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| 12/11/1980 12:00:00 AM

Entierro de pobre

La gran cantidad de muertos de bajos recursos en Cúcuta llevó a las autoridades municipales a crear la primera funeraria para pobres del país.

Entierro de pobre Durante años familiares, vecinos y amigos en cerca de 80 barrios de Cúcuta tuvieron que pedir limosna para conseguir el dinero necesario para sepultar a sus muertos.
Un hombre de unos 50 años de edad recorre las estrechas calles del barrio Simón Bolívar en la ciudad de Cúcuta. En la mano izquierda lleva una pequeña caja con un orificio para monedas y en la derecha, un maltrecho megáfono por el cual grita un lamento: "Hoy por mí mañana por ti. Colaboren para sepultar a la vecina que vive en el rancho de abajo". A pesar de ser uno de los barrios más pobres de la capital de Norte de Santander, algunas amas de casa, transeúntes y vecinos del lugar atienden el sobrecogedor llamado y escarban entre sus bolsillos en busca de 100, 200 ó 500 pesos con la esperanza de que el hombre del megáfono pueda recolectar los 300.000 pesos que la funeraria más económica de la ciudad cobra por darle un entierro digno a la vecina que murió cuando recibió una bala perdida. Sólo dos días más tarde, y después de recorrer los barrios aledaños y el centro de la ciudad, el hombre del megáfono y la familia de la difunta lograron conseguir el dinero del entierro, la mitad gracias a un préstamo con usureros.

Esta escena no era exclusiva del barrio Simón Bolívar. Barrios cucuteños de estrato uno y dos, como Caño Limón, Camilo Daza y Antonia Santos, son tan sólo algunos de los 80 en donde las juntas de acción comunal, los vecinos y los familiares de los muertos debían pedir limosna para obtener el dinero que les costaba sepultar a sus muertos. Según las estadísticas del Centro de Investigaciones Criminológicas de la Dijin, durante 2003 Cúcuta llegó a ser la tercera ciudad del país con el mayor índice de muertes violentas. Mensualmente eran asesinadas en esa ciudad un promedio de 100 personas. La mayoría de las víctimas pertenecía a los estratos más bajos.

Esa situación, sumada a que la tarifa del servicio funerario más económica costaba 300.000 pesos, llenó las calles de la ciudad de decenas de personas que mendigan una moneda para poder enterrar a sus muertos.

Frente a este dramático panorama, la actual administración municipal decidió tomar cartas en el asunto y creó en febrero la que es conocida popularmente como la "funeraria de los pobres". "La idea comenzó porque era necesario darles un mínimo de dignidad a las víctimas y a sus familias", afirma Samuel Paredes, director de la funeraria municipal. Desde entonces por la suma más razonable de 40.000 pesos, las familias se acercan hasta la Alcaldía y tras pagar el dinero, tres funcionarios se encargan de recoger el cuerpo en la morgue, prepararlo y suministrar el ataúd, fabricado en un rincón de la Secretaría de Obras con una madera rústica.

Un viejo campero amarillo con letras negras, que hasta hace poco tiempo -cuando Cúcuta era pacífica- servía para transportar teatreros, poetas y hasta una biblioteca móvil, ahora hace las veces de carroza fúnebre. Si la familia desea velar el cuerpo en la sala de la casa, algo muy usual, la funeraria se encarga de prestarle las bases metálicas para sostener el féretro y un Cristo. Los 40.000 pesos incluyen hasta el cemento con el que se sellan las bóvedas en el Cementerio Central.

Si bien en algunos municipios del país algunas alcaldías ofrecen un pequeño subsidio funerario a las familias, el esquema con el que funciona la funeraria municipal de Cúcuta no tiene antecedentes. Y tristemente ha tenido gran acogida. En los primeros tres meses, desde que se abrió, 63 familias acudieron a sus servicios. Frente a una potencial pérdida de clientes, las funerarias privadas de la ciudad decidieron competir por el lúgubre mercado y algunas ofrecen promociones. Una ofrece por ejemplo un entierro digno a quien desee asegurarse pagando por adelantado 56.000 pesos divididos en una cuota inicial de 20.000 pesos y 12 cuotas de 3.000 pesos semanales. El truco es que la letra pequeña del contrato dice que si la persona no ha fallecido una vez termine de pagar todas las cuotas, deberá continuar pagando 3.000 pesos semanales hasta el momento en que muera. Así que la oferta sólo sirve para quienes tienen un alto grado de certeza de que pueden morir próximamente.

Para los demás habitantes de los barrios populares de Cúcuta queda la funeraria de los pobres. Es el paño de agua tibia que les da un gobierno que no pudo evitar, para empezar, que los mataran.

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