A dos días de la segunda vuelta presidencial, la desinformación continúa ocupando un lugar importante en la discusión pública. No se trata únicamente de difundir noticias falsas o montajes digitales, también han circulado a través de redes sociales mensajes engañosos, información fuera de contexto y rumores que buscan sembrar dudas sobre las instituciones o los resultados electorales.
La preocupación no es menor. Según el informe Desinformación Electoral en Colombia, elaborado por IDEA Internacional, el 78 % de los colombianos afirma haber visto contenidos falsos o engañosos en internet, y el 41 % reconoce que no sabe identificar con certeza cuándo una información es falsa.
El desafío es particularmente complejo en un país donde el 76 % de las personas consume noticias a través de medios digitales y el 58 % se informa directamente por redes sociales. Facebook encabeza la lista, seguida de WhatsApp, YouTube, Instagram y TikTok.
Sin embargo, expertos consultados coinciden en que el fenómeno debe analizarse sin alarmismos. Aunque las redes sociales han transformado la manera en que circula la información política, también existe una ciudadanía cada vez más consciente de los riesgos de la manipulación informativa.
Para Sandra Mateus, máster coach ontológica y especialista en marca conversacional, una de las razones por las cuales la desinformación resulta tan efectiva es porque actúa directamente sobre las emociones.
“La desinformación es efectiva porque no busca convencer a través de argumentos, sino movilizar emociones. Primero sentimos y después justificamos racionalmente aquello que sentimos”, explica.
Según la experta, mensajes diseñados para generar miedo, rabia, indignación o incertidumbre tienen mayores posibilidades de ser compartidos que aquellos que presentan datos o análisis complejos.

Y ese fenómeno, explica, se ha fortalecido con las plataformas digitales. “Lo que más circula no siempre es lo más cierto. Muchas veces es lo que más indigna, asusta o genera confrontación”, precisó.
De acuerdo con Mateus, el verdadero reto no está únicamente en combatir los contenidos falsos, sino en desarrollar una ciudadanía capaz de reconocer cuándo una publicación está apelando a una reacción emocional antes que a hechos verificables. “Las campañas políticas ya no compiten solamente por atención, sino por emociones”, señala.
Riesgos de la información falsa
Las advertencias de la experta sobre el impacto emocional de la desinformación coinciden con las preocupaciones expresadas por las autoridades electorales sobre los efectos que pueden tener los rumores y las versiones sin sustento en momentos de alta sensibilidad política.
Al respecto, el registrador nacional, Hernán Penagos, ha señalado que la desinformación es tan grave que “genera muerte”.
“Las sombras y dudas que han pretendido imponer el presidente Gustavo Petro, ministros y congresistas del Pacto Histórico sobre la transparencia de las elecciones sin presentar una sola prueba pueden desencadenar una ola de violencia como ha ocurrido en la historia del país”, advirtió en su momento.
Y agregó que “en Colombia, a diferencia de muchas naciones, la desinformación genera muerte. Y qué pena decirlo, pero es así. La desinformación en Europa genera hostilidad política; en Colombia, muerte”, advirtió.
Es por todo esto que la entidad ha hecho énfasis en que el proceso electoral cuenta con auditorías, observación, controles técnicos y mecanismos institucionales para garantizar la transparencia de las elecciones.
Esta preocupación asociada a la información falsa también ha sido expresada por autoridades como el procurador general, Gregorio Eljach, quien aseguró recientemente que la desinformación representa uno de los principales riesgos de cara a la segunda vuelta presidencial y llamó a los ciudadanos a acudir a fuentes verificadas antes de compartir información.
“El llamado es a no dejarse llevar por contenidos malintencionados, acudir libremente a las urnas el 21 de junio y respetar los resultados que allí se expresen (...) para que prevalezca la institucionalidad democrática del país”.
Asimismo, precisó que las condiciones institucionales están dispuestas gracias a un trabajo coordinado entre la Registraduría, el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa, la Fuerza Pública y la Misión de Observación Electoral para garantizar la transparencia del proceso electoral.
Redes sociales e inteligencia artificial
Aunque la inteligencia artificial suele aparecer como una de las grandes preocupaciones de los procesos electorales modernos, el profesor de la Universidad del Rosario, Yann Basset, politólogo y experto en sistemas políticos y electorales, considera que su impacto en esta campaña presidencial ha sido más limitado de lo que muchos preveían.
“Hemos visto videos hechos con inteligencia artificial, pero en la mayoría de los casos se han utilizado más para entretenimiento o mercadeo político que para generar desinformación”, explica.
Para Basset, el principal desafío sigue estando en las redes sociales, especialmente en aquellas plataformas que favorecen la confrontación y la viralización de contenidos polémicos.
“Hay redes que por diseño privilegian la controversia y eso aumenta el riesgo de difusión de información engañosa o sesgada”, afirma. Sin embargo, el académico considera que tampoco debe asumirse que los ciudadanos son receptores pasivos de la información que consumen. “Los usuarios no son fácilmente manipulables. Mucha gente utiliza las redes sociales para entretenimiento y no necesariamente para informarse políticamente”, sostiene.
Lo que sí considera preocupante es el fenómeno de las burbujas informativas. “Existe el riesgo de encerrarse en espacios donde solamente circulan opiniones similares a las propias. Eso puede generar procesos de radicalización y aumentar la polarización”, advierte.
Confianza en las instituciones
Uno de los mayores riesgos de la desinformación no necesariamente es cambiar la decisión de voto en las personas, sino afectar la confianza de los ciudadanos en las instituciones encargadas de organizar las elecciones.
Mateus considera que la confianza es un elemento fundamental para la democracia. “Cuando una persona es expuesta permanentemente a mensajes que cuestionan la legitimidad de las instituciones, termina desarrollando una sospecha constante frente a cualquier resultado que contradiga sus expectativas”, explica.
Por su parte, Basset señala que las narrativas de fraude electoral no son exclusivas de Colombia y han aparecido en democracias tan diversas como Estados Unidos y Brasil.
Sin embargo, destaca que en Colombia existe hoy un mayor conocimiento sobre el funcionamiento del sistema electoral que hace algunos años.
“Hay más información sobre cómo funciona el proceso electoral y eso ha ayudado a que ciertas narrativas tengan menos fuerza de la que han tenido en otros países”, asegura.
El académico también destaca que las denuncias o cuestionamientos deben estar respaldados por evidencias para evitar que se conviertan en factores de desconfianza.
Precisamente, uno de los mensajes que dejaron los expertos es que la mejor defensa frente a la desinformación sigue siendo verificar antes de compartir. “La democracia no depende únicamente de instituciones fuertes, sino de ciudadanos capaces de escuchar perspectivas distintas, contrastar información y pensar antes de reaccionar”, concluye Mateus.
Hoy, millones de colombianos reciben información política a través de una pantalla; por eso, la capacidad de distinguir entre hechos, opiniones y rumores se convierte en una herramienta tan importante como el voto.
