La música marcial tiene una particularidad que pocas expresiones artísticas conservan: la disciplina, la emoción colectiva y el territorio. Esa mezcla se hizo evidente el pasado 7 y 8 de febrero durante el Festival de Bandas Marciales Carnaval de Barranquilla, donde una agrupación venezolana no solo conquistó al jurado y al público, sino que dejó claro que el movimiento bandístico latinoamericano atraviesa un momento de profunda conexión cultural.
Se trata de la Fundación Banda Escuela Sur del Lago (Fundasur), integrada por 140 artistas provenientes del estado Zulia, noroeste de Venezuela, que llegó a la capital del Atlántico como invitada especial tras haberse consagrado ganadora del Festival Internacional de Bandas Marciales Ciudad de la Luna, celebrado en 2025 en Chía, Cundinamarca. Su participación en Barranquilla fue contundente: una presentación magistral, precisa y emocional que le valió el reconocimiento oficial del festival.
Asimismo, Fundasur hizo parte del desfile Noche de Faroles y Tambores, uno de los recorridos más representativos del evento, en el que confluyeron más de 130 expresiones culturales entre cumbiambas, comparsas tradicionales y de fantasía, junto a 28 bandas de marcha nacionales e internacionales. Al cierre del recorrido, la banda venezolana volvió a destacar en tarima y se coronó ganadora del concurso de coreografía, gracias a una puesta en escena que combinó ritmo, coordinación y un vestuario impecable, acompañado por un homenaje musical a Shakira y al inmortal Joe Arroyo.
Pero la historia de Fundasur en Barranquilla va mucho más allá del aplauso. La banda se preparó durante meses para este viaje, recorrió más de 30 horas por tierra, superó dificultades logísticas y convivió durante varios días con otras delegaciones en espacios compartidos. Esa convivencia -ensayos, conversaciones, comidas y recorridos urbanos- se convirtió en uno de los mayores valores de la experiencia: la hermandad entre jóvenes músicos de distintos países unidos por un mismo lenguaje.
Durante su estadía, los integrantes de Fundasur también tuvieron la oportunidad de conocer y disfrutar algunos de los puntos más emblemáticos de Barranquilla: recorrieron zonas representativas de la ciudad, compartieron con sus habitantes y se acercaron a los símbolos culturales que hoy identifican a la capital del Atlántico. Un contacto directo con la ciudad que fortaleció el sentido de acogida y el vínculo emocional con el público que los ovacionó en cada presentación.
Este proceso estuvo acompañado por la delegación del Festival Internacional de Bandas Marciales Ciudad de la Luna, en cabeza de Elizabet Barrera, gestora cultural y educativa, y Víctor Quintero, acompañante técnico y artístico del proceso. Su presencia en Barranquilla fue útil para el acompañamiento institucional de la banda ganadora, así como el fortalecimiento y la articulación entre festivales bandísticos del país y la región.
Desde hace varios años, el Festival Ciudad de la Luna se ha consolidado como un referente nacional e internacional, no solo por su nivel artístico, sino por su enfoque educativo, comunitario y territorial. En ese contexto, la participación en Barranquilla se entiende como parte de un sueño más amplio: crear una sinergia entre el movimiento bandístico y la fiesta cultural más importante de Colombia.
La proyección es clara. Que las bandas ganadoras del Festival Ciudad de la Luna puedan presentarse en los eventos más importantes organizados por Carnaval S.A., y que, a su vez, expresiones emblemáticas del Carnaval de Barranquilla lleguen a Chía como invitadas especiales, llevando consigo su música, danzas e identidad cultural. Un intercambio que permite que los territorios con realidades distintas se encuentren desde el arte y la educación.
Para Fundasur, el paso por Barranquilla fue una confirmación de que el esfuerzo colectivo trasciende fronteras. Para los directores del Festival Ciudad de la Luna, fue un paso más hacia la consolidación de una red cultural que conecta municipios, países y generaciones.
Porque cuando una banda se forma, ensaya y viaja unida, no solo representa a su institución y a su país sino que la cultura, cuando se comparte con respeto y visión, se convierte en un puente duradero entre territorios.
Elizabet Barrera es rectora del Liceo Lunita de Chía, Cundinamarca.
