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Cándida o candidiasis: ¿qué es y por qué se puede dar?

Si bien este hongo se encuentra en varias partes del cuerpo, normalmente no provoca ninguna enfermedad grave.


La cándida es un tipo de hongo que vive en la piel, la boca, el tubo digestivo y la región genital. Si bien es normal que una persona tenga un poco de cándida en el cuerpo, si se reproduce excesivamente en la piel u otras regiones puede causar una infección, indica la biblioteca médica MedlinePlus.

Los casos más habituales de candidiasis son los producidos por el hongo conocido como candida albicans, especie que vive en la cavidad oral, en el tracto gastrointestinal, la piel y la vagina. Hay varios tipos de candidiasis y, aunque la más conocida es la candidiasis vaginal, los hombres también pueden sufrirla, así como los niños y niñas, precisa un artículo publicado en el diario La Vanguardia, de España.

El portal Cinfasalud asegura que si bien este hongo se encuentra en varias partes del cuerpo, normalmente, no provoca ninguna enfermedad grave. El crecimiento excesivo y repentino del mismo genera un desequilibro en los demás microorganismos, especialmente en la flora vaginal, lo que causa una infección.

De acuerdo con los expertos, hay múltiples factores que predisponen a sufrir una infección por cándida. De forma habitual el sistema inmunológico mantiene la población de hongos, bacterias y levaduras bajo control pero hay algunas condiciones que hacen que el organismo se vuelva más sensible al agente infeccioso.

Candidiasis cutánea
La candidiasis puede afectar la piel generando picazón y dolor. - Foto: Getty Images/iStockphoto

Algunas de ellas son: ser recién nacido, mujeres en el periodo premenstrual, embarazadas, pacientes de síndrome de Down, padecer diabetes, sobrepeso y obesidad, ingesta excesiva de hidratos de carbono, alcoholismo, consumo de antibióticos, tener una enfermedad autoinmune, trasplantes, quimioterapia; estar expuesto a humedad excesiva y prolongada y utilizar ropa interior de materiales sintéticos.

Los síntomas más comunes cuando se presenta este padecimiento se reflejan en enrojecimiento, secreción blanquecina espesa que se acumula, sensación de quemazón o picor e inflamación y dolor.

¿Qué tipos de candidiasis hay?

Según información de la compañía de salud Sanitas, existen distintos tipos de candidiasis, en función de la zona del organismo en que se produzca la infección.

Por ejemplo, se puede producir en la piel y suele surgir en las ingles, las axilas y en la parte inferior de las mamas, así como en los pliegues del abdomen en personas obesas.

También se puede presentar en las uñas y esto hace que se inflame la zona de inserción de la uña, causando dolor e hinchazón, pudiendo llegar a producirse supuración al presionar, así como la deformación de la uña.

En la boca puede manifestarse de diferentes formas. La más frecuente es la que genera la inflamación de las comisuras de la boca, que se fisuran y en las que aparecen pequeñas vesículas que se rompen. En los niños y personas con problemas inmunológicos pueden formarse placas blanquecinas que pueden llegar a sangrar cuando se quitan.

Candidiasis
El hogo cándida puede desarrollarse tanto en hombres como mujeres. - Foto: Getty Images/iStockphoto

No obstante, la candidiasis también pueden presentarse, según Sanitas, en zonas como el esófago y el ano. En el primer caso la infección ocasiona sensación de ardor y dolor torácico. En el ano produce picor e irritación y puede extenderse a la piel del área circundante.

De igual forma, puede llegar al aparato respiratorio y afecta fundamentalmente a la laringe por extensión de una infección iniciada en la boca y puede llegar hasta los bronquios y en la mujer se puede presentar también en la vagina y en el hombre en el prepucio. Picor, escozor e irritación son los síntomas característicos.

Tratamiento

Los expertos indican que el tratamiento de la candidiasis requiere el uso de medicamentos antifúngicos, ya sea por vía oral o tópica (cremas, geles y óvulos vaginales). El problema se complica cuando esta infección se hace persistente como consecuencia de la existencia de una enfermedad subyacente como diabetes, cáncer, u otras que debiliten el sistema inmunológico o un tratamiento antibiótico previo o simultáneo. En tales casos es posible que se requiera de antifúngicos más potentes.