La innovación social no puede permanecer limitada a un territorio cuando tiene la capacidad de generar impacto, movilizar recursos y transformar realidades a escala internacional. Esa fue una de las principales reflexiones que me dejó mi participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York.
Vivir esta experiencia fue increíble e inspirador. La ciudad se convirtió en un punto de encuentro global donde gobiernos, fondos internacionales, ONG, empresas, fundaciones y líderes de distintos países compartieron iniciativas, analizaron desafíos y exploraron nuevas oportunidades de colaboración. Nueva York permitió dimensionar la magnitud del ecosistema internacional y, al mismo tiempo, la responsabilidad que implica llevar un modelo social a nuevos mercados y territorios.
Como CEO, he vivido la internacionalización como uno de los mayores desafíos y procesos de aprendizaje más relevantes de nuestra historia. Después de más de dos décadas de trabajo en los territorios, entendimos que contábamos con la experiencia, las capacidades y la madurez institucional necesarias para dar un siguiente paso: proyectar nuestro modelo internacionalmente, manteniendo a Colombia como casa matriz y como el origen de nuestro propósito.
Colombia es el lugar donde nació nuestra esencia, consolidamos nuestra metodología y desarrollamos un modelo con potencial de adaptación y crecimiento. Desde allí hemos construido una plataforma para compartir conocimiento, generar alianzas y aprender de otros contextos.
La internacionalización nos ha exigido fortalecer nuestras capacidades de adaptación, comprender nuevas culturas, reconocer diferentes necesidades y desarrollar formas más efectivas de presentar, estructurar y ejecutar proyectos. Pero, sobre todo, nos ha enseñado que la expansión sostenible comienza con la escucha.
Cada territorio tiene dinámicas, prioridades y capacidades particulares. Por eso, internacionalizar no consiste en replicar mecánicamente una solución, sino en identificar qué funciona, qué debe ajustarse y cómo construir respuestas pertinentes junto con los actores locales.
La participación en foros, paneles, gremios y encuentros con fundaciones, fondos internacionales y organizaciones de distintos sectores nos permitió identificar tendencias, conocer modelos de financiación y comprender con mayor claridad el potencial de la innovación social como herramienta de desarrollo.
La innovación social puede movilizar recursos, atraer inversión, fortalecer capacidades locales, generar empleo, impulsar emprendimientos y contribuir al desarrollo económico sostenible.
Es por eso que este enfoque exige superar la visión tradicional de los proyectos sociales como iniciativas aisladas o exclusivamente asistenciales. Los modelos sociales pueden convertirse en plataformas de innovación, articulación y generación de valor para las comunidades, las empresas, los gobiernos y los inversionistas.
La colaboración crea nuevas oportunidades de desarrollo
Otro aprendizaje fundamental ha sido reconocer que el mundo está lleno de iniciativas extraordinarias. El reto no es competir por visibilidad, sino construir mecanismos de colaboración que permitan ampliar el impacto.
Durante años, muchas organizaciones del sector social han protegido sus metodologías y conocimientos. Sin embargo, el contexto actual exige mayor apertura, intercambio y articulación porque cuando se conectan capacidades, experiencias, recursos y redes, es posible diseñar soluciones más eficientes, escalables y sostenibles.
Esta realidad representa una oportunidad estratégica para Colombia. El país cuenta con talento, conocimiento, organizaciones, empresarios, emprendedores y modelos sociales con capacidad de responder a desafíos globales. Tenemos mucho que aprender del mundo, pero también mucho que aportar. La experiencia construida en nuestros territorios puede convertirse en conocimiento transferible, en alianzas internacionales y en nuevas oportunidades de inversión e innovación.
Para mí, internacionalizar no significa simplemente operar en otros países. Significa construir una estrategia de crecimiento basada en el conocimiento, la colaboración y la generación de valor compartido. Significa abrir conversaciones, desarrollar alianzas, compartir aprendizajes y crear condiciones para que más recursos lleguen a iniciativas capaces de transformar vidas.
Después de 21 años, nuestra esencia permanece, pero nuestro alcance se ha ampliado. Hoy sabemos que un modelo construido desde los territorios puede dialogar con actores globales, acceder a nuevas redes, movilizar recursos y contribuir a la construcción de soluciones con mayor escala.
Todo este proceso mantiene un propósito central: transformar la vida de las personas. Cada proyecto representa una oportunidad de desarrollo. Cada alianza puede fortalecer una comunidad. Cada territorio tiene capacidades que pueden convertirse en soluciones, emprendimientos, empleos y posibilidades de bienestar.
El mundo enfrenta grandes desafíos, pero también ofrece oportunidades significativas para quienes sepan conectar innovación, impacto y sostenibilidad. La innovación social puede ser un vehículo para convertir esas oportunidades en desarrollo económico, inclusión y bienestar para más personas.
Estos 21 años de experiencia nos enseñaron a construir y la internacionalización nos está enseñando a conectar. No se trata únicamente de llegar a nuevos territorios, sino de ampliar el alcance de nuestro propósito, fortalecer alianzas y generar oportunidades de desarrollo para más personas y comunidades.
Ese es el verdadero sentido de internacionalizar: crecer sin perder la esencia, aprender sin dejar de aportar y construir, junto con otros, soluciones capaces de generar impacto social y valor económico sostenible.
Paola Dávila-Pestana Porto
Global CEO de Fundación nu3
