OPINIÓN

Angélica de la Peña Serna

Quienes abrieron caminos hoy nos inspiran a volar

El encuentro entre empresarios que construyeron el sector del transporte en Colombia y una mujer al mando de un avión inspira una reflexión sobre el liderazgo, la confianza y el valor de abrir caminos para que nuevas generaciones asuman grandes responsabilidades.
21 de octubre de 2026 a las 4:19 p. m.

Hay vuelos que conectan ciudades y, sin proponérselo, también conectan generaciones. En aquel avión viajaban hombres y mujeres que habían dedicado décadas a construir las empresas que mueven a Colombia. Al mando estaba Carolina Galvis, una capitana cuya voz y cuya labor me dejaron una reflexión sobre el liderazgo: uno de los mayores logros de quienes abrieron camino es haber inspirado a otros a asumir responsabilidades que antes parecían lejanas.

Angélica de la Peña, la ejecutiva que rompe paradigmas en el sector de la logística y el transporte

El pasado 30 de septiembre viajé de Bogotá a Cartagena para participar en el Congreso de Colfecar, celebrado hasta el 2 de octubre. Para mí, es el encuentro de mayor impacto del transporte de carga y la logística en Colombia: un espacio donde confluyen empresarios, generadores de carga y proveedores para conversar sobre las decisiones que necesita una actividad esencial para la competitividad del país. Allí, el futuro se discute entre personas que conocen profundamente lo que ha costado construir el presente.

En uno de esos vuelos coincidí con figuras reconocidas del sector. Algunas representan organizaciones que hoy avanzan hacia su segunda o tercera generación. A bordo viajaban años de decisiones difíciles, inversiones, aprendizajes y perseverancia. Personas que comenzaron con un vehículo o una pequeña operación y fueron construyendo empresas capaces de conectar regiones, sostener empleos y acompañar el crecimiento de sus clientes. Sus trayectorias son parte de la infraestructura empresarial que Colombia necesita para funcionar.

“Nos dejaron entrar, pero las reglas siguen intactas”

Quienes conocemos esta industria sabemos cuánto exige conservar y hacer crecer una empresa de transporte. Cada activo compromete capital; cada servicio compromete una promesa; cada decisión compromete personas. Durante décadas, estos empresarios han respondido ante condiciones cambiantes, defendido la continuidad de sus operaciones y reinvertido en el país. Su patrimonio representa trabajo acumulado, pero también confianza: la de quienes encontraron en esas organizaciones una oportunidad para aprender, desarrollarse y construir una vida.

Mientras pensaba en esas trayectorias, escuché una voz femenina. Inicialmente creí que pertenecía a la jefe de cabina; después supe que era la capitana, Carolina Galvis. Viajo semanalmente entre Bogotá y Cartagena, en distintos horarios, y conozco las sensaciones habituales de esa ruta. Aquella vez percibí una serenidad especial: movimientos suaves, transiciones progresivas y una comunicación clara que me transmitía tranquilidad, incluso cuando el clima invitaba a estar atentos. Esa experiencia hizo que prestara atención a quién nos conducía.

Como pasajera, no puedo evaluar los procedimientos técnicos ni separar el aporte de los sistemas, las condiciones atmosféricas y el trabajo de la tripulación. Sí puedo reconocer lo que sentí: confianza. Y detrás de esa confianza hay una responsabilidad que merece reconocimiento. Pilotar exige preparación, disciplina, coordinación y criterio para decidir. La calma que percibimos desde nuestros asientos convive con un trabajo riguroso que muchas veces permanece fuera de nuestra vista.

La escena adquirió entonces un significado profundo. Personas que habían construido su trayectoria transportando por las carreteras colombianas confiaban su viaje a una mujer al mando de una aeronave. En la misma operación convivían la experiencia de quienes abrieron rutas empresariales y la capacidad de quien asumía la responsabilidad de llevarnos a destino. Para mí, era una imagen poderosa de lo que puede ocurrir cuando el conocimiento acumulado y los nuevos liderazgos encuentran un espacio de confianza.

La aviación también está ampliando esos espacios. Según IATA, entre las organizaciones participantes que reportaron resultados de su iniciativa 25by2025, las mujeres alcanzaron el 31,4 por ciento de los cargos de alta dirección, mientras la representación femenina en cabina de vuelo aumentó 34,8 por ciento desde 2021. Son cifras de un grupo específico, pero muestran un avance significativo: cada vez más mujeres están ejerciendo responsabilidades desde las cuales pueden convertirse, a su vez, en referentes para otras.

Para las juntas directivas y los líderes empresariales, ese cambio plantea una responsabilidad concreta: reconocer capacidades y convertirlas en oportunidades reales. Preparar la continuidad de una organización exige compartir conocimiento, desarrollar criterio y entregar autoridad para decidir. Las nuevas generaciones de hombres y mujeres necesitan comprender el legado que reciben y contar con espacio para fortalecerlo. La experiencia aporta profundidad; las nuevas perspectivas pueden ampliar la visión. Su encuentro tiene valor estratégico.

También tiene un valor humano. Quienes fundaron empresas hicieron algo que quizá nunca estuvo escrito en sus planes: enseñaron a otros que era posible. Su determinación pudo despertar vocaciones, elevar aspiraciones y darle a alguien el valor para asumir una misión propia. No conozco la historia personal de Carolina ni quiénes inspiraron su camino. Sin embargo, su presencia al mando me hizo pensar en esa cadena de ejemplo que atraviesa generaciones y termina llevando a muchas personas a lugares que alguna vez solo imaginaron.

Carolina, quiero felicitarte por la confianza que me transmitiste. Tu labor convirtió un trayecto habitual en una reflexión que me acompañó más allá del vuelo. A toda la tripulación, gracias por el cuidado, la coordinación y el profesionalismo que sostuvieron esa experiencia. En ustedes reconocí una forma de liderazgo que admiro: hacer que otras personas se sientan seguras mientras se asume, con rigor, la responsabilidad de conducirlas.

Y a quienes iniciaron el camino, gracias. Lo que construyeron sigue vivo en sus empresas y también en las aspiraciones que ayudaron a despertar. Hoy hay hombres y mujeres sentados en nuevas sillas de responsabilidad, preparados para continuar, transformar y ampliar esas misiones. Mujeres como Carolina nos recuerdan cuánto puede crecer un legado cuando inspira a otros a liderar. Quizá esa sea una de las huellas más valiosas de una vida empresarial: haber abierto un camino por el que otros pueden llegar más lejos.

Angélica de la Peña Serna, vicepresidente comercial de Tractocar Logistics y autora de Placer Laboral