Hace poco escuché a Oprah Winfrey, invitada al pódcast de Mel Robbins, decir algo que me quitó el sueño esa noche, del buen modo. Contaba que en la vida de cada uno de nosotros hay un hilo conductor y que ese hilo no llega servido: hay que halarlo. No es una señal que uno recibe una vez y ya, sino algo que hay que seguir buscando y tironeando, incluso cuando uno cree que ya llegó a la meta que se había propuesto.
Llevo más de veinte años en la industria audiovisual y, si soy honesta, tardé mucho en identificar cuál era mi propio hilo. Durante años pensé que mi aporte creativo se medía únicamente en las series y películas que ayudaba a sacar adelante, como si la creatividad solo contara cuando había una cámara prendida. Pero el hilo que realmente ha sostenido mi carrera no estaba ahí. Estaba en la manera en que decidí liderar mi negocio: con una mirada administrativa y financiera que también es, a su modo, un ejercicio creativo. Estructurar un presupuesto que le da oxígeno a un proyecto que, en el papel, no cerraba; diseñar un modelo donde antes solo había un vacío; encontrarle la vuelta a lo que parecía imposible. Eso también es crear. Como escribí en una columna anterior, todos somos creativos todo el tiempo; lo que pasa es que no siempre reconocemos esa creatividad cuando aparece vestida de hoja de cálculo.
Con los años, sin embargo, sentí una necesidad distinta, más cruda, si se quiere: la de crear sin intermediarios, sin la validación de un cliente o de un comité. Ahí nació mi marca de zapatos, un territorio que no tenía nada que ver con mi formación, pero que me exigía exactamente el mismo músculo: mirar un problema y proponerle una forma nueva. Y ahí nació también Lucida, el centro de diseño que acabamos de lanzar y que es, quizás, la expresión más directa de ese hilo que llevaba años halando sin saberlo del todo.
Lo curioso, y esto es lo que más se me quedó de escuchar a Oprah, es que uno puede creer que ya llegó a su techo, que ya cumplió el objetivo grande de su carrera, y aun así el hilo sigue ahí, esperando que lo sigamos halando. No hay una sola cima. Hay una serie de puntos que solo se conectan mirando hacia atrás y que solo siguen apareciendo si uno se atreve a seguir creando, incluso después de haber “llegado”.
Halar ese hilo, dicho sea de paso, no siempre se siente bien. Genera una buena dosis de ansiedad, porque el propósito no es algo que uno descubre en un solo día ni que llega como un rayo de luz que ilumina todo de una vez. Se va revelando poco a poco, casi a tientas, y por lo general solo se deja ver completo cuando uno mira hacia atrás y conecta lo que antes parecía disperso.
Lo que sí he aprendido, después de años de halar, es que ese propósito casi siempre viene amarrado a aportar algo a este mundo en el que vivimos: a inspirar, por ejemplo, o a facilitar, que es como yo terminé nombrando el mío. Mi propósito es hacer que las cosas pasen. Sentir que hago parte de algo y que mis aportes tienen algo que ver con que ese algo suceda es lo que de verdad me llena de satisfacción.
Ese “hacer que las cosas pasen” se ve reflejado, por ejemplo, en el origen mismo de Lucida Design. Trabajé de la mano de dos artistas plásticos que tenían una idea brillante, pero necesitaban a alguien que le diera una perspectiva empresarial, que la convirtiera en un modelo viable, con estructura y con futuro. Mi aporte ahí no fue la obra ni el trazo; fue tender el puente entre esa visión creativa y su ejecución real.
Con mi marca de zapatos ha pasado algo parecido, aunque desde otro lugar. El reto no ha sido tener la idea, sino pasar de la idea a la ejecución, materializarla, conectar uno a uno los puntos, proveedores, procesos, presupuesto y distribución, que convierten una intuición en un producto que de verdad existe.
Y es que, a fin de cuentas, no importa el cargo que ocupemos, el estatus que acumulemos ni los ceros en la cuenta bancaria: lo que de verdad importa es cómo hacemos sentir a los demás cuando estamos cerca y cómo nos van a recordar cuando ya no estemos.
Creo profundamente que estar vivos es, de por sí, un milagro que no merece desperdiciarse en piloto automático. Y la manera en que le devolvemos algo a ese milagro es sacando a la luz el talento que cada uno trae adentro, así tome veinte años entender en qué consiste exactamente.
Mi invitación, entonces, no es a buscar un plan maestro perfectamente trazado desde el principio. Es a mirar hacia atrás cada cierto tiempo, identificar los puntos que ya conectamos sin darnos cuenta y confiar en que el hilo va a seguir apareciendo mientras sigamos dispuestos a halarlo.
Ana Barreto, CEO de CMO Studios
