La Unión Europea (UE) propuso una alternativa a los aranceles antidumping adoptados en 2024 a los vehículos eléctricos producidos en China, si los fabricantes aceptaran un sistema de precios mínimos.


Según un documento publicado por la Comisión Europea, esos precios mínimos de importación deberán fijarse “en un nivel adecuado para corregir los efectos de los subsidios” de los que se benefician, según la UE, los fabricantes chinos de vehículos eléctricos y baterías.
Esta medida alternativa pretende eliminar las distorsiones de la competencia de las que la UE acusa a China y restablecer un terreno de juego equitativo para los fabricantes europeos.
El documento publicado el lunes “pretende dar indicaciones a los exportadores chinos que considerarían presentar precios mínimos de importación”, dijo a los periodistas el portavoz comercial de la UE, Olof Gill.
De acuerdo con el vocero, la idea ya ha sido objeto de debates durante un año con China, y un primer fabricante solicitó a fines de 2025 beneficiarse del mecanismo alternativo.
Si se presentan más solicitudes, “estaremos encantados de considerarlas (...) Pero no nos dejemos llevar demasiado, en este momento sólo es una indicación”, dijo el portavoz.
La Cámara China de Comercio en la UE celebró el anuncio este lunes, calificándolo como un “resultado positivo logrado mediante el diálogo y las consultas entre China y la Unión Europea”.
Para la entidad, esto permitirá “una resolución fluida” de la disputa sobre los vehículos eléctricos.


¿Qué ha pasado con la prohibición de la venta de carros a combustión en el a UE?
La Unión Europea flexibilizó la prohibición de vender coches nuevos de gasolina o diésel a partir de 2035, en un intento de apoyar a los fabricantes europeos en dificultades.
Tras esa fecha los fabricantes podrán seguir vendiendo un número limitado de vehículos nuevos con motores térmicos o híbridos, siempre que cumplan una serie de condiciones, como compensar las emisiones de CO2, precisó la Comisión Europea.
Según el comisario Stéphane Séjourné, la UE no renuncia a sus ambiciones climáticas sino que adopta un enfoque “pragmático” ante las dificultades que atraviesa la industria automovilística.
“El objetivo sigue siendo el mismo, la flexibilidad es una realidad pragmática que tiene en cuenta la aceptación de los consumidores y la dificultad de los fabricantes para ofrecer en el mercado vehículos 100 % eléctricos para 2035”, afirmó en una entrevista con AFP.
La prohibición era una medida emblemática del llamado Pacto Verde Europeo y fue adoptada durante el primer mandato de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea, en el marco del compromiso de alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono en 2050.
Sin embargo, ante la competencia de China y las tensiones comerciales con Estados Unidos, la UE ha aplazado o recortado en los últimos meses varias medidas medioambientales, en un giro a favor de las empresas.
En lugar de la prohibición inicial, los fabricantes deberán reducir a partir de 2035 un 90 % las emisiones de CO2 de sus ventas respecto a los niveles de 2021 y compensar el 10 % restante. Bruselas asegura así que el sector estará completamente descarbonizado en esa fecha.
Los fabricantes europeos llevaban meses reclamando “flexibilidad” en un contexto de caída de sus ventas, mientras que sus rivales chinos, entre ellos BYD, disparan sus cuotas de mercado con modelos eléctricos a precios competitivos.
Tras el anuncio, Friedrich Merz, el jefe del Gobierno alemán, el país europeo con la mayor industria automotriz, afirmó que la medida va “por el buen camino”.


Por el contrario Francia lamentó la medida y dijo que hará “todo lo posible” por revertirla , dijo a la AFP la ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut.
Por su parte Greenpeace criticó el “cambio de rumbo” europeo. “Esta política industrial regresiva es una mala noticia para el empleo, la calidad del aire y el clima, y ralentizaría la oferta de coches eléctricos asequibles”, declaró Martin Kaiser, director ejecutivo de Greenpeace Alemania.










