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Hombre fue condenado a la silla eléctrica en 1936. -Foto: Getty Images. / Autor: 	Peter Dazeley
Hombre fue condenado a la silla eléctrica en 1936. -Foto: Getty Images. / Autor: Peter Dazeley - Foto: Getty Images

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La terrible historia del ‘abuelo caníbal’ que mató a varios niños

El “hombre gris” fue condenado a morir en la silla eléctrica en 1936.

Hamilton Fish, ese era el nombre de quien muchos en Estados Unidos recuerdan bajo el seudónimo de ‘El hombre gris’, un sujeto que encarnó las mayores aberraciones de las que puede llegar a ser capaz el ser humano. Un sujeto masoquista, pederasta y caníbal: así pasó a la historia como uno de los peores asesinos seriales de ese país.

Más de 150 niños engrosaron la lista de víctimas de Fish, quien recibió con el tiempo diferentes otros apodos como el ‘abuelo caníbal’, ‘el vampiro de Brooklyn’ o el ‘hombre lobo de Wysteria’. No fue sino hasta 1936, a la edad de 66 años, cuando fue conducido a la silla eléctrica y, en parte, cesó la impunidad que había marcado por años a decenas de familias.

Primeros años de una “mente macabra”

Fish nació el 19 de mayo de 1870 en Washington D. C. y desde muy pequeño dejó entrever lo que sería una vida de acciones clandestinas llenas de maldad, autocomplacencia y trastornos psiquiátricos.

Tras la muerte de su padre (43 años mayor que su progenitora) Fish terminó en un orfanato que, más allá de responsabilizarse por su cuidado, se convirtió en el centro en el que sacaría lo más oscuro de su ser. En ese lugar habría conocido el significado del dolor por los golpes que le daban sus compañeros de estancia.

Sin embargo, de acuerdo con el relato de quienes han compilado sobre él biografías, Fish empezó en ese lugar a experimentar una cierta sensación de placer que empezó, incluso, a llegar hasta el orgasmo cuando era sometido a torturas. Pese a que se estima que en ese lugar pasó solo cuatro años, le fueron suficientes para que con los años se transformara en el terror de la década de los ochenta.

Hacia 1882, cuando tenía 12 años, se relata que ‘el vampiro de Brooklyn’ empezó a ir constantemente a baños públicos con la finalidad de ver hombres desnudos. Poco después su interés traspasó aún más límites hasta llegar al punto de ingerir orina y heces.

Su psicopatía empezó a aumentar de nivel

En la fase final de su adolescencia, hacia los 20 años, su madre le impulsó para que contrajera matrimonio en un intento por sacarlo de un mundo “vertiginoso” y que, en principio, daba la apariencia de que esa “nueva vida” había dejado enterrados los monstruos del pasado.

Nada más alejado de la realidad, pues ya era catalogado como un violador de jóvenes. De acuerdo con lo admitido por él mismo, su primera víctima se remonta hacia 1910; siete años después, la emprendió contra un menor afroamericano en Maryland.

Ahí no acababan las cosas, para Fish era hasta ahora el comienzo de una serie interminable de hechos sin un tiempo definido para concluir. El abandono de su esposa (aparentemente por otro hombre), en 1917, terminó finalmente de detonar su trastorno.

En medio de su crisis habría empezado a escuchar voces que lo impulsaban a llevar a cabo acciones criminales en nombre del apóstol San Juan.

Grace Budd, el nombre que no se olvida en EE. UU.

El asesinato “a sangre fría” de la niña Grace Budd es recordado como la mayor atrocidad cometida por este hombre. Este crimen fue por el que finalmente terminó juzgado, a pesar de que se le atribuyen decenas de abusos y homicidios.

Un anuncio de búsqueda laboral en un periódico, publicado por el hermano de la menor, se convirtió en la oportunidad que aprovechó Fish para acercarse y ganarse la confianza de la familia Budd. El ‘hombre gris’ ideó todo un plan para raptar a la niña con la excusa de llevarla a una fiesta de cumpleaños.

De la supuesta fiesta jamás regresó y tuvieron que pasar seis años para que la familia de la menor se enterara (mediante una carta escrita por el propio asesino) de que, efectivamente, él había sido el responsable de su secuestro y muerte.

“¡Cómo pataleó, arañó y me mordió! Pero la asfixié hasta matarla. Luego la corté en pequeños pedazos para poder llevar la carne a mi habitación. Me llevó nueve días comerme su cuerpo entero”, decía parte del relato entregado a la mamá de Grace

Como si de una paradoja se tratara, en 1936, ya sentenciado en la silla eléctrica, sostuvo: “No sé aún por qué estoy aquí”, como sus últimas palabras.