 p. m.
Mientras que en el terremoto de 1999 en Armenia se registraron 27 víctimas fatales, el sismo del pasado 10 de agosto solo dejó una.
Mientras que en el terremoto de 1999 en Armenia se registraron 27 víctimas fatales, el sismo del pasado 10 de agosto solo dejó una. Foto: Pedro Ugarte - AFP

Cuando Luis Carlos Villegas sintió el terremoto del pasado 10 de agosto, mientras conducía por carretera junto a sus nietos, supo que estaba ante una catástrofe. Corroboró su impresión luego de conocer la magnitud, 7,4 en la escala de Richter, y de encontrarse con que un pedazo de su casa en Pereira se cayó justo donde su esposa estaba desayunando antes de evacuar. Aunque los daños fueron solo materiales, el susto fue grande.

Es tal vez lo más duro que he vivido en materia de terremotos”, aseguró el exministro de Defensa y exembajador de Colombia en Estados Unidos.

Y si hay alguien que conoce de sobra el impacto de un terremoto es él. No sólo porque ha vivido siete sismos de gran magnitud, mayores a 6 en la escala de Richter, sino por su gestión como presidente del Fondo para la Reconstrucción y el Desarrollo Social del Eje Cafetero, creado después del terremoto de 1999. Este abogado y economista pereirano de 69 años ve con buenos ojos la rápida gestión del Gobierno hasta ahora, así como el nombramiento del empresario Jaime Uribe como gerente del Fondo Milagro para la reconstrucción. Según Villegas, la reconstrucción puede tomar como referencia el Forec bajo un modelo similar, pero actualizado a estos tiempos.

La primera enseñanza que dejó la recuperación en 1999 es que todo hay que hacerlo con la gente. La persona que está debajo de un plástico en un albergue sabe más que cualquier experto sobre qué necesita su familia y lo que se requiere para volver a tener un techo. Lo segundo es que los niños deben regresar a las aulas y tener otra vez contacto con sus maestros y amigos, así sea bajo carpas, y salir de la sensación de emergencia lo más que se pueda”.

Villegas, quien también fue gobernador de Risaralda y presidente de la Andi, destacó como tercera lección garantizar que la calidad de las viviendas e infraestructura pública sea mejor y más moderna que antes del terremoto. Otro aprendizaje es acercar los recursos para que la gente los audite y no se pierdan. Y, finalmente, dar subsidios transversales con la menor tasa de interés posible. “Nosotros cometimos el error de creer que los créditos eran la solución, pero descubrimos a las siete semanas que nadie quería tomarlos porque la situación económica de los afectados era precaria”.

La gestión de casi tres años del Forec contribuyó a reducir la vulnerabilidad de la región ante futuros terremotos. Y las cifras de Armenia respaldan este resultado. En 1999 fue la ciudad más afectada por el terremoto del Eje Cafetero: 27 personas perdieron la vida y los daños materiales fueron millonarios. En el sismo del pasado 10 de agosto, que fue mucho más fuerte, solo se registró una víctima fatal. “Hemos aprendido a reaccionar a los sismos y las estructuras han mejorado”, agregó Villegas.

Everardo Murillo, exgerente del Forec, coincide con su opinión. “Gracias a todo lo que hicimos salvamos muchas vidas ahora y Armenia es la demostración”, dijo el quindiano, quien también ha sido clave en la reconstrucción de más territorios afectados por desastres naturales como Providencia y Córdoba. En el Eje Cafetero, a partir de una sólida aplicación del plan de ordenamiento territorial, una figura poco usada en la época, “financiamos los estudios de amenazas sísmicas y los análisis de suelos, y nos actualizamos en ley de sismorresistencia”.

La ruta para esta emergencia, según Murillo, está trazada desde entonces. “El Gobierno actual va a tener que decidir rápidamente sobre lo nuevo que haya que construir y cómo se repara si es que los terrenos lo permiten. De lo contrario, debe pensar en un reasentamiento y dónde hacerlo. En la época del Forec hicimos diez reasentamientos de barrios. Fue muy complejo. Lo positivo es que antes no existía la tecnología de ahora que va a acompañar las decisiones de este proceso para acelerarlo”, añadió.

¿Qué se puede hacer mejor?

Murillo no duda: “Los estratos 3 y 4 se vieron muy afectados, sobre todo en Pereira, Cali y Manizales. ¿Cuál va a ser el acompañamiento que van a tener estas personas que no tienen cómo endeudarse? Muchas veces todo lo que hacemos está dirigido a gente vulnerable y trabajamos unidos por los estratos bajos. Y eso está bien, pero ¿y el que tenía algo cómo reconstruye su vida? Hay que pensar en un subsidio para ellos con otro tipo de tecnología financiera”, señaló.

También hay margen de mejora en las normas sismorresistentes. En eso coincide Uriel Orjuela, quien trabajó en el Forec y fue presidente de la Sociedad de Ingenieros del Quindío.

Tras el terremoto de Popayán en 1983 nació la primera norma sismorresistente del país que fue actualizada en 1997. Y producto del terremoto de Armenia, salió otra norma. Y ojalá con este sismo se introduzcan más variables”.

Según Orjuela, cada evento ha mostrado nuevos caminos a seguir en materia de construcción. El de Popayán dejó enseñanzas sobre la restauración del patrimonio histórico como las iglesias centenarias, mientras que el de Armenia puso en evidencia problemas como edificaciones de altura con tanques en el techo o casas con viga canal.

Y el más reciente sirve como invitación a adaptar las lecciones del pasado a la tecnología actual, incluyendo viviendas antiguas, como las de los pueblos de bahareque con tejas de barro que piden ser reacondicionadas con materiales más livianos y priorizando seguridad sobre estética.

En general, todos los eventos desde los años noventa han mostrado las debilidades de edificaciones que no se actualizaron en normas sismorresistentes, que se remodelaron descuidando la estructura vital o que desde un principio se levantaron sin supervisión técnica idónea ni estudios de suelos o diseño de cimentaciones.

Uno puede usar ladrillo, concreto, acero o lo que sea. Lo más importante es que los materiales sean certificados en calidad y bien usados”, añadió Orjuela. “No hay que vetar ningún sistema estructural que esté dentro de la norma, sino trabajar con rigor para que quedemos cada vez mejor librados en términos de vidas salvadas”.

El objetivo es edificar construcciones que permitan ser evacuadas a pesar de la magnitud del sismo. “Pensar en una obra que no sufra ni una sola grieta en un súper terremoto es imposible. Hay que preparar edificaciones para que la estructura no se caiga. Y para eso es vital trabajar apegados a la norma”, añadió Orjuela.

La reconstrucción también debe pensarse previendo un próximo sismo de esa magnitud o incluso peor. Luis Carlos Villegas insiste en ello, no con espíritu alarmista sino preventivo. “Hay que seguir haciendo ajustes a las normas sismorresistentes por lo menos cada diez años para que se salven cada vez más vidas”.