El corazón en un puño. Las manos apretadas. Los ojos mirando al cielo rogando una atajada. Millones de colombianos contuvieron la respiración cuando Rubén Vargas, jugador de la Selección de Fútbol de Suiza, disparó con su pie derecho. La pelota rodó rasante hacia la izquierda del arco, mientras Camilo Vargas, arquero de Colombia, se lanzaba hacia el lado contrario. Gol. Ese 7 de julio en el estadio BC Place de Vancouver, en Canadá, se diluyeron, a punta de penalties, las ilusiones de seguir avanzando en la Copa Mundial de Fútbol de Estados Unidos, México y Canadá. ¿Qué nos pasó? Colombia tuvo intención ofensiva, remates y llegada, pero le faltó contundencia. Desempeñó un gran papel porque fue primera en su grupo, con un solo gol en contra, pero anotó poco. Hay talento, pero faltan rematadores, concluyeron los analistas. Y aún así, Colombia subió del puesto 13 al 11 en el ranking de la Fifa.
El ejemplo sirve para radiografiar, guardando las proporciones, lo que ocurre cuando se habla de cierre de brechas y avances en el camino para lograr la igualdad de género en el ámbito de las CEO. Los indicadores muestran que las mujeres que se la juegan en la cancha del mundo directivo están preparadas, ocupan más cargos C-Level que el promedio de América Latina, pero aún tienen el marcador en contra. Por más entrenamiento de alto rendimiento para tratar de equilibrar la presencia femenina en la cima de las empresas y en los órganos de gobierno corporativo, el acceso sigue siendo esquivo, aunque ha habido avances.
Según el Ranking Aequales 2025 (en el que participan 500 organizaciones de 18 países de América Latina), tres de cada diez empresas en Colombia tienen una mujer sentada en la silla CEO, para una representación nacional del 30 por ciento, cifra superior al promedio de la región, que se ubica en el 24 por ciento. En 2022, fecha del informe anterior, la participación colombiana rozaba el 26 por ciento, lo que supone un incremento de cuatro puntos en tres años. Este indicador se eleva a un 39 por ciento, según la Encuesta de Diversidad, Equidad e Inclusión de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) de 2026.
“Mientras en el mundo desarrollado las posiciones de liderazgo femenino vienen disminuyendo, en América Latina no se ha visto ese declive. En el caso de Colombia, sigue aumentando el número de mujeres en posiciones CEO y juntas directivas, aunque no al ritmo que se quisiera. Hay que tener en cuenta que en puestos de liderazgo en niveles de entrada e intermedios, tenemos una presencia que se acerca al 50 por ciento”, explica Mía Perdomo, CEO y cofundadora de Aequales.

Tanto para la Andi como para Perdomo, el aumento sostenido en el protagonismo de las jugadoras del entorno empresarial está motivado en que, poco a poco, la cultura organizacional ha comprendido la importancia de cumplir criterios de diversidad, equidad e inclusión (DEI). Sin embargo, Aequales enciende una alarma que va en consonancia con lo que ha dicho ONU Mujeres: preocupa el fortalecimiento y la visibilidad que han ganado las organizaciones y los movimientos contrarios a la igualdad de género, que amenazan los logros alcanzados con tanto esfuerzo.
Otro rezago que evidencia el Ranking Aequales Latinoamérica 2025 son las brechas estructurales: las mujeres en Colombia ganan, en promedio, un 14 por ciento menos que los hombres. En niveles de liderazgo los datos empeoran: 30 por ciento de las empresas registra diferencias mayores al 20 por ciento y otro 42 por ciento de las compañías mantiene una disparidad superior al 15 por ciento en cargos ejecutivos. Todo esto ocurre a pesar de que las organizaciones cuentan con políticas de igualdad salarial, publican sus tablas de honorarios y comunican rangos y criterios de ascenso.
Más liderazgo en las medianas empresas
Cuando se pone la lupa sobre las empresas listadas en la Bolsa de Valores de Colombia las alarmas vuelven a sonar. De 128 empresas, solo 16 tienen mujeres CEO, lo que se traduce en una participación de apenas el 12,5 por ciento, según el informe Liderazgo de mujeres en juntas directivas, que cada año publica el Centro de Estudios en Gobierno Corporativo (CEGC), del Cesa. Si se comparan estas cifras con la premier league del mundo bursátil, la paridad resulta aún más lejana en otros hemisferios: en el índice estadounidense Standard and Poor’s (S&P 500) las mujeres CEO apenas llegan al 10 por ciento, es decir, unas 48, según la Iniciativa para la Brecha de Poder de las Mujeres. En otra gran liga, el Ibex 35, de España, solo hay ocho mujeres liderando compañías, un 23,5 por ciento, según el IESE Business School.
En la categoría de las medianas empresas, en cambio, Colombia se ubica en una mejor posición, según el estudio Mujeres en los negocios 2025, de la consultora Grant Thornton, que tiene presencia en más de 140 países. El informe concluye que nuestro país es el cuarto con mayor presencia de mujeres en cargos de alta dirección, con un 43,5 por ciento, en un listado que encabezan Sudáfrica, Filipinas y Tailandia.
“Este avance no es casualidad. En Colombia se ha venido haciendo una gestión
importante desde distintos frentes: la academia, el sector privado, los gremios y la
sociedad civil. Hay programas de liderazgo para mujeres que ayudan a visibilizar talento, fortalecer redes y demostrar que ellas no solo están listas para participar, sino para decidir”, afirma María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana. Ese liderazgo se sigue ejerciendo principalmente en sectores de servicios, financieros, salud y alimentación/retail, y con una presencia más bien tímida en energía, infraestructura y tecnología.
En lo que respecta a las juntas directivas, según el CEGC, el aumento en la participación en estos órganos genera expectativas de llegar a la meta del 30 por ciento para 2030, ya que este año la participación femenina alcanzó el 27 por ciento: 234 mujeres le han robado el balón a hombres que por mucho tiempo han dominado la cancha en estas instancias decisorias. No obstante, ellos siguen siendo una mayoría apabullante: 620. Pero aquí también hay avances: ya son 50 empresas las que cuentan con un 39 por ciento de mujeres en sus juntas directivas, cuando el año pasado eran 44. Solo quedan un 15 por ciento de compañías con juntas conformadas solo por hombres, cuando hace ocho años eran el 40 por ciento.
“En América Latina seguimos siendo líderes en la participación de las mujeres en juntas directivas gracias a que los tomadores de decisiones se han ido convenciendo de los beneficios que trae la diversidad. Se han dado cuenta de que las mujeres aportan a la discusión con puntos de vista distintos, son estudiosas, traen nuevas ideas”, afirma Alexander Guzmán, codirector del CEGC.
Estos progresos invitan al optimismo, pero siguen dejando en evidencia el camino que falta por recorrer para lograr la paridad, que, según el Índice Global de Brecha de Género, del Foro Económico Mundial, solo se alcanzaría en 123 años. “El avance de las mujeres en liderazgo sólo es verdadero cuando deja de ser una excepción y empieza a convertirse en sistema”, afirma Lacouture.
‘LA ÚNICA MUJER EN EL SALÓN’
En este escenario de luces y sombras las mujeres se siguen estrellando contra la principal barrera para avanzar más rápido: los estereotipos tradicionales de género. “El trabajo del cuidado se sitúa en el centro de este desafío. Los servicios de cuidados insuficientes, inaccesibles y prohibitivos, que obligan a las mujeres a abandonar sus carreras profesionales y dedicarse a ello, contribuyen directamente a las trayectorias profesionales no lineales”, destaca el índice del Foro Económico Mundial, refiriéndose al tiempo que las mujeres dedican a tareas que tradicionalmente les han sido asignadas como cuidado del hogar y de personas mayores o con discapacidad. De hecho, según Jimena Fajardos, directora y socia de la consultora Americancol y coach de altos ejecutivos en América Latina, “las ejecutivas colombianas, más que desarrollar competencias para ejercer el cargo, piden asesoría para lograr el balance trabajo vida sin desgastarse y sin sentirse culpables”.
También juega en contra, dice Lacouture, “que una mujer preparada tenga que demostrar el doble para recibir la misma confianza”, a pesar de contar con el conocimiento y la experiencia, lo que resulta agotador y desmotivante. “Tampoco es fácil sostenerse o trabajar en cargos de liderazgo o juntas directivas cuando eres la única mujer en el salón, sobre todo en las industrias masculinizadas o del entorno Stem. A ellas les toca defender el doble sus propuestas o las juzgan con más dureza si algo sale mal. Esas cosas cambian cuando hay por lo menos un 30 por ciento de mujeres ocupando los mismos espacios”, agrega Perdomo, la CEO de Aequales.
Desde organizaciones como el Instituto de Alta Dirección Empresarial de la Universidad de la Sabana (Inalde) se habla de darle un giro a la conversación, para centrarse en el valor de los equipos diversos y, en específico, de las mujeres en posiciones de liderazgo y poder. El informe Las mujeres en la gestión empresarial: argumentos para un cambio, de la Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo, evidencia que el 54 por ciento de las 13.000 empresas encuestadas en 70 países aumentaron sus ganancias entre el 10 y el 15 por ciento con la presencia de mujeres en cargos directivos. Eso también contribuyó a atraer y retener a profesionales con talento y notaron mejoras en materia de creatividad, innovación y apertura. Además, según el Informe internacional de mujeres directoras corporativas de 2026, que realiza Women Corporate Directors, la mayor red internacional de mujeres consejeras y directoras corporativas, las compañías lideradas por una mujer cuentan con un 37 por ciento de colegas en puestos ejecutivos, cuando el promedio mundial es del 21 por ciento.
A pesar de las barreras inocultables, ¿cuál debería ser el planteamiento táctico para seguir avanzando? “Colombia ya empezó a avanzar, el desafío es acelerar, sostener el progreso y convertirlo en resultados para las empresas, para las mujeres y para el país. Se requiere método: medición, formación, mentoría, patrocinio, procesos de sucesión y más mujeres en los espacios donde se define la estrategia, se asigna el capital y se construye futuro”, concluye Lacouture.
