Cuando se menciona injerencia extranjera en el mundo actual, es común que los ojos se fijen en Ucrania y la intervención de Rusia para evitar su anexo a la Otan o la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, con la captura del dictador Nicolás Maduro y el inicio de un gobierno interino.
Sin embargo, una nación latinoamericana estuvo durante casi un siglo enfrentando repetidamente a fuerzas extranjeras decididas a imponer su voluntad por la fuerza.
México fue el país que más intentos de invasión por diferentes potencias sufrió en el siglo XIX, recibiendo ataques por parte de Estados Unidos (el único que tuvo beneficios), Francia, Reino Unido y España.

La historia de México como objetivo de las grandes potencias empezó cuando estaba estrenando su independencia. En 1829, España intentó revertir lo inevitable: tropas españolas desembarcaron en Tampico, Tamaulipas, en lo que pasó a la historia como la Expedición de Barradas.
El objetivo era claro: recuperar el control de la corona. No funcionó. La operación terminó en derrota y quedó registrada como uno de los últimos intentos militares serios de España por volver a mandar en México.

Entre 1838 y 1839, Francia impuso un bloqueo naval y atacó posiciones estratégicas en Veracruz, incluida la fortaleza de San Juan de Ulúa. El episodio, conocido como la Guerra de los Pasteles, combinó reclamos económicos con presión militar y se cerró con un acuerdo de paz en marzo de 1839.
Sin embargo, para 1861, España, Francia y el Reino Unido acordaron intervenir para presionar por el pago de deudas y desembarcaron en Veracruz. Francia fue más allá: transformó la operación en un proyecto de cambio de régimen e instaló a Maximiliano de Habsburgo como emperador.
España y el Reino Unido se retiraron, mientras Francia se quedó hasta que la resistencia mexicana y el contexto internacional hicieron colapsar el imperio. En ese periodo incluso hubo voluntarios europeos de Austria y Bélgica combatiendo del lado imperial.
Pero ninguna de estas avanzadas fue tan grave como el golpe que llegó tras la guerra contra Estados Unidos. El conflicto que enfrentaron ambos países norteamericanos de 1846 a 1848 culminó con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que obligó a México a ceder cerca del 55 % de su territorio.

En plena Revolución Mexicana, el puerto de Veracruz volvió a convertirse en punto de presión. Entre abril y noviembre de 1914, fuerzas estadounidenses ocuparon la ciudad, elevando la tensión bilateral y dejando un fuerte impacto político dentro del país.

La escalada no terminó ahí. Tras un ataque de fuerzas villistas en territorio estadounidense, Washington lanzó la llamada Expedición Punitiva. En 1916, tropas ingresaron a México para perseguir a Pancho Villa, principalmente en Chihuahua. La operación se extendió hasta febrero de 1917 y dejó una marca profunda en la relación entre ambos países.










