Al menos 5.000 personas murieron en la represión de las recientes protestas en Irán, incluidos unos 500 miembros del personal de seguridad, en la cifra oficial más alta reconocida hasta ahora por las autoridades.
Un funcionario del régimen habló con Reuters bajo condición de anonimato y culpó a “terroristas y alborotadores armados”.
Afirmó que “Israel y grupos armados extranjeros” habían apoyado a los manifestantes.

Los enfrentamientos más intensos ocurrieron en las zonas kurdas del noroeste, donde separatistas kurdos han estado históricamente activos.
El acceso a internet en Irán volvió a estar fuertemente restringido el lunes, tras un breve restablecimiento parcial que duró apenas unas horas. No obstante, el régimen podría levantar en los próximos días el apagón, según informó un alto cargo del Parlamento.
En una señal de la debilidad del control gubernamental, la televisión estatal fue aparentemente hackeada el domingo por la noche, mostrando brevemente discursos del presidente estadounidense Donald Trump y del hijo exiliado del último sha de Irán llamando al público a la revuelta.
La República Islámica cortó todas las comunicaciones el 8 de enero, en respuesta a la ola de protestas, que comenzaron luego de manifestaciones por el aumento del costo de la vida y que derivaron en el movimiento social más grande desde la revolución de 1979.
Los jefes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del país se comprometieron a su vez el lunes a trabajar “sin descanso” para “resolver los problemas económicos y de subsistencia”, según un comunicado conjunto publicado a través de la televisora del estado.
Por su parte, la policía iraní prometió este lunes clemencia a los manifestantes “engañados” que se sumaron a las protestas antigubernamentales.
El jefe de la policía nacional se comprometió a dar castigos más leves a los manifestantes si se entregan en un plazo de tres días, ya que considera que hay personas que fueron engañadas para que se unieran a las protestas.
“Los jóvenes que se involucraron, involuntariamente, en los disturbios son considerados como individuos que fueron engañados, no soldados enemigos”, y “serán tratados con indulgencia por el sistema de la República Islámica”, declaró Ahmad-Reza Radan a la televisión estatal, añadiendo que tienen “un máximo de tres días” para entregarse.
A su vez, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, advirtió este domingo que cualquier ataque contra el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei, será considerado como una declaración de guerra.

“Un ataque contra el gran líder de nuestro país equivale a una guerra total contra la nación iraní”, apuntó Pezeshkian en un mensaje en la red X, en lo que parece ser una respuesta al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien declaró que llegó el momento de buscar un nuevo líder para Irán.










