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| 10/11/2017 7:06:00 PM

Cuando una escritora defiende a capa y espada la voz de un niño

La novela infantil '24 señales para descubrir un alien' (Tragaluz Editores, 2017), de Juliana Muñoz Toro, fue seleccionada por la Biblioteca Juvenil Internacional de Múnich como una de las mejores del género este año.

Defender la voz de un niño a capa y espada Cuando una escritora defiende a capa y espada la voz de un niño Foto: Cortesía

Crear un editorial es una tarea kamikaze desde el inicio. Es ir contra los pronósticos, los profetas apocalípticos, la tecnología. Hacer libros en épocas de pantallas que remplazan todo, donde se anuncia la muerte de lo publicado en papel, es más que una declaración de principios: es una declaración de fe. Hacer una editorial, formarla, tener un catálogo robusto, coherente, aplaudido y continuar es, entonces, el exceso. Tragaluz Editores puede ser todas esas cosas antes mencionadas. Hacen libros, hacen concursos, descubren nuevos autores. Juliana Muñoz Toro fue la ganadora el año pasado del premio de escritura que organizó la editorial con la novela juvenil 24 señales para descubrir a un alien, que ya fue publicada y que ahora hace parte del catálogo White Ravens 2017, construido por los especialistas de la Biblioteca Juvenil Internacional de Múnich, que selecciona los mejores libros para niños y jóvenes publicados en el último año en el mundo. Entrevistamos a Juliana Muñoz.  

SEMANA: ¿Cómo la tomó la noticia de la selección en el White Ravens?

Juliana Muñoz: Lo primero que sentí fue una agradecimiento total con Tragaluz, por una edición tan cuidada y tan bonita del libro, y con el gran trabajo de ilustración que hizo Elizabeth Builes. Y que le pase esto a una editorial independiente me parece buenísimo. Y sin decir que las grandes no lo hagan, sí me parece que el corazón de una editorial como esta es que los libros salgan como libro objeto, libros bellos, cuidados y de mucha calidad.

SEMANA: Ganar premios y reconocimiento es bueno en primer momento pero suele meter en aprietos creativos a los escritores…

J.M.: Digamos que lo positivo es que abren puertas: hay más gente que lee, más editoriales que te prestan atención, más personas que se dan cuenta de que existe Tragaluz. Eso es una súper ganancia. Y por supuesto lo que estoy escribiendo ahora cae bajo una presión intensa. Lo que trato de hacer es recorrer ese camino que funcionó con 24 señales, apostarle a esa voz para niños y para adultos.

SEMANA: ¿Y qué fue lo que funcionó?

J.M.: Este es un libro que está escrito para ser leído por todo el mundo, aunque aparezca que es para niños o adolescentes. Pienso que lo que funcionó fue el tema y su abordaje: una familia muy cotidiana y unas problemáticas que suelen ser comunes y terribles de maltrato, lo que pudo terminar en un libro muy oscuro, por esa falta de comunicación del niño con sus padres, por cierto maltrato. Es un tema difícil y darle la vuelta y mirarlo con humor, con estas gafas de fantasía, fue difícil lograrlo pero fue el acierto. Eso es algo que ahora tengo muy presente y que tengo que se seguir haciéndolo en otros libros.

SEMANA: ¿Cómo descubrió esa voz, esa mirada?

J.M.: Eso fue descubierto paso a paso. Primero tenía al personaje del padre y quería explorar esa relación. Ahí me encontré con un problema, porque era un personaje real y no encontraba una manera de darle la vuelta literaria, entonces empecé a echarle mucha cabeza y fue algo que me tomó un tiempo y me di cuenta que podía hacer más ambiguo el personaje. Que no fuera enteramente malo sino que tuviera sus gestos de bondad, hacerlo más complejo, más real. Luego se me ocurrió este juego de mirar como si se convirtiera en un alien en la mirada del niño. Yo creo que a veces los niños no entienden del todo por qué el papá puede ser malo, maltratador, entonces el personaje del niño, Benjamín, dice ‘no creo que mi papá sea así’ y empieza esa búsqueda de ver en qué se ha convertido. Así, cada capítulo en el libro es una señal de que ese padre ya no es humano sino un alien.

SEMANA: Muchos escritores han explorado la relación con el padre: Kafka, Roth, Abad Faciolince, Ove Knausgard, ¿es esta una carta al padre de su parte?

J.M.: Fue una manera de descubrir mi entorno cercano. Muchos escritores empezamos una historia por algo que estamos viviendo. Puede ser sólo una cosa pequeña y de ahí uno empieza a agarrar una ficción. Sí tiene que ver con mi propia duda, incluso de mujer adulta, con la figura del padre. Primero hice un ejercicio de carta al padre, como que yo tenía una serie de ideas, de dudas, de reclamos, de imágenes y dije voy a hacer una carta al padre a los Kafka. No pensé que fuera a publicarlo, fue como un ejercicio literario y personal y después pensé: ‘quisiera llevarlo más lejos y hacerlo universal’. Empecé a llenarlo de otros referentes, a ver películas, a leer otros libros y de ahí fue saliendo la voz de Benjamín.

SEMANA: Acaba de publicar Mi hermana Juana y las ballenas del fin del mundo, ¿de qué trata la novela?

J.M.: Sí, esa es la novela que acabo de sacar con Planeta en la colección de Planeta Lector. Es la historia de un par de hermanos, un niño y una niña que van a conocer las ballenas en el Pacífico colombiano; la niña siempre hace muchas preguntas y siempre quiere hacer lo mismo que el hermano y el hermano quiere ser grande y le fastidia su hermana. Ahí exploro la relación entre hermanos, cuando uno ya es un poco mayor y se molesta por la presencia del otro. También está el tema local, hablo mucho de La Barra, de Bahía Málaga, de las personas que viven ahí, de la música. Es un viaje épico para conocer las ballenas y las ballenas nada que aparecen y mientras aparecen ellos van poniendo a prueba su relación.

SEMANA: Los dos libros son en primera persona, la voz de un niño, ¿qué tan difícil es eso?

J.M.: Fue un reto muy grande y fue lo que más trabajé en ambos libros. Con el libro 24 señales yo quería hacer un personaje distinto a mí, por eso quise que fuera un niño hombre, y pensé en contar la historia con el humor de los niños, pensando en la fantasía y en las preguntas que ellos se hacen. Este libro lo trabajé mucho durante la maestría en Escritura creativa que hice en Nueva York; era difícil porque  me leían los compañeros y me decían que parecía la voz de una adulta que quería ser un niño. Y hubo un momento muy importante en el que me di cuenta de que no existía tal cosa que fuera la voz de un niño. Yo estaba buscando la voz de ese niño. Necesitaba que sonara como Benjamín, había que construirlo y sostenerlo y eso era lo importante. Construí un niño solitario e introspectivo y sensible, sin caer en prejuicios. Luego defendí eso a capa y espada y siento que es una de las cosas mejor logradas del libro.

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