OPINIÓN

Elizabeth Jaraba

El amor que nos permite crecer y las amistades que nos acompañan en cada etapa

Celebrar el mes del amor y la amistad también significa reflexionar sobre las relaciones que nos ayudan a ser mejores, que nos impulsan a crecer y que nos recuerdan lo que somos capaces de alcanzar. También vale la pena preguntarnos si somos el tipo de personas que aporta a las relaciones de su entorno.
28 de septiembre de 2026 a las 9:30 p. m.

En Colombia, esta época del año nos invita a celebrar el amor y la amistad. Aunque tradicionalmente aprovechamos la fecha para dar regalos a quienes queremos, también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre nuestras relaciones: cuánto nos ayudan a crecer, cómo pueden afectarnos y qué estamos haciendo para convertirlas en vínculos verdaderamente valiosos.

Elizabeth Jaraba: “Conecto el talento de las personas con oportunidades para cambiar su realidad

A lo largo de la vida construimos relaciones con nuestra familia, los amigos del colegio o del barrio, los compañeros de trabajo y muchas personas que aparecen por periodos cortos, pero dejan aprendizajes importantes. Algunas permanecen durante años; otras nos acompañan solo durante una etapa. Sin embargo, incluso los encuentros que parecen pasajeros pueden influir en decisiones y oportunidades que terminan marcando nuestro futuro.

Personalmente, siempre he procurado construir relaciones sin pensar primero en lo que puedo recibir a cambio. Me gusta conectar con las personas, conocerlas, comprender su historia y aportar a su crecimiento. Al mismo tiempo, reconozco que cada relación puede enseñarme algo y ayudarme a crecer, primero como persona y después como profesional.

¿Por qué tener miedo del crecimiento de otros, si también eleva el tuyo?

Esa manera de relacionarme me ha permitido conservar amistades de más de quince años, mantener vínculos laborales mucho después de haber terminado un trabajo y encontrar mentores en experiencias tanto breves como duraderas. También me ha dado la oportunidad de acompañar a otras personas en sus propios procesos.

Con el tiempo he entendido que una relación puede abrirnos una puerta, ayudarnos a tomar mejores decisiones o sostenernos durante los momentos más difíciles. Pero estos vínculos no aparecen por casualidad. Se construyen, muchas veces sin una intención estratégica, a partir de la coherencia con nuestros valores y de la manera en la que decidimos tratar a los demás.

Construir relaciones de valor implica:

  1. Conocerte a ti mismo. Aunque solemos creer que sabemos quiénes somos, las circunstancias desconocidas revelan aspectos que no siempre habíamos identificado. La autorreflexión nos permite reconocer qué podemos ofrecer, cuáles son nuestros límites y qué necesitamos de los demás.
  2. Entender el momento de la vida en el que estás. Hay etapas en las que tenemos mucho para dar y otras en las que necesitamos permitirnos recibir. Reconocerlo nos ayuda a comprender qué papel desempeñamos en nuestros grupos y cómo nuestro entorno contribuye con nuestro bienestar y crecimiento.
  3. Aprender a escuchar y estar presente. Una relación valiosa no se construye hablando todo el tiempo ni intentando tener siempre la respuesta correcta. A veces, lo que alguien necesita es ser escuchado, encontrar un hombro en el cual apoyarse o, sencillamente, sentir que no está solo.
  4. Elegir conscientemente a las personas que te rodean. Podemos pensar en ellas como integrantes de una junta directiva personal. Así como una organización elige cuidadosamente a quienes participan en sus decisiones más importantes, nosotros también deberíamos preguntarnos a quiénes queremos cerca mientras construimos nuestra vida.
  5. Rodearte de personas que aporten a tu crecimiento. Personas con quienes puedas ser tú mismo, que compartan o respeten tus valores, comprendan tus ambiciones y acompañen la manera en la que quieres desarrollarte.
  6. Preguntarte qué aportas tú a la vida de los demás. No se trata solamente de evaluar quiénes están a nuestro alrededor. También debemos revisar qué clase de amigos, familiares, compañeros, mentores o líderes estamos siendo y qué estamos dejando en las personas con quienes compartimos el camino.
  7. Construir pensando en el largo plazo. Las relaciones no deberían verse como algo útil para un momento específico. Aunque no todo puede planearse, sí podemos cuidar, poco a poco, vínculos que generen valor para ambas personas y que puedan evolucionar con el tiempo.

Vivir de esta manera me ha permitido construir relaciones personales que han impulsado mi crecimiento profesional y han estado presentes incluso cuando no pedí ayuda, pero realmente la necesitaba. También he creado vínculos laborales que han contribuido al crecimiento de otros y al mío, y relaciones familiares que me han permitido sanar y comprender que las familias también evolucionan a medida que nosotros cambiamos.

Aún recuerdo cuando tuve que tomar la decisión profesional más difícil que había enfrentado hasta ese momento: dejar atrás lo que había hecho durante más de siete años y comenzar un nuevo camino.

Estaba asustada y no me sentía segura de nada. Una parte de mí pensaba que debía quedarme en el lugar conocido. En medio de una conferencia, desde el cuarto de un hotel, le conté a una de mis mejores amigas lo que estaba pensando. Ella me preguntó: «¿Por qué lo estás dudando?».

Después, me recordó quién era yo profesionalmente y todo lo que podía hacer. Reafirmó capacidades que yo conocía, pero que el miedo a perder la seguridad no me permitía ver con claridad. Salté, tomé la decisión y hoy no puedo estar más agradecida por haberlo hecho.

Ella ha estado presente en distintos cambios de mi vida laboral. Ha sido amiga, guía, coach y mentora. Pero lo más importante es que ha podido orientarme conociendo mis valores, mi historia y el momento de la vida en el que me encontraba.

Como ella, tengo muchas personas que me han apoyado en diferentes momentos y desde distintos lugares. En un mundo tan amplio, complejo y cambiante, siempre podemos encontrar a alguien que nos ayude a ver con mayor claridad, incluso cuando creemos que no necesitamos orientación.

Tal vez para eso también son las relaciones: para recordarnos quiénes somos, ayudarnos a confiar nuevamente en nosotros y darnos la seguridad que algunas veces necesitamos para seguir adelante.

Por eso, mi reflexión en este mes del amor y la amistad es sencilla: construyamos relaciones que nos ayuden a ser mejores, que nos impulsen a crecer y que nos recuerden todo lo que somos capaces de alcanzar. Pero no olvidemos preguntarnos también si nosotros estamos siendo esa clase de persona en la vida de quienes nos rodean.

Y tú, ¿qué estás aportando hoy a tus relaciones y qué lugar estás construyendo en la vida de los demás?

Elizabeth Jaraba, Senior Human Resources Consultant de Elevate Group