Especial Cartagena y Bolívar

‘Nosotros, 172 años después’: 100 fotografías que exaltan la diversidad de colores, razas y formas que componen al Caribe

En Nosotros, 172 años después, la artista cartagenera Ruby Rumié reunió a 100 personas del Caribe colombiano en una obra fotográfica que pone en evidencia la pluralidad de colores, razas y formas de este territorio.

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26 de mayo de 2026 a las 8:00 p. m.
Nosotros, 172 años después. Jhon Narvaez, actor y artista visual.
Nosotros, 172 años después. Jhon Narvaez, actor y artista visual. Foto: Ruby Rumié

Viene de un itinerario apretado: Nueva York, Miami. Acaba de presentar en NH Gallery, en el ecléctico distrito de Chelsea, una muestra de ¿Cómo están los niños?, su obra más reciente, que inauguró primero en Cartagena. Y hace no mucho que aterrizó en Miami para cumplir otros pendientes. Tanto ajetreo, sin embargo, no le impide rumiar sobre su próximo movimiento: la pregunta –la génesis de cualquier expresión suya–, dijo, ya está instalada adentro, pero no revelará nada más. Es costumbre. Descubre algo que la trastoca –un papel olvidado, un accidente, una omisión– y enmudece. Luego el tiempo se encarga de hacer lo suyo.

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Qué decir… Primero hay que detenerse a verlas: 100 fotografías con 100 figuras del Caribe colombiano. Todas, al mismo tiempo, tan disímiles y tan parecidas: la cándida sonrisa de una mujer que corona su cabeza con una mata de mango; la mirada avasallante, soberbia, de un hombre, José, que mira a la cámara de perfil con el cuerpo arropado por unos largos frutos verdes; un niño, tímido o nervioso, con sus ojos huyendo del lente y los frutos cayendo de sus cabellos como si él mismo fuera la raíz; o la otra mujer, la del cabello negro y crespo, frondoso, que modela una corona de ajíes con una mirada picante que dice: “Aquí estoy, aquí me quedo”.

“Detrás de la cámara fue que vi el crisol de colores, de rostros, de figuras, que somos nosotros. Hay blancos, pecosos, pelirrojos; hay trigueños, de pómulos altos, de pelo azabache. Es impresionante. Unos parecen árabes, otros, italianos. Somos inabarcables”, rememoró Rumié.

Ruby Rumié
Nosotros, 172 años después. José Caballero, vendedor. Foto: Ruby Rumié

Para llegar a ese momento –el telón de fondo, las coronas, la revelación–, Ruby Rumié sintió antes, mucho antes, un leve escozor. Y mientras las revueltas del estallido social de 2021 daban origen a imágenes escalofriantes en Cali –la gente armándose–, una uña filosa la empezó a arañar por dentro: “Me impresionó muchísimo el odio entre los colombianos, de los policías hacia los manifestantes, y viceversa. Era un odio palpable”. La idea fue inminente: “Tuve que investigar”.

Entonces no sabía que la obra se llamaría Nosotros 172 años después ni que la expondría en el Museo de Arte Moderno de Cartagena ni que se volvería libro y ganaría un premio, el Indigo Design. Entonces en sus manos solo tenía las 151 láminas de la Comisión Corográfica, unas acuarelas del siglo XIX a las que llegó por casualidad y que describen los paisajes y las costumbres de Colombia, pero en las que el Caribe no existía: “Y me fasciné. Me fascinó el desplazamiento que hicieron. Pero fue como encontrarse con un álbum familiar, ver a tus primos y de repente preguntarte… ‘¿Pero dónde estoy yo?’”.

Ruby Rumié
Nosotros, 172 años después. Rafael Bossio, fotógrafo. Foto: Ruby Rumié

Un breve repaso. Hechas entre 1850 y 1859 con Agustín Codazzi a la cabeza, estas acuarelas formaban parte de un proyecto cartográfico que quería retratar el paisaje cultural del país. Pintaron ríos, pintaron montañas, pintaron hombres con ruana y sombrero. “Era un proyecto súper ambicioso: llegaban con mula o chalupa, con todos los obstáculos. Muchos llegaron al Pacífico y murieron. De hecho, Agustín Codazzi llegó a una población cercana, a un pueblito que se llamaba Espíritu Santo, y murió allí. Entonces le cambiaron el nombre a Codazzi”. Los demás siguieron, pasaron por el Caribe y trazaron el mapa, las líneas, pero nunca lo pintaron.

Nosotros, 172 años despues Fotografías con láminas intervenidas de 64 participantes
Nosotros, 172 años después. Fotografías con láminas intervenidas de 64 participantes. Foto: Ruby Rumié

172 años después en su estudio en Getsemaní, Ruby Rumié intervino las láminas: las imprimió en gran formato, borró los personajes e invitó a algunos de sus conocidos –trabajadores, apasionados, disciplinados, esas eran las condiciones– para que posaran. “La antítesis, el paradigma de las rotulaciones”, dijo. Y en esa palabra se esconde la otra médula de la obra: “En esa búsqueda me encontré con un montón de textos que rotulaban a los caribeños como flojos, indisciplinados. Y ahí vino mi otra gran pregunta: ‘¿Seguimos pensando que somos así?’”.

Convocó a 100 caribeños: Barranquilla, Santa Marta, Montería, Cartagena. Se vistieron de gris porque ella misma repite que “es un color humilde, que pasa inadvertido, pero que hace que lo otro resalte”. Se descalzaron y posaron junto con su comida preferida: “Al fotografiarlos me di cuenta de que había cierta rigidez al preguntarles por su trabajo o su vida, pero cuando les preguntaba por su alimento preferido se volvían como niños. Recordaban a la abuela, al abuelo, el sancocho, el mote de queso que compartían los domingos, el mango maduro que se embadurnaban cuando chiquitos, el jugo de zapote”.

Nosotros, 172 años después. Rubén Egea, diseñador gráfico y docente.
Nosotros, 172 años después. Rubén Egea, diseñador gráfico y docente. Foto: Ruby Rumié

Nombres como el del señor José, vendedor de frutas y vegetales, o el de Alex Quessep, el chef sincelejano, o de Juan Gossaín, periodista cordobés, se unieron a esa lista de 100 personas distintas, con oficios igual de distintos, apellidadas todas, sin embargo, con el mismo sello: “Nosotros”. “De eso se trataba el proyecto: de nosotros. Porque el Caribe somos muchos”, dijo Ruby.

“Y tengo un recuerdo… de Wilfran Barrios, coreógrafo y bailarín. En un momento le puse la corona de semillas, de diferentes semillas como el achiote, el guandú, y me dijo: ‘Mira tú, Ruby, mis antepasados negros huían a los palenques con las semillas escondidas en el pelo para empezar la siembra donde huían. Hoy, tantos años después, estoy yo, orgulloso, usando una corona de semillas’”. Y ahí estaba Ruby y ahí estaba Wilfran. Qué decir… Hay que detenerse a verlos.