SEMANA: ¿Qué fue lo más difícil de dejar Colombia?
Dayana Bermúdez (D. B.): Lo primero, por supuesto, fue alejarme de mi familia. En su momento fue algo muy difícil. Mi papá, mi mamá y mi hermano fueron los pilares en mi vida, y me costó muchísimo dejarlos.
Después vino el tema cultural, las costumbres, la comida, todo lo que tiene que ver con la colombianidad. Dejar eso atrás y empezar a interactuar con nuevas formas de vida fue también muy difícil.
SEMANA: ¿Cómo influyó su experiencia como migrante en su papel en El exilio del mar?
D. B.: La película es muy importante para mí porque representa lo que he vivido como mujer, como mujer negra inmigrante. Sentía que podía aportarle muchísimo al personaje desde mi propia experiencia.
La historia es ficción. Es sobre una chica que llega a una ciudad que puede ser cualquiera, para que cualquier persona que haya emigrado pueda sentirse identificada. Ella migra sin nada, sin un peso en el bolsillo y sin ayuda de familiares, y tiene que empezar desde cero, cosa que no me pasó a mí. Pero en el día a día hay cosas muy parecidas, como lo difícil que es adaptarse a una nueva cultura y a un nuevo lugar.

SEMANA: ¿Cómo fue su proceso migratorio en términos personales y profesionales?
D. B.: Ha sido un camino arduo y difícil, pero también de muchísimo crecimiento personal y profesional. Yo vine con muchos sueños y una intención enorme de formarme como actriz. Había estudiado Comunicación Social y Periodismo en Bogotá —soy de Pereira—, pero siempre había tenido el deseo de actuar y sabía que Argentina era un lugar ideal para eso.
Este año cumplo diez años viviendo acá. Si pongo mi experiencia migratoria en una balanza, ha sido muy positiva. Obviamente hubo tropiezos y el desarraigo fue difícil, pero en términos generales el balance es bueno.

SEMANA: ¿Qué le permite el arte para hablar de identidad y racismo?
D. B.: Cuando uno habla de racismo de manera directa puede generar mucha polémica, porque hay personas que piensan que uno se pone en el lugar de víctima. Pero cuando lo llevas al arte, el mensaje es el mismo y la gente lo digiere mejor. Es una forma más abierta y más empática de contar esas historias.

SEMANA: ¿Considera que su formación artística influye en su manera de hacer periodismo?
D. B.: Tener esa parte artística desarrollada me permite conectar mejor con lo humano detrás de las noticias. No es solamente narrar desde lo formal o leer un titular, sino entender que detrás de cada crisis hay personas, hay seres humanos.
La capacidad de ponerme en los zapatos del otro me la da mi parte artística y sensible. Eso me permite conectar mejor con las historias y con lo que pasa a nivel político, social y económico.
SEMANA: Ahora que es presentadora de DNews, ¿siente que puede mantener su identidad?
D. B.: Sí. He sentido que estoy ahí también por lo que soy y por lo que represento. Como mujer afro represento a una parte muy importante de América Latina.
Muchas veces las crisis y las desigualdades afectan más a los pueblos afrodescendientes y originarios. Que yo esté ahí contando lo que pasa tiene mucho que ver con esa representación y con poder poner en contexto esas realidades.

SEMANA: ¿Qué responsabilidad siente al interpretar la actualidad de millones de personas en la región?
D. B.: Es una responsabilidad enorme. Tengo que estar muy conectada con lo que está pasando en el mundo y actualizarme constantemente, porque las cosas han cambiado mucho.
Estoy en constante aprendizaje y me lo estoy tomando muy en serio. Es muy lindo poder estar frente a la cámara y comunicarme con millones de personas en Latinoamérica.

SEMANA: ¿Qué de Colombia no ha soltado, aun viviendo en otro país?
D. B.: El acento. Mucha gente me dice que parezco recién llegada de Colombia, y eso lo he hecho intencional. En el noticiero o en el teatro puedo neutralizarlo si es necesario, pero en lo cotidiano me aferro a él.
Tengo que seguir hablando como pereirana, como colombiana, así lleve años viviendo acá.
