OPINIÓN

Patricia Urrea Urrea

La sostenibilidad de las ciudades también se decide desde sus edificios

La sostenibilidad urbana exige integrar criterios ambientales en el diseño y la operación de las edificaciones. En esa apuesta, los centros comerciales pueden contribuir con el uso eficiente de los recursos, la economía circular y una gestión que evalúe y mida sus resultados.
21 de octubre de 2026 a las 4:11 p. m.

La sostenibilidad urbana no empieza únicamente en los grandes proyectos públicos ni termina en los hábitos individuales, también se construye en los edificios que habitamos, trabajamos y visitamos, y en las decisiones que sus administradores toman para utilizar mejor los recursos. La pregunta, entonces, ya no es solo cómo reducir el impacto ambiental, sino cómo diseñar operaciones e infraestructuras capaces de multiplicar el valor de cada recurso.

Este mes de octubre nos deja tres señales que merecen atención. La primera, la consolidación de las alertas del Ideam sobre el impacto del fenómeno de El Niño en el país, con presiones reales sobre el agua y otros servicios esenciales; la autorización a Bogotá para reutilizar hasta 77 litros por segundo de aguas residuales tratadas de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Salitre en actividades no potables; y las jornadas de la reciclatón empresarial programadas para el cierre de este mes para el manejo de residuos especiales. Son noticias distintas, pero comparten una misma lección: la sostenibilidad exige anticipación, infraestructura y decisiones coordinadas.

¿Qué significa esto para los centros comerciales? Significa reconocer que su responsabilidad ambiental no se limita a instalar contenedores de reciclaje o invitar a los visitantes a ahorrar agua. Debe comenzar desde la estructura misma de las edificaciones y extenderse a cada proceso de operación.

Una cubierta, por ejemplo, no es solo una solución arquitectónica. Elegir materiales que permitan aprovechar la luz natural y reduzcan la incidencia de la radiación solar puede mejorar las condiciones de los espacios y abrir oportunidades para una operación más eficiente. De la misma manera, diseñar sistemas para recolectar aguas lluvias, reutilizar agua tratada en sanitarios o riego, optimizar la iluminación y transformar residuos orgánicos en compost permite que un recurso cumpla más de una función antes de convertirse en desperdicio.

La economía circular empieza precisamente ahí: cuando dejamos de pensar en los recursos como insumos de un solo uso y comenzamos a concebirlos como parte de ciclos que pueden prolongarse. La gestión ambiental promovida por la Asociación de Centros Comerciales de Colombia (Acecolombia), sus herramientas para el uso eficiente del agua y la energía, y sus iniciativas de recuperación de residuos muestran que el sector cuenta con caminos para avanzar de manera colectiva y medible.

Sin embargo, ninguna tecnología sustituye la gestión. Cada organización necesita conocer sus consumos, identificar pérdidas, establecer metas, medir resultados e involucrar a comerciantes, proveedores, colaboradores y visitantes. No basta con afirmar que una edificación es sostenible: hay que demostrar cómo administra sus recursos y qué mejora con el tiempo.

Esta responsabilidad también es una forma de comprender la relación entre ciudad y empresa. Un episodio de escasez de agua, una emergencia ambiental o una deficiencia en la gestión de residuos no se quedan fuera de las puertas de un establecimiento. Afectan la vida cotidiana, el bienestar de las personas, la continuidad de los negocios y la calidad del entorno del que todos dependemos.

Los centros comerciales son ecosistemas urbanos: concentran actividad económica, infraestructura, movilidad y encuentros ciudadanos. Por eso tienen el poder —y el deber— de transformar su entorno. Su aporte no consiste solo en mitigar impactos, sino en demostrar que es posible operar de otra manera y ayudar a extender mejores prácticas.

La sostenibilidad que necesita Colombia no puede depender de la próxima emergencia. Debe incorporarse hoy en las decisiones de inversión, diseño, mantenimiento y operación. Porque lo que afecta a la ciudad afecta a quienes la habitan, a quienes trabajan en ella y a las empresas que forman parte de su vida. Cuidar los recursos no es una meta accesoria ni un compromiso ocasional: es la decisión estratégica de construir ciudad y garantizar su viabilidad futura.

Patricia Urrea Urrea, gerente general de Salitre Plaza Centro Comercial