La orden del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales desató reacciones inmediatas dentro y fuera del país, con advertencias sobre aislamiento diplomático, pérdida de influencia global y efectos directos en programas humanitarios y de cooperación.

Un giro radical en la política exterior: prioridades nacionales ante el multilateralismo
El pasado 7 de enero de 2026, el presidente Donald Trump firmó un memorando presidencial que instruye al Gobierno de Estados Unidos a retirarse de 66 organizaciones internacionales, incluida una combinación de 31 entidades vinculadas a las Naciones Unidas y 35 organismos externos al sistema de la ONU.
Según la Casa Blanca, “ya no sirven a los intereses” nacionales, por lo que la orden, difundida ampliamente por el gobierno y citada en comunicados oficiales, exige que todos los departamentos y agencias ejecutivas cesen la participación y el financiamiento de estas entidades con efecto inmediato.
La administración Trump ha enmarcado esta medida como parte de su estrategia de política exterior basada en el lema America first, priorizando la soberanía nacional, la seguridad económica y la eficiencia del gasto de los contribuyentes estadounidenses.
Según la Casa Blanca, muchas de estas organizaciones promueven agendas ideológicas sobre clima, gobernanza global o diversidad que, en su opinión, son “contrarias” a los intereses de los Estados Unidos y desperdician recursos públicos sin resultados tangibles.
Este paso representa una continuación de la política de desvinculación de Washington de múltiples organismos multilaterales que el gobierno ya había impulsado anteriormente.
Dentro de esta medida está la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la retirada de la Unesco.

Reacciones globales y críticas al repliegue estadounidense
La decisión de Trump ha generado críticas intensas tanto dentro como fuera de Estados Unidos, y ha alimentado un debate profundo sobre el papel que el país debe jugar en la gobernanza global.
A nivel internacional, diplomáticos de países aliados han expresado preocupación por las consecuencias a largo plazo de retirar a la mayor economía del mundo de tantos mecanismos de cooperación.
Expertos en relaciones internacionales señalan que este tipo de salidas podrían debilitar la capacidad de respuesta ante crisis globales que requieren acciones colectivas, como el cambio climático, las pandemias y los conflictos humanitarios, y dar pie a que otros actores, como China o Rusia, amplíen su influencia en foros multilaterales, como se registra en Global Times.
Organizaciones ambientales y de derechos humanos han advertido que la desvinculación de tratados y organismos claves, especialmente los relacionados con el clima (como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), puede socavar esfuerzos globales para frenar el calentamiento global y proteger a poblaciones vulnerables.
La salida de Estados Unidos del tratado climático matriz, que sirve de base a acuerdos internacionales posteriores, es vista como un retroceso en la lucha contra la crisis climática.
Dentro de Estados Unidos, la medida también ha dividido a los líderes políticos.

Algunos legisladores y comentaristas conservadores celebran el esfuerzo por proteger la soberanía nacional y reducir gastos en organismos que consideran ineficientes.
También se advierte sobre el aislamiento diplomático y los riesgos estratégicos que conlleva una retirada masiva del sistema multilateral.
El debate se intensifica en un contexto político ya polarizado, donde se cuestiona cómo equilibrar intereses domésticos y responsabilidades internacionales.










