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| 1/7/2018 1:00:00 AM

La confesión del monstruo de la soga

Luis Gregorio Ramírez, señalado de ser uno de los mayores asesinos seriales del mundo con cerca de 60 víctimas, habló en exclusiva con SEMANA. Con gran cinismo, atribuyó sus crímenes a una organización.

La confesión del monstruo de la soga La confesión del monstruo de la soga

El nombre de Luis Gregorio Ramírez tiene un capítulo aparte en el mundo del crimen. Este hombre está señalado de torturar y matar brutalmente a cerca de 60 personas en un lapso de 5 años. Semejante número de víctimas lo ubican como uno de los 10 mayores asesinos seriales de la historia reciente.

Lo más aterrador de su caso, fue la forma en que les quitó la vida a sus víctimas. Solo elegía hombres con edades entre los 19 y 30 años. Ninguno medía más de 1,70 metros de estatura ni pesaba más de 60 kilos, con el fin de poder someterlos fácilmente. Todos eran mototaxistas. Con cualquier disculpa, les pedía que lo llevaran hasta un lugar determinado en las afueras de los pueblos. Aprovechando que iba en la parte trasera del vehículo y después de conversar todo el camino con el conductor, de un momento a otro lo sujetaba por la garganta y lo asfixiaba hasta hacerle perder el conocimiento. Pero siempre evitaba asesinarlo en ese momento.

Posteriormente, arrastraba a su víctima desmayada hacia la zona escogida, en la que siempre había árboles apropiados para sus macabros fines. Cuando recobraban el conocimiento, los hombres se descubrían atados con una serie de complejos nudos. Una soga alrededor del cuello iba hasta los tobillos, lo cual obligaba a que las piernas quedaran elevadas en un ángulo de 45 grados. Para no ahorcarse, la víctima debía realizar un gran esfuerzo para evitar bajar las piernas, ya que al hacerlo tensionaba la cuerda alrededor del cuello. Con el paso de las horas ya no podían resistir, dejaban caer las piernas y morían lentamente por asfixia.

Puede leer: El monstruo de la soga

A comienzo de octubre de 2016 un juez de Valledupar lo condenó a 30 años de prisión. Esto solo por 6 de los asesinatos. Aún están en audiencias los demás casos. Ramírez fue capturado en diciembre de 2012 por la policía. Oficiales del grupo de perfilamiento criminal de la Dijín, apoyados por expertos en asesinos en serie del FBI y agencias del Reino Unido, lograron hacer una completa investigación que permitió encontrar los cuerpos de 23 víctimas; aún faltan otros 37 mototaxistas que figuran en las listas de desaparecidos, pero que las autoridades aseguran también fueron víctimas de Ramírez.

El asesino está detenido en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar. Allí SEMANA lo entrevistó en exclusiva. Lo primero que llama la atención es que nunca muestra señales de arrepentimiento y cuenta su historia esbozando una leve sonrisa todo el tiempo.

“No hay ningún tipo de evidencia que demuestre que perteneció a grupos al margen de la ley. Tampoco que los asesinatos hayan sido cometidos por una organización o por un grupo. La investigación no deja duda que actuó solo y ya están aclarados 23 de esos crímenes, varios de los cuales él mismo aceptó ante los jueces. Tras su arresto ese tipo de asesinatos no se volvieron a presentar en el país”, afirmó a SEMANA el director de la Dijín, general Jorge Vargas.

SEMANA: ¿Dónde nació y cómo fue su infancia?

Luis Gregorio Ramírez: Nací en el pueblo de La Mina cerca de Valledupar. Gracias a Dios mis padres están vivos, soy padre de tres niños. Mi infancia fue buena. Estudié hasta 9 grado;, luego entraron los grupos paramilitares a la zona y me tocó salir. Luego me fui para el Ejército y presté el servicio y no pude seguir y me metí a las autodefensas.

SEMANA: ¿Cuándo supuestamente ingresó a las autodefensas?

L.G.R.: Antes de irme para el Ejército Nacional yo ya había estado en las autodefensas. Después al Ejército y de ahí otra vez a las autodefensas y ahorita últimamente a las bandas criminales.

SEMANA: ¿En qué unidad del Ejército supuestamente estuvo?

L.G.R.: Estuve en la V Brigada en Bucaramanga, hice un curso de radioperador. A raíz de eso fue cuando empecé a conocer en diferentes partes, como el sur de Bolívar, San Pablo, San Blas, Simití, Monterrey, Santa Rosa. Todo eso me tocó patrullar estando en el Ejercito y ahí fue cuando empecé a conocer también comandantes como Julián Bolívar, comandantes que estuvieron en ese tiempo, comandantes del bloque Central Bolívar -BCB-. En el Ejército estuve prácticamente dos años.

SEMANA: ¿Cuándo se desmovilizó?

L.G.R.: Nunca me desmovilicé porque yo tuve muchos amigos en el Ejército, en el Estado, de la Fiscalía, policías y me decían que no me desmovilizara porque en cualquier parte del país donde fuera a estar, yo metía mi cédula y siempre iba a estar como desmovilizado. Entonces yo tomé ese consejo y nunca me desmovilicé.

SEMANA: ¿Cuándo comenzó esta racha de asesinatos por los que está condenado?

L.G.R.: Desde 2007 yo comencé a cometer los homicidios, por los cuales estoy privado de la libertad. La Fiscalía y la prensa se enfocaron en el sentido de que eran para robarles las motos a las personas, que yo era el psicópata, un asesino en serie, o sea de lo peor. Pero las cosas no fueron así. Hay una organización, un grupo que todavía opera, pero ya no en la misma forma porque cuando alguien cae por algo, la modalidad del delito, de los hechos, tiene que cambiar porque no puede seguir haciendo lo mismo.

SEMANA: ¿Está diciendo que no era usted solo sino un grupo? Pero los asesinatos tienen un patrón específico, una especie de ‘firma’, que de acuerdo con la investigación señala que el asesino fue uno solo: usted.

L.G.R.: Para cometer esos homicidios, en el 2006 para el mes de agosto, nos llevaron a Caucasia. Ya hacíamos parte del bloque de los Mellizos, de los Nevados. Éramos como 20 o 30 más o menos. Ahí recibimos entrenamiento de cómo tenían que ser los homicidios. Tenían que parecer iguales dondequiera que se hicieran porque anteriormente era con mero disparo. Entonces nosotros recibimos esa instrucción de un tipo de allá de Córdoba de cómo teníamos que hacer los lazos, cómo era el procedimiento que teníamos que hacer para que la persona no se le fuera a usted en caso de que forcejeara. Porque después que usted lo amarrara esa persona no se le podía ir por nada.

SEMANA: Entre 2007 y 2012 fueron asesinados 30 mototaxistas y otro número igual están desaparecidos. ¿Por qué sus víctimas eran mototaxistas?

L.G.R.: Quiero aclarar algo. Los homicidios eran porque ellos (los mototaxistas) salían, robaban a las universitarias, a las cooperativas de transporte. Valledupar, Barrancabermeja Aguachica, Puerto Wilches eran sitios con transporte urbano, pero la motopiratería estaba dañando el negocio. Entonces ellos pagaban.

SEMANA: Si usted supuestamente sólo ejecutaba las órdenes para cometer los asesinatos, ¿por qué se llevaba para su casa las motos, los cascos, documentos, billeteras de las víctimas? Eso es algo muy típico de los asesinos seriales.

L.G.R.: Quiero aclarar algo. Mire, en mi casa únicamente encontraron unos documentos de unas víctimas. Los tenía porque yo tenía que llevar un soporte de que las cosas sí se hacían, o sea demostrar que los homicidios sí se hacían como se habían ordenado.

SEMANA: ¿Tiene claro las fechas, los sitios y las víctimas?

L.G.R.: Sí claro. Yo les voy diciendo a los investigadores de la Fiscalía y ellos me van mostrando. Yo les digo: “Si, este por esto y por esto, este acá, este allá…”, y ellos van relacionando…

SEMANA: ¿Cómo asesinó a sus víctimas?

L.G.R.: Es un método que aprendimos por un entrenamiento que nos hicieron. Duramos como 15 días en ese entrenamiento en Urabá. Si lo hacías mal, tenías que desarmar y empezar de nuevo. Eran rutinas, mañana y tarde, hasta que aprendíamos el método de cómo deberían hacerse las cosas. Son tres nudos muy difíciles. La persona que no tiene conocimiento de un lazo nunca da para hacerlo. Primero, el lazo del cuello, se activa cuando se activa el de las manos. Es decir, apenas usted estira las piernas, se activa el lazo de las muñecas y a su vez ese activa el del cuello, que es el más fuerte. Apenas la persona hace un movimiento, se le corta la respiración inmediatamente.

SEMANA: ¿Usted se quedaba mirando mientras sus víctimas se asfixiaban?

L.G.R.: Con el hecho de tenerlo amarrado ahí, usted sabía que no se iban a mover. Uno sabía que lo dejaba ahí, y ahí quedaba. Yo les decía a los muchachos: arranquemos porque estamos lejos o tenemos que ir para otro lado.

SEMANA: ¿Dónde cometió la mayor cantidad de asesinatos?

L.G.R.: Medellín, Bucaramanga, Barran-cabermeja, Montería, Santa Marta, Valledupar. A donde me mandaran, yo iba.

SEMANA: ¿Y en todas esas ciudades hay homicidios con el método de la soga?

L.G.R.: En unos sí, en otros operamos y nos decían que habláramos con la gente, jalen las orejas. Había sitios donde la orden era no calentar la zona. En ese tiempo había mucho movimiento de narcotráfico, en ese tiempo al jefe lo extraditaron.

SEMANA: ¿Y quién era el jefe?

L.G.R.: Miguel Mejía Múnera.

SEMANA: ¿O sea que según usted la organización de los Mellizos sigue activa desde una cárcel en Estados Unidos en donde está detenido Mejía?

L.G.R.: Sí, de pronto él no puede dar órdenes desde allá, pero él tiene a alguien que lo visita y manda las razones.

SEMANA: En las audiencias de los juicios en donde lo han condenado siempre mantuvo una sonrisa burlona hacía las familias de las víctimas, no mostró arrepentimiento por lo que hizo…

L.G.R.: No recuerdo en qué audiencia me estaban haciendo unas preguntas y la fiscal me miraba y reprochaba diciendo que yo era lo peor. Yo bajaba la cabeza y hacía un gesto de negación y me reía de las mentiras que decía la fiscal. No era por ofender a las víctimas o porque como dicen que ese es un matón y no le importa la gente. A lo contrario, en cada audiencia bajo la cabeza porque sé que los medios, más que todos los regionales, me catalogan de lo peor. Por eso nunca le había dado una entrevista a nadie, porque los medios locales siempre tratan de divulgar y la gente cree todo lo que dicen los medios. Lo que sostengo es: ¿por qué no me preguntan a mí? Al nuevo fiscal le he dicho las cosas y él confía en mí.

SEMANA: ¿Qué les diría a las familias de sus víctimas?

L.G.R.: A las víctimas que me perdonen. Sé que no basta pedir perdón, eso no tapa el vacío ni el daño que les hice. Pero estoy reconociendo el error que cometí, les pido perdón de corazón. (Video en Semana.com).

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