En Barranquilla, una ciudad marcada históricamente por su actividad comercial y portuaria, comienza a consolidarse un cambio estructural en cómo gestiona sus residuos.

Residuos de mercados ahora generan energía y fertilizantes en la ciudad
La puesta en marcha de una moderna planta en el Gran Bazar la convierte en pionera en el país al transformar frutas en mal estado, como aguacates, tomates y mangos, en fertilizantes orgánicos y energía limpia, bajo un modelo alineado con los principios de la economía circular.
La iniciativa, liderada por la Alcaldía de Barranquilla, representa un avance concreto frente a uno de los mayores retos ambientales de las ciudades: la acumulación de residuos orgánicos en espacios de alta actividad como los mercados públicos.
Según datos oficiales del Gobierno distrital, esta planta tiene la capacidad de procesar hasta tres toneladas diarias de desechos.
Con esto se reduce significativamente la cantidad de basura que termina en rellenos sanitarios.
Con las toneladas de basura que antes eran un problema contaminante, hoy Barranquilla produce energía limpia.
— Alejandro Char (@AlejandroChar) February 20, 2025
Estamos marcando un hito en la generación de energía renovable con la puesta en marcha de la planta de biogás más grande de Colombia, aprovechando el biometano de los… pic.twitter.com/kgU4BKzOpv
Innovación ambiental convierte basura en oportunidad económica
El alcalde Alejandro Char subrayó que el proyecto no solo responde a una necesidad ambiental, sino que redefine el valor de los residuos dentro de la economía urbana.
En línea con este enfoque, la gerente de Ciudad, Ana María Aljure, ha destacado que la articulación con recicladores y comerciantes permite mejorar las condiciones sanitarias del mercado.
De igual forma, se aumentó el aprovechamiento de materiales.
Desde el punto de vista técnico, la planta integra procesos avanzados de bioconversión y digestión anaerobia.
Estas tecnologías están ampliamente respaldadas por organismos como el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dentro de las estrategias nacionales de gestión integral de residuos sólidos.
A través de biorreactores, los desechos orgánicos se transforman en biogás, capaz de generar energía equivalente al consumo de entre 200 y 250 hogares.
También incluye insumos agrícolas como biol y compost, que mejoran la fertilidad del suelo.
Uno de los elementos más innovadores del proyecto es la incorporación de la mosca soldado negra, una especie utilizada en procesos de biotransformación que permite reducir hasta en un 70 % el volumen de los residuos orgánicos.
Esta solución, promovida en distintos países como alternativa sostenible, fortalece el enfoque de aprovechamiento total de los desechos.
La estrategia también tiene un componente social clave. La administración distrital articuló este modelo con programas de formalización y fortalecimiento de recicladores, en el marco de la política “Barranquilla Limpia y Linda”.
“Gracias al trabajo conjunto con los recicladores, hoy tenemos menos basura y más aprovechamiento de residuos en el Gran Bazar, contribuyendo a una Barranquilla más limpia”, explicó Ana María Aljure, gerente de Ciudad.
De acuerdo con cifras oficiales, más de 4.500 recicladores y 30 asociaciones participan en esta cadena de valor.
Lo anterior evidencia un esfuerzo por integrar a actores históricamente excluidos en la transición hacia una economía circular.
Este proyecto se enmarca además en los lineamientos de política pública que priorizan la reducción, reutilización y aprovechamiento de residuos antes de su disposición final, en concordancia con estándares internacionales y directrices nacionales.
Para expertos en sostenibilidad urbana, iniciativas como esta no solo reducen el impacto ambiental, sino que abren oportunidades económicas y energéticas en contextos urbanos densamente poblados.
La administración local estudia la instalación de nuevas plantas en otros sectores de la ciudad, lo que podría escalar este modelo hacia un sistema más amplio de gestión de residuos orgánicos.
De consolidarse, Barranquilla avanzaría hacia un modelo cercano al concepto de “cero basuras”, donde los desechos dejan de ser un problema para convertirse en recursos estratégicos.
